Cómo criar un hijo no machista

Martes 01 de Agosto de 2017

Los especialistas indican que es clave no reproducir los clichés de la nena hacendosa y el varón temperamental. Vale tanto para la conducta en la mesa como para los regalos.

Niñas soñadoras y juiciosas, con la sonrisa dócil, siempre predispuestas a ayudar a poner la mesa. Machitos temperamentales y audaces, entusiastas de todo juego que implique competencia y vigor físico. El estereotipo tiene verosimilitud en una sociedad donde arrecia la más radical expresión de violencia machista: el femicidio. La tan mentada equidad de género está lejos de materializarse, incluso antes del nacimiento, el anuncio de “nena” o “varón” dispara decenas de expectativas preconcebidas para el bebé en camino.

Aun en tiempos en que los papás evidencian mayor compromiso en la crianza de sus hijos, todavía hay mucho por hacer para desterrar el machismo invisibilizado en la vida doméstica. “Siempre son las nenas quienes cuidan a los hermanos más pequeños, a la abuela y a la madre. Ellas son más exigidas, son mujercitas antes que niñas, tienen más responsabilidades en el hogar y en la vida que los varones. Me atrevería a afirmar que tienen menos tiempo para el ocio. En la crianza de ellos se siguen valorando conductas masculinas y el fantasma de la feminización es percibido como un peligro, lo que impide la libre expresión de los niños”, expone la antropóloga Mónica Tarducci.

El panorama es decepcionante pero no todo está perdido. “La buena noticia es que machista no se nace, se hace y eso significa que lo podemos cambiar”, declara Ariel Dorfman, coordinador general de la fundación Encontrarse en la diversidad, que organiza campañas y talleres sobre el tema en instituciones educativas de todos los niveles. La familia, la escuela y los medios de comunicación son tres espacios clave para activar la transformación cultural necesaria para darle batalla al machismo: ¿cómo actuar como madre y padre en estos tres escenarios?

 

Equidad puertas adentro

Vengo de una familia grande, de cinco hermanos. Mi papá falleció cuando la menor era recién nacida y mi mamá y mi abuela nos sacaron adelante. Agradezco a esas dos mujeres la fortaleza que nos transmitieron. Mi abuela cosía puertas adentro y mi mamá era administrativa en una oficina. No les sobraba la plata ni el tiempo. Nos enseñaron que la casa era de todos y que todos debíamos hacernos responsables de ella. Los fines de semana hacíamos juntos la limpieza, cada uno lo que podía según su edad. Poníamos y levantábamos la mesa, lavábamos y secábamos los platos. Los dos varones más grandes cuidábamos a los más chicos. Teniendo diez años he dado mamaderas y cambiado pañales. Por supuesto que yo me daba cuenta de que en las otras casas esto no era lo normal y, como todo niño, muchas veces me quejaba porque sentía que se nos exigía mucho. Pero con el tiempo entendí cuánto influyó positivamente en mi relación con las mujeres criarme en una especie de matriarcado.” Mauro, 30 años, arquitecto.

 

Los especialistas coinciden: el hogar es uno de los principales escenarios donde más fuerte se imprimen los estereotipos de género que luego se asumen como un mandato biológico. La división de roles en la vida doméstica es una de ellos. “Cuando está toda la familia en la mesa y alguien dice ‘no hay sal’, la que automáticamente se levanta a buscarla es la madre, casi como en un gesto instantáneo”, describe Liliana Hendel, psicóloga, periodista y autora de Violencias de género. Las mentiras del patriarcado, de Editorial Paidós.

Hacer la lista del supermercado, las compras o guardar las cosas en la despensa son tareas que todos los habitantes de la casa pueden y deben asumir. “Son pequeñísimas y sutiles cuestiones de la vida cotidiana que las mujeres tenemos invisibilizadas porque las hacemos como si no representaran esfuerzo. El problema es que les transmitimos a nuestras niñas y niños el sin esfuerzo de mamá, que es un gran error”, agrega Hendel. La especialista subraya la importancia de revalorizar el trabajo doméstico como un trabajo extra que las mujeres hacen más que como un gesto natural propio del “amor materno”.

 

Cuestionar lugares comunes

No sé si diría que soy feminista, pero sí presto atención a lo que les transmito a mis hijos. También siento que en el último tiempo empecé a tener más conciencia del tema y probablemente esté siendo más cuidadosa al respecto con mi nene de 4 años de lo que fui con el que hoy tiene 13. Últimamente circula más información. Igual me cuesta mucho porque el papá no ayuda nada. Es muy retrógrado: muchas veces hemos discutido porque le dice al más chico que le devuelva los golpes a los nenes que pegan en el jardín. Su argumento es que tiene que aprender a defenderse solo en la vida. También tengo una hija de 9 años y me preocupa mucho que desde muy pequeñas están obsesionadas con ser lindas, flacas, posar como las chicas más grandes y tener novio. Todas cosas que a mí me hicieron sufrir en la adolescencia y me gustaría que cambiaran. Sin embargo, veo que no es así porque se les instala como una prioridad mucho antes.” Verónica, 38 años, diseñadora.

Las nenas se visten de rosa, los nenes de celeste. Ellas son elogiadas por lindas, dulces y simpáticas; ellos, por ser inteligentes y aguerridos. Para desarticular el machismo, el primer paso es relativizar estos mandatos culturales que muchas veces reproducimos sin darnos cuenta. “La réplica de los roles de género que hacen a la cultura machista recorre los caminos de lo invisible. Una vez que visibilizamos estas prácticas, todos y todas estamos preparados y preparadas para comenzar a educar y re aprender desde una perspectiva de género. Hay que revisar discursos pero también prácticas, acciones y vínculos”, recomienda Ariel Dorfman.

Liliana Hendel subraya que las niñas son tan machistas como los niños: “El tema de la moda y las dietas aparece cada vez más temprano y hace del cuerpo infantil un objeto de deseo. Esto queda inoculado en niñas y niños y generan una situación de machismo en ambos”.

 

Una escuela sin preconceptos

Tengo una guerra declarada contra mi suegro que se escandaliza porque a mi hijo Tomás, de 5 años, le compré una cocinita que pidió como regalo en su último cumpleaños. Para él los regalos lógicos son la pelota de fútbol, los autos y las pistolas de juguete. Es un hombre grande, así que no lo justifico pero entiendo de donde viene esa forma de pensar. Más me escandaliza que, en la escuela de mi sobrino, una maestra se haya burlado de un nene cuando se enteró de que el chico había elegido hacer comedia musical como actividad extraescolar. La madre fue a hablar al colegio y la maestra se tuvo que retractar, pero su comentario habilitó a que muchos compañeros lo tomaran de punto y a que él asumiera que tenía que ocultar lo que más le gusta hacer en el mundo. Por momentos siento que las cosas no cambiaron nada con respecto a cuando yo iba a la escuela y había docentes que me retaban por ser muy contestadora para ser una señorita.” Ximena, 40 años, médica.

Según los especialistas, la escuela es uno de los espacios más importantes donde erradicar los estereotipos de género, por eso los padres deben estar atentos y ser parte activa de la comunidad educativa. “En los problemas de matemática, ¿por qué ‘la mamá de Pedro cocina una torta con tanta cantidad de huevos’ y ‘Juan es mecánico y arregla tantos autos por hora’?”, cuestiona Ariel Dorfman. Y agrega: “Tenemos que comenzar a preguntarnos cómo podemos generar vínculos más horizontales, incluyendo propuestas libres que no distingan género y que les permita a los y las estudiantes, elegir sus modos de ser varones y mujeres, elegir entre colores sin que eso represente una condena, elegir un día una cosa, al día siguiente la contraria. Si no instauramos de antemano una respuesta ‘correcta’ estaremos un paso más cerca de desterrar el machismo”.

 

Ilusorio mundo ideal

El mayor desafío es cómo mantener a un chico desintoxicado de todo lo que le transmiten los medios. Y no sólo me refiero a los temas de género, sino también a la violencia en general y al consumismo. Cuando mis hijos eran chiquitos era muy omnipotente. Como aún no estaban escolarizados, podía determinar qué veían en la tele y durante cuánto tiempo, y podía elegir contenidos que les estimularan la creatividad. Una vez que empiezan el primario te das cuenta de que es muy difícil mantenerlos fuera de la lógica predominante, donde las nenas imitan las poses sexies de las chicas de veinte y los nenes se divierten con el GTA, un juego en que los hombres contratan prostitutas, roban autos y ganan puntos por matar. Es muy frustrante.” Marina, 43 años, periodista.

¿Es utópico pretender que los niños se mantengan ajenos a los esquemas machistas en una cultura que los naturaliza y los reproduce? La pregunta se instala entre quienes no quieren vivir la socialización de sus hijos como un proceso amenazante de lo construido con conciencia y esfuerzo en la primera infancia. “El hogar no es el único formador de estereotipos. Madres y padres se encuentran con que sus hijos e hijas son susceptibles de influencias que no pueden controlar. Sea la escuela, los otros niños y niñas con los que se relacionan, los espacios virtuales, la televisión, etcétera. Cuando pensamos en la educación, ¿en qué estamos pensando?, ¿en algo que podemos controlar totalmente? No es así”, reflexiona la antropóloga Mónica Tarducci.

Para la psicóloga Liliana Hendel, a partir de los 8 o 9 años, censurar ciertos contenidos o el acceso a la tecnología puede ser una medida tan ineficaz como contraproducente. “Si empiezan a consumir contenidos violentos o porno, tengamos en cuenta que para los chicos nuestra palabra tiene peso. Allí refiere la autoridad que se cimenta en la confianza, no en el mayor y más efectivo castigo como muchos creen. Los chicos tienen que saber que nos pueden contar o compartir lo que ven. Y si va a existir algún tipo de sanción será relacionada al cuidado que como adultos tenemos que tener para que no se metan en situaciones de riesgo.”

Por: María Florencia Pérez

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