Primer empleo y educación: superar falsas dicotomías

Martes 19 de Septiembre de 2017

En un primer empleo las empresas han dejado de exigir un sinnúmero de habilidades técnicas que generan filtros insuperables. Han asumido que el nivel secundario no tiene la posibilidad de desarrollar competencias específicas actualizadas para cada sector productivo.

La tensión entre sistema educativo y mercado siempre está presente al abordar temáticas relacionadas con la preparación de los jóvenes para un primer empleo. ¿La escuela se debe orientar a las necesidades del mercado? ¿O teniendo en cuenta que es el último contacto con la escolaridad obligatoria debería priorizar el abordaje de otros aspectos?

Más allá del tenor ideológico con el que se aborde lo anterior, tanto la Ley Federal de Educación (1.993) como la Ley de Educación Nacional (2006) consagran entre los objetivos más relevantes de la educación secundaria la preparación para el trabajo. Sin embargo, todo indica que tenemos varias cuentas pendientes.

Como ejercicio para superar falsas dicotomías, resulta fundamental incorporar a la discusión datos concretos: aproximadamente 300.000 jóvenes por año terminan la secundaria en nuestro país. Si consideramos que el 60% de los desocupados tiene menos de 30 años, esta incorporación significativa y sistemática a la demanda de empleo en esta franja etaria, debe ser uno de nuestros focos prioritarios de atención.

¿Qué piden las empresas hoy? “Alguien que quiera aprender”, suele ser la respuesta usual.

Las organizaciones de la sociedad civil que se dedican a formar jóvenes de bajos recursos para el trabajo tienen relación habitual con gran cantidad de empresas y consultoras de recursos humanos que tienen ofertas laborales de mediana y baja calificación. Siendo su labor desarrollar en los participantes recién salidos del secundario condiciones de empleabilidad, se encuentran con que las principales demandas de las empresas hoy están ligadas a aspectos actitudinales y motivacionales.

En un primer empleo las empresas han dejado de exigir un sinnúmero de habilidades técnicas que generan filtros insuperables. Han asumido que el nivel secundario no tiene la posibilidad de desarrollar competencias específicas actualizadas para cada sector productivo.

Hoy reclaman aspectos ligados a lo socioemocional y a la firme intención de que los jóvenes conciban un proyecto de vida relacionado con el trabajo. Una de las facetas más relevantes de este fenómeno es asumir el desafío de preparar a los futuros trabajadores no sólo para insertarse en el mercado laboral, sino para que puedan gestionar con éxito su permanencia en él. Es decir, que desarrollen la capacidad de aprender a aprender. En un contexto signado por el cambio permanente, este será el diferencial que consolidará sus futuros profesionales.

Para hacer un aporte sustantivo, es que hay que trabajar en ese sentido: la autoestima, las relaciones interpersonales, la cultura del esfuerzo, la responsabilidad, la capacidad de aprendizaje y de adaptación, el manejo de herramientas tecnológicas y la comprensión del funcionamiento de las organizaciones. Desarrollando estas competencias blandas, se estará contribuyendo a la construcción de trayectorias laborales sólidas, que sean el motor del trabajo de los jóvenes de cara al futuro.

Por: Silvia Uranga

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