Ana Padovani: los secretos para contar un cuento

Martes 01 de Agosto de 2017

Es docente y psicóloga. Y pionera de la narración oral en la Argentina. En esta nota cuenta su modus operandi a la hora de relatar una historia en público.

El desafío de la narración oral es traducir una lengua a otra”, dice Ana Padovani. “La literatura escrita tiene códigos propios, es eterna y permanece en el libro. La oralidad es instantánea; el momento de la representación, efímero. Contar es volver el texto a la vida en un instante”.

Ana no elije cuentos surgidos de la tradición oral o de la literatura, los encuentra. “Cuando pasa es un hallazgo. Lo más parecido a recibir la pelota en un partido, te pega en el plexo, la sensación se expande en todo el cuerpo y, enseguida, la tenés que pasar”. Después, traduce el cuento a la oralidad. “Me lo apropio, no lo estudio de memoria. Tengo clara la estructura, de qué trata, y lo empiezo a contar. Me instalo en el texto y el juego surge espontáneamente. Involucra la voz, los gestos, todo de mí”. Así, su voz y la del autor se encuentran y aparece otra “que fluye solita”, dice, “yo lo llamo ‘el lenguaje artístico de la narración’. Luego de varias relecturas se acerca al texto para analizar cuánto se distanció de las palabras originales. “A veces me voy demasiado, me gusta, lo incorporo”.

Su hogar es sala de ensayo. Practica con un espejo para tener referencia de un otro.

 

-¿Todo se puede contar?

-No, hay cuentos que prefiero leer. Sería incapaz de instalarme en la voz de Jorge Luis Borges, por ejemplo, es gran literatura. Habría que traicionarla demasiado para hacerla oral.

 

-¿Traducir a la oralidad es traicionar?

-No, por eso elijo textos donde sí me pueda instalar y donde la voz del autor fluya como si fuese mía, ya sea que me apegue a sus palabras o hable a partir de un personaje. Recuerdo cuando llamé a Marco Denevi porque necesitaba hacer una modificación en su cuento Las abejas de bronce. Tenía un susto, me dijo “¿No le parece muy largo?” Me sugirió que lo cortara antes de que se lo pudiese preguntar.

Siente que algunos autores escribieron para ella. Nombra a Julio Cortázar, Saki, Ana María Shúa, recita su cuento La escoba y la bruja: “’La niña acarició su vientre en cuarto creciente. La fórmula mágica había tenido éxito’. Yo podría decir: ‘Se trata de una chica que…’, pero no, el clima viene dado por el texto, me hallo en la manera de contar del personaje. Qué distinto sería: ‘Qué fiesta, ¡había de todo!’”. La voz del gaucho de Landriscina irrumpe; la narradora pasa, con total naturalidad, de una voz a otra: “Es que algunos personajes me hacen sentir tan cómoda; además, los exagerados, como el gaucho, me divierten muchísimo”.

 

-¿Algo más natural que contar?

-Para mí lo fundamental es contarle a otro, compartir. El que escucha se lo cree y juega.

Entonces”, cuenta Ana como si fuera un cuento, “se arma la burbuja mágica que nos contiene a todos”. Abre los brazos para dimensionar lo imposible. “Que no se rompa es responsabilidad mía. Cuando el público se mete en la burbuja, lo recibo, lo levanto y lo vuelvo a depositar. Si en el medio me olvidara del texto, invento. No lo puedo hacer caer al decir: No me acuerdo, así no era”.

Cómo será que Ana es capaz de preservar la intimidad que supone un cuento en los escenarios más diversos. “Aunque haya 2000 personas, si se crea esa burbuja donde estamos todos dentro, hay intimidad”. En 1996 relató cuentos en la cárcel de Ezeiza de máxima seguridad. Caminó sin saber dónde iba hasta que entró a una sala donde se topó con una fila de policías; por detrás, los presos, sentados. “No los veía. Intentaba que mi voz les llegara, pero no recibía respuestas. Cuando terminé aplaudieron muchísimo, se acercaron para contarme qué habían sentido. Fue emocionante, no pensé que les hubieran llegado mis palabras”.

La única exigencia en sus presentaciones es que se la escuche. Que no haya interferencias del sonido del tren, por ejemplo. Se viste de negro. “Que nada distraiga, todo está en la voz”.

 

-¿Alguna expectativa sobre el público?

-Que sienta plenitud, que se eleve por un rato.

 

En tiempos donde la comunicación nos atraviesa de todas las maneras posibles y sin respiro, Ana Padovani elige ser juglar y nos invita a la burbuja donde todo es posible. “Cuando estoy sola entro en el cuento y me instalo con placer pero, cuando lo comparto con un otro es mágico. Lo mejor que nos puede pasar es olvidarnos del mundo por un rato, y jugar”.

 

Ana Padovani es docente y psicóloga. Siendo una de las pioneras de la narración oral en la Argentina fue invitada a los festivales de Brasil, Uruguay, Ecuador, Cuba, España e Italia. Participó en un coloquio de intercambio internacional en la ciudad de Nueva York. Fue enviada por el British Council de Buenos Aires a la ciudad de Londres para montar espectáculos bilingües. Publicó los CD: “El ave maravillosa”, “Clásicos de terror y suspenso”, “Cuentos para contar”. Publicó los libros: “Contar cuentos, desde la práctica hacia la teoría”. En el 2017 cumple treinta años de llevar los cuentos al escenario.

Por: Mariana Perel

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