Terminar el colegio: la mejor estrategia para salir de la pobreza

Martes 12 de Septiembre de 2017

Según Unicef, un chico que vive al cuidado de un adulto que no terminó la primaria es cuatro veces más pobre que aquel cuyos padres hicieron la secundaria; historias de los que sí logran estudiar.

A los quince años, Laura Ferreyra quedó embarazada y tuvo que abandonar sus estudios. Hoy, con 27, tiene tres hijos y ellos fueron un motor para que ella terminara la secundaria. "Empezaba y no podía seguir. Se me complicaba con los horarios y no quería dejar a mis hijos a la noche", cuenta Ferreyra, para quien la educación es la mejor manera de conseguir un futuro mejor para ella y los suyos.

Y no está equivocada. Según el informe "Radiografía de la pobreza monetaria en la niñez en la Argentina", elaborado por Unicef y el Instituto de Estudios Laborales y del Desarrollo Económico (Ielde), la educación de la jefa o jefe de hogar es uno de los indicadores que determinan el nivel de pobreza durante la infancia y la adolescencia.

El estudio sostiene que un niño que vive al cuidado de un jefe o jefa de hogar que no completó la educación primaria tiene un nivel de pobreza monetaria cuatro veces más elevado que aquel cuyo adulto a cargo tiene secundaria completa o más.

"La tasa de abandono y repitencia en el nivel secundario está asociada en gran parte al perfil de hogar de los estudiantes. Quienes encuentran mayores dificultades para transitar su escolaridad en la secundaria son aquellos chicos cuyas familias no lograron completar sus estudios primarios y secundarios", sostiene Cora Steinberg, especialista en educación de Unicef.

Actualmente, cerca de 5,6 millones niños son pobres en el país y son muchas las iniciativas impulsados por el Estado y las organizaciones sociales para luchar contra esta realidad.

El orgullo de recibirse

Hace tres años, Ferreyra escuchó sobre Ellas Hacen, un programa del Ministerio de Desarrollo Social que propone a mujeres en situación de vulnerabilidad oportunidades de trabajo y formación. La propuesta le pareció interesante y se convirtió en una de las titulares. A través de la articulación con el plan Fines, que permite que mayores de 18 años que adeudan materias puedan rendirlas y recibir su diploma, Ferreyra pudo terminar la secundaria. "Cuando terminé de estudiar me sentí orgullosa de mí misma. Era un sueño a cumplir", enfatiza Ferreyra.

Es que ayudar a los chicos con la tarea muchas veces queda fuera del alcance de los padres porque requiere un capital educativo específico que por su poca instrucción no tienen. A su vez, estos hogares, frecuentemente de bajos ingresos, demandan a sus adolescentes participar en la reproducción económica y social de sus familias.

"En algunas de las localidades más pobres del país, los datos del censo de 2010 arrojaron que más del 70% de los adultos no completaron sus estudios secundarios", agrega Steinberg.

 

Por otro lado, Sebastián Waisgrais, especialista en inclusión social de Unicef, agrega: "Así como el bienestar se hereda, ocurre lo mismo con la pobreza. Los estudios muestran que si los padres alcanzan estudios superiores completos la probabilidad de que un chico sea pobre se reduce a cero".

Según Ianina Tuñón, investigadora responsable del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la UCA, los adolescentes tienen cada vez más años de escolaridad en comparación con sus padres. De todos modos, esto no significa que puedan insertarse más plenamente en el mundo del trabajo. "Hoy se necesita un mayor nivel educativo para tener acceso a empleos a los que los padres podían insertarse con un nivel menor. Por lo tanto, queda claro que para ciertos adolescentes que viven en condiciones de vulnerabilidad la escuela no represente un medio para el ascenso social".

En esta misma línea, Tuñón agrega: "Se puso mucho énfasis en la universalización de la escuela secundaria, pero no en la calidad de la educación a la que acceden. Hoy, el valor que tiene la credencial educativa es distinto de acuerdo con la escuela a la que asistís y el barrio en el que vivís. La desigualdad en la calidad educativa es muy notoria".

El Plan de Inclusión Educativa Emaús es una propuesta de Cáritas Argentina que otorga ayuda económica a chicos que asisten a la escuela, además de un acompañamiento y un espacio de formación colectivo para los padres de familias en situación de extrema pobreza de manera que sus hijos puedan acceder y permanecer en el sistema educativo formal, fortaleciendo la función educadora de la familia.

"Hicimos una medición para ver cómo se usaba el dinero de la beca. Hace cuatro años los chicos gastaban en fotocopias, calzado, libros y traslados. En julio del año pasado repetimos la medición y vimos que había gastos en garrafa, luz y remedios. Esto nos indica que volvemos a condiciones de pobreza determinantes", analiza Javier Quesada, coordinador del área de educación de Cáritas Argentina. En relación con el plan Fines, Quesada ve que las madres que participaron ahora están en condiciones de dar una mano a sus hijos con las tareas de la escuela.

El secretario de Economía Social del Ministerio de Desarrollo Social, Matías Kelly, entiende que para un adulto es muy difícil poder terminar el secundario en turnos vespertinos, de 18 a 21, cuando tiene hijos. Por eso, cree que el plan Fines es una propuesta interesante porque se cursa en centros cercanos a los barrios, cuenta con horarios más flexibles y hay un tutor que hace seguimiento de las personas.

Actualmente, es obligatorio para aquellos que participan de programas como Ellas Hacen o Argentina Trabaja que terminen el primario o el secundario con el plan Fines.

"Para muchos adultos, la escuela es una frustración. Por ese motivo, cuando pueden terminar el colegio es un doble mérito, por ese miedo que arrastraban", destaca Kelly.

http://www.lanacion.com.ar/2061626-terminar-el-colegio-la-mejor-estrategia-para-superarse-y-salir-de-la-pobreza

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