A 70 años del voto femenino, por qué se estancó la llegada de las mujeres al Congreso y al poder

Martes 12 de Septiembre de 2017

Varios informes muestran un amesetamiento en el acceso de las mujeres al Parlamento. Leyes de paridad, machismo y la disyuntiva entre familia y carrera profesional.

El título podría ser Alicia en el país de las maravillas. Es que las mujeres argentinas, las que soñaron con un reconocimiento más allá del estereotipante rol doméstico de la buena compañera, hoy protagonizan todos los ámbitos. Una fecha fuerte ayuda a refrescar sensaciones de pujanza: ayer se cumplieron 70 años desde el 9 de septiembre de 1947, cuando el Congreso de la Nación, en el marco del primer gobierno de Juan Domingo Perón, hizo realidad una ley por años impulsada desde el socialismo: el voto femenino.

Pero nada es tan maravilloso para Alicia. A ella le tocó la diabólica Reina de Corazones; a las argentinas, una pared llena de estigmas, preconceptos e imposiciones que no termina de derrumbarse. Porque mientras el camino hacia la igualdad de género en la representación política parecía ensancharse, un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) asegura que los éxitos, últimamente, dejaron de fluir.

 

El camino hacia el voto femenino

En el escrito “La paridad política en Argentina” (2017), la ONU advierte que si bien “la ley de cupo femenino (de 1991) favoreció el acceso (…) la representación política de las mujeres en Argentina encontró un techo que parece difícil de superar sin producir nuevas reformas”. Lo último coincide con un estudio del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) al que Clarín accedió en exclusiva. A pesar de la efectividad de la Ley de Cupo, aseguran, “a partir de 2009 la evolución de la participación de las mujeres en el Congreso se amesetó. Desde entonces se mantiene en torno al 35% a 39%”.

Pero, ¿cómo? ¿No éramos pioneros en asegurar un cupo mínimo de mujeres (el 30%, según la ley 24.012) con banca firme en el Congreso? ¿Y no es este el país admirado internacionalmente por su nutrido marco jurídico -con más de veinte leyes promulgadas- sobre igualdad de género?

Como explica Anabella Di Tullio, politóloga, investigadora del Conicet, experta en teoría política femenina, “si un extranjero viera la contienda electoral llena de nombres de mujeres (Lilita Carrió, Cristina Kirchner, María Eugenia Vidal, Margarita Stolbizer, Graciela Ocaña, la vicepresidente Gabriela Michetti…) creería que es una foto muy alentadora. Pero estamos en el plano de la excepción”.

Precisamente, lo que observa la ONU es la subrepresentación: Argentina tiene una población femenina que supera por poco la mitad, pero su representación parlamentaria, si bien el 30% que establece la Ley de Cupo Femenino debía ser un piso y no un techo, se estancó.

Hoy, la pequeña utopía de la igualdad legislativa se llama Ley de Paridad Nacional, y se basa en que hombres y mujeres tengan 50% de representación en las listas partidarias (con alternancia de uno y uno) y que las cámaras del Congreso se formen, también, así: mitad ellos, mitad ellas.

Ya hay antecedentes provinciales de paridad en Santiago del Estero, Córdoba, Río Negro, Chubut, Salta, Neuquén y Buenos Aires, aunque en la última está habiendo algunas idas y vueltas: tras las PASO, la Junta Electoral bonaerense observó “lagunas” en el texto sancionado, y como creyó que darían lugar a conflictos en el armado de las listas definitivas de cara a octubre, suspendió la ley. Buena parte del arco político criticó la medida, incluyendo al gobierno provincial, que solicitó a la Junta revocar la resolución y respetar la paridad.

Por su parte, la Ley de Paridad con alcance nacional fue tratada en dos proyectos separados y al mismo tiempo. Cada uno tiene media sanción en distintas cámaras. Según adelantó a Clarín la diputada nacional del Frente Renovador Graciela Camaño, la comisión de Asuntos Constitucionales prevé abordar esta semana el embrollo de esa superposición.

Todo esto preocupa porque, aun con una democracia participativa consolidada, la representatividad femenina no está dando grandes pasos. Casi todos los sectores atribuyen la causa a la falta de igualdad de hombres y mujeres: a ellas, el desarrollo profesional se les vuelve, a veces, una carrera de obstáculos con destino trágico. “Hacer malabares”, como describen las madres desbordadas. Y no termina nunca (aunque se vio aplacado por la tendencia a demorar -o cancelar- la maternidad) el duelo entre el trabajo y la familia: los chicos (y abuelos) que cuidar, satisfacer, llevar y traer; la casa que mantener.

Esta inequidad podría mejorarse de al menos dos formas. La primera implica visibilizar con las palabras lo que a los ojos es obvio. Como están las cosas hoy, al menos la mitad del Congreso podría estar conformado por mujeres. Es cierto, pero no ocurre. Como explicó a Clarín Margarita Stolbizer, candidata a senadora bonaerense de 1País, “las manifestaciones más complejas de la desigualdad se dan en torno a espacios de poder y de recursos. Las mujeres ganan cerca de un 24% menos que ellos por la misma tarea, y cuando se trata de trabajo informal, la brecha llega al 40%. A la inversa, la proporción de mujeres a cargo de las responsabilidades familiares es mayor, lo que en muchos casos implica la postergación de ellas a favor de lo que es común”.

Quienes apoyan la idea del ascenso en política por la vía de la “meritocracia” se ven obligados a minimizar estas circunstancias. Proponen que “lleguen solas”, como expresaron, al votar en contra de la Ley de Paridad Nacional, el senador Ernesto Martínez (Cambiemos) y el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo. Este último, en su momento argumentó que “habría que dejar espacio a las personas que representan los intereses del pueblo, más allá de su sexo”. Para ahondar en este punto se contactó al equipo del legislador, pero no quisieron participar. Con el diputado Martínez tampoco se tuvo suerte.

Graciela Ocaña, candidata a diputada bonaerense por Cambiemos, comentó a Clarín: “Antes pensaba igual que Pinedo y me oponía a los cupos, pero después entendí su importancia. En los ministerios y en la Justicia, la participación de la mujer siempre es resistida. Hay que trabajar en campañas de difusión y en educación, pero promover leyes es clave porque crea más oportunidades”.

Sin legislación demoraría siglos el surgimiento de una nueva idiosincrasia argentina donde las mujeres “naturalmente” tuvieran las mismas facilidades que los hombres y pudieran (y quisieran, porque les sería “factible”) llegar a cargos de poder, reflejando su presencia real en la sociedad. Por eso la vía a la que se apuesta para impulsar la igualdad de género en política es crear un marco legal: que más mujeres estén (por ley) en las listas y tengan (por ley) más bancas.

Sobre este tema conversó con Clarín la diputada nacional Victoria Donda: “El camino desde lo legal suele abrir una vía de transformaciones más profundas. Los que se oponen, desconocen sociológicamente cómo avanzaron las sociedades en general. Y aún no logramos tener políticas orientadas a equilibrar la presencia de hombres y mujeres en los poderes Judicial y Ejecutivo, los más difíciles de permear para las mujeres”.

Además, como subraya Soledad Zárate (coordinadora del programa de Instituciones Políticas del CIPPEC), “el tema de la meritocracia es falaz. Según el PNUD, las mujeres están sobrecalificadas. El 52,7% de las que están en puestos directivos (de gestión pública o privada) tienen estudios superiores y universitarios completos. Los hombres, sólo el 35%. A la mujer se le exige mucho más. Nadie se pregunta por qué un legislador sólo tiene estudios terciarios o universitarios sin posgrado. Y en los partidos, los cierres de las listas siempre están a cargo de los hombres”.

Como dato de color, en este punto parece atinado comentar las dificultades para coordinar entrevistas con las mujeres de esta nota (incluyendo esta cronista), dado el sinfín de compromisos domésticos de cada una. Y el dato importa porque quienes apoyan la Ley de Paridad aseguran que su aplicación forzaría el surgimiento de algunos dispositivos que hoy parecen de otro mundo.

Di Tullio detalla: “Redes de guarderías gratuitas y en condiciones, que le permitan a las mujeres seguir su deseo de maternidad y tener vida profesional sin hacer malabares, lo que en España llaman ‘conciliación’ entre la vida familiar y la profesional. O que las empresas con cierto número de empleados tengan guarderías. Por más que pongamos cupos, si las reuniones del partido son a las ocho de la noche, se atenta contra la participación femenina”.

¿Otra medida? Que la licencia por maternidad sea por “xaternidad”. Según Néstor Pitrola, candidato a diputado bonaerense del FIT, “la igualdad del derecho es esencial para avanzar. Que el hombre tenga licencia por paternidad es clave, un debate que está empantanado en Diputados”.

En esta línea, Stolbizer suma: “Hace años propongo una reforma a la ley de contrato de trabajo para aumentar la licencia parental. Sería determinante frente al ingreso al mercado de trabajo, donde hoy se privilegia a los varones por creer que son más ‘baratos’, ya que no tendrán embarazos, licencias por maternidad, pedidos especiales para cuidar niños enfermos o reuniones escolares. Es urgente modificar estos patrones”.

¿Va en contra de la recomendación de la OMS de amamantar a los bebés dos años? Puede ser. En países como Finlandia se impulsa que los chicos dejen los pañales al año (y no a los dos, como acá). Es discutible si una mayor independencia del niño respecto de la madre es ideal. Habrá que dar con el mejor gris.

Para Graciela Camaño, “además de paridad legal debe haber paridad cultural. Si pensamos que el quehacer hogareño es responsabilidad de la mujer, siempre vamos a estar en desventaja en cuanto al tiempo y la economía. Porque para asumir un cargo tenés que tener competencia económica. Y si la mujer está abocada a los trabajos (no me gusta decir ‘tareas’) de la casa, no se puede”.

Tiene que haber una discriminación positiva”, dice Camaño, y agrega: “El tema es cómo hacemos las mujeres empoderadas para que el poder se traduzca en cambios reales. Llegamos más al Congreso, pero no resolvimos la violencia de género ni la pobreza, que es mayormente infantil porque las mujeres son pobres. Desde el poder tenemos que llevar resultados concretos a la mujer de a pie”.

Las entrevistadas señalaron la importancia de la presencia femenina en el Congreso: ellas impulsan temas que de otro modo serían relegados. De esto habló con Clarín Norma Morandini, directora del Observatorio de Derechos Humanos del Senado: “Las mujeres que llegamos a la vida pública tenemos que parecernos a nosotras mismas, no al modelo masculino. Podemos aportar hablar de paz sin sonrojarnos porque no fuimos entrenadas para la guerra, hablar de derechos y de instituciones. Y sumar un lenguaje con menos odio, personalización y descalificación”.

Se cree que la Ley de Paridad Nacional podría salir pronto, un sueño impensado para las mujeres de 1951 que votaron gracias a la sanción de la ley 13.010. Como augura Ocaña, “el año que viene, en el marco de la reforma política que el Gobierno va a retomar y que muchos queremos impulsar, posiblemente salga”.

https://www.clarin.com/suplementos/zona/70-anos-voto-femenino-estanco-llegada-mujeres-congreso-poder_0_SkNhwYgcb.html

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