El 15% de los chicos tiene más capacidad de lo normal y no los integran en la escuela

Martes 24 de Octubre de 2017

Algunos son precoces o muy telentosos, y otros superdotados. Según los expertos, una mala experiencia en el aula para ellos puede derivar en fracaso escolar. También sufren bullying.

La maestra de segundo grado preguntó a su clase: “¿Cuántas ruedas tengo en 5 autos?”. Máximo (7), rapidísimo, levantó la mano: “20”. La docente le consultó cómo lo había sacado y él le contestó que multiplicando. La respuesta de la mujer fue un reto: “No, así no porque todavía no vimos multiplicaciones”. Máximo, que tiene altas capacidades (AC) y desde los 3 años eligió una calculadora como “juguete favorito”, volvió a su casa angustiado y compartió la escena con su mamá, Silvia Del Agnese. Ella cuenta que Lautaro (18) y Delfina (13), sus otros dos hijos que también tienen AC, pasaron por episodios similares durante la etapa escolar y que en ningún momento logró, incluso con sus diagnósticos por escrito, que tomaran con seriedad la situación en el colegio. Silvia no es la única que no se siente acompañada por el sistema educativo.
Desde las organizaciones que abordan el tema, Embajadores ACI (Altas Capacidades Intelectuales) y Creaidea, confirman a este diario que no se “amplía y flexibiliza” el proceso de alfabetización de estos niños, como está contemplado en el artículo 93 de la Ley de Educación Nacional. “Son pocos los colegios que hoy llevan adelante estrategias específicas para formar a jóvenes precoces, talentosos o superdotados, que representan al 15% del total según tests estandarizados que miden la inteligencia. La mala experiencia en la infancia puede derivar en fracaso escolar, que según estudios españoles, alcanza al 60% de los que tienen altas capacidades. Con frecuencia también sufren bullying”, explica a Clarín Laura Diz, que es psicóloga social especialista en gestión educativa, forma parte de Embajadores ACI y además es mamá de dos niños con altas capacidades.
Si bien las altas capacidades tienen un componente genético son, a su vez, una potencia. “Se trata de chicos que requieren de ayuda y atención especial. No tienen alto rendimiento por nacer con AC. De hecho, como al principio pueden aprobar sin estudiar, muchos no incorporan métodos de aprendizaje, por ejemplo, y cuando la exigencia aumenta se les complica”, resalta Diz. Y explica que además de la adecuación curricular, en algunos casos sirve adelantarlos un año. “Sin embargo, esto no siempre es recomendable ya que la edad emocional, en general, coincide con la cronológica y muchas veces les cuesta adaptarse a un grupo de nenes más grandes”, precisa.
Héctor Roldán (55), que es superdotado y uno de los fundadores de Creaidea (ver aparte), asegura que no nota una evolución en este tema. “Lo digo porque cuando escucho a los padres de chicos con altas capacidades que se acercan a la ONG veo que están en una situación parecida a la que estuve yo. Es clave que esto cambie, que se tengan en cuenta los intereses de cada niño. Eso, en ellos, puede marcar una gran diferencia”, agrega Roldán.
Desde el Ministerio de Educación reconocen que es un tema sobre el que queda mucho por hacer. “No todos aprenden al mismo tiempo y es cierto que estos niños necesitan trayectos personalizados. Tenemos que seguir trabajando en la formación docente, ya que hay mucho desconocimiento y en algunas ocasiones el asunto se minimiza”, sostiene Cristina Lovari, coordinadora nacional de Educación Inclusiva. Según cuenta, junto a Unicef están realizando “fascículos con herramientas concretas para trabajar en el aula” y, uno de ellos está dedicado a las altas capacidades. “También contamos con cursos virtuales en los que se habla de integración”, afirma. Y destaca que a diario reciben solicitudes de padres por temas de inclusión y que intervienen junto a los equipos de cada provincia: “Hacemos el recorrido institucional necesario según el caso, ya que el docente es sólo un eslabón de una gran cadena, que incluye directivos, inspectores, etc”.
Elizabeth Alvarado, mamá de Nacho (5), cuenta que a su hijo con altas capacidades lo etiquetaron como “el chico conflictivo” y que la pasó muy mal. “Siempre fue muy inquieto y demandante. En el jardín no quería dormir la siesta y con esa situación que puede parecer pequeña empezaron los problemas. Las maestras hacían que me lo llevara a mi casa porque decían que el nene, con 3 o 4 años, las desafiaba. Pasé por varios psicólogos. Me hablaron de falta de límites y en el colegio me exigieron poner un acompañante terapéutico”, relata Alvarado, que descubrió que su nene era superdotado “googleando”. “Anoté las señales que me daba en el buscador, así llegué a un libro y después encontré la ONG Creaidea, donde le hicieron los test que derivaron en su diagnóstico. Con el informe y los consejos de especialistas volví a la escuela, quería que lo integraran. No lo logré. Este año, después de estar dos meses sin ir a la escuela, lo cambié”, resume la mamá. “En el colegio al que iba mi nene había dos maestras para 15 chicos y no podían con él. En la nueva es una maestra para 30 y lo ayudan. La diferencia entre uno y otro es la mirada. No fue fácil dar con esta institución, en el medio nos rechazaron en otras. Por suerte, hoy está feliz y, por primera vez, quiere ir al colegio”, suma Alvarado, que pide “más empatía e interés” para que ningún chico la pase mal por tener altas capacidades.

Por: Paula Galinsky
 

Últimas Notas