Pasión por el aula, un idioma que comparten maestros porteños y finlandeses

Lunes 07 de Agosto de 2017

Compartieron aquí y en el país nórdico su forma de enseñar; la diferencia más notable es la infraestructura.

¿Koulu o escuela, luokkahuon o aula, opetus o docente? Aunque no hablan el mismo idioma, ni la maestra finlandesa Marjukka Skansti ni su colega porteña Adriana Montemurro tuvieron problemas en entenderse porque comparten la misma pasión e igual compromiso: darles la mejor enseñanza posible a sus alumnos.

Skansti y Montemurro se conocieron en Buenos Aires cuando la opetus llegó de Finlandia para visitar escuelas porteñas. Un año después, la profesión las reunió en Finlandia, cuando Montemurro y otros docentes de escuelas de innovación pedagógica de la ciudad viajaron a interiorizarse de uno de los sistemas más eficientes del mundo.

Después de un día de viaje, tres escalas y un frío que decoraba con nieve todas las calles, llegaron a Jyväskylä, a 270 kilómetros de la capital finlandesa. "Llegar allí fue algo que nunca había pensado lograr", afirma Mónica de la Horra, directora de la escuela primaria N° 18 República de Corea, de Liniers.

Durante la semana que permanecieron en el país nórdico visitaron cinco escuelas y asistieron a clases. "Estaba deslumbrada por el lugar, las escuelas están insertas en la naturaleza. Entrabas y no sentías un solo ruido. Equipamiento, infraestructura, recursos económicos y humanos. Te caías desmayada de ver lo bello que era", comenta Montemurro, directora de la Escuela N° 15 República Islámica de Pakistán, intensificada en artes, de Liniers.

El invierno finlandés suele alcanzar los 20° C bajo cero. "En las escuelas, que están muy calefaccionadas, los chicos están en medias. Dejan en los percheros sus mochilas, sus camperas y sus zapatos", describe De la Horra. En las aulas, junto al pizarrón hay "pantallas digitales y escáneres, los docentes tienen un escritorio de tres metros con computadora, cajas de lápices de todos los colores, bancos ergonométricos todo bien pensado para el docente", relata Montemurro.

En Finlandia, "la escuela está impecable, ni paredes rayadas ni mesas escritas", añade Juan Carlos Lenguita, director de la Escuela N° 15 Evaristo Carriego, de Villa Soldati. Recuerda que un chico finlandés de 4° grado le dijo en un perfecto español, abrazado a su banco: "Lo cuidamos porque es nuestro y lo pagan nuestros papás". Esa respuesta llevó a Lenguita a admitir: "Ese sentimiento de pertenencia es cultural; es lo que está faltando en nuestro país".

La inversión de Finlandia en educación se ve en el equipamiento de sus instituciones. "No vi una biblioteca de esa magnitud como la que vi en esa escuela de un pueblo, era inmensa, con todos los recursos que uno se pueda imaginar", destaca el supervisor de educación primaria Adrián Mazzuglia. También los talleres cuentan con muchos materiales. "En la clase de música hay una buena cantidad de guitarras, nosotros aquí tenemos una sola", sostiene De la Horra.

El contraste con las escuelas porteñas no sorprendió a Minna Mäkinhonko, de la University of Eastern Finland, que considera que "los edificios escolares son básicamente los mismos en todo el mundo". Tampoco a Skansti, su colega de la University of Turku. "Es más importante lo que pasa en clase. Incluso en los establecimientos que no son tan lindos pueden pasar cosas muy hermosas si hay un buen maestro que puede manejar bien su clase", cuenta tras haber recorrido, en tres oportunidades, las escuelas porteñas.

En las escuelas que supervisa Mazzuglia hay "un curso que tiene 37 niños y una sola maestra de 8 a 16". En cambio, señala, en las clases de Jyväskylä "nunca vi más de 13 niños con dos o tres maestros", porque en Finlandia "la formación docente se acompaña con prácticas en el aula".

Por esta razón, junto al maestro de grado está el practicante, y es posible contar con un tercer docente. "Si en el aula hay un alumno con alguna necesidad especial -motora, física o de integración-, hay un maestro acompañante de esa trayectoria", destaca Mazzuglia.

Mientras en la Argentina el nivel primario empieza a los 6 años, en Finlandia se ingresa después de haber cumplido los 7. Para Lenguita, ése puede ser uno de los motivos del éxito de la enseñanza. "No es lo mismo el aprendizaje de la lectoescritura, uno de los más difíciles del ser humano, con la madurez de un chico de 5 años que el de uno de 7."

Para Montemurro, "los chicos no participaban; las clases son absolutamente conductistas", y trabajan "con cuadernos y libros que nosotros usábamos cuando yo iba a la primaria, hace más de 30 años. Por ejemplo: las partes de la bicicleta. El maestro tenía en su escritorio el libro con este tema y los chicos completan en su propio ejemplar las partes de la bicicleta. Las clases eran así".

Aunque la docente reconoce que, por su idiosincrasia, "el método tradicional les debe servir", también marca la diferencia con la ciudad de Buenos Aires, donde se fomentan "chicos críticos que participen, que piensen y que logren incorporar esos contenidos para poder utilizarlos en otras situaciones de aprendizaje. Eso no lo vi en Finlandia".

Mientras en nuestro país la docencia se cursa en profesorados, en Finlandia la carrera es universitaria. "La profesión es altamente valorada", indica Marjukka. "En Finlandia, el docente tiene que sacarse 10 y lo eligen las escuelas, no es como nosotros que somos seleccionados por un listado -explica De la Horra-. Quien manda en el colegio finlandés es el director. No hay una autoridad mayor. En cambio, aquí, arriba de nosotros tenemos al supervisor y al director del área." El director participa de la selección del equipo pedagógico "porque es quien conoce a la gente que trabaja en su escuela y puede encontrar personas que encajan con ese grupo", detalla Skansti.

Los alumnos finlandeses concluyen su jornada a las 13. "Los maestros se quedan hasta las 16 para planificar las clases con el material a su disposición. No se van a trabajar a otras instituciones escolares", señala Montemurro. En Finlandia, suma Lenguita, "no existe el maestro taxi como aquí, que para mantener una familia tiene que trabajar en varios turnos".

De esta visita que hicieron a Finlandia, los docentes adaptaron algunas herramientas de las escuelas de Jyväskylä a las instituciones que tienen a su cargo. Comenzaron por hacer un seguimiento de la trayectoria escolar a través de indicadores. Por ejemplo, dentro de las prácticas del lenguaje evalúan la oralidad, la escritura y la lectura. Así lograron identificar en qué aspectos de la materia los alumnos presentan dificultades.

También aplican autoevaluaciones trimestrales para que los alumnos indiquen lo que aprendieron en el aula. Como formador de docentes, Mazzuglia considera que sería aplicable tener parejas pedagógicas en el aula con un máximo de 20 alumnos por salón. Lo considera el ideal educativo.

http://www.lanacion.com.ar/2050670-pasion-por-el-aula-un-idioma-que-comparten-maestros-portenos-y-finlandeses

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