La grieta también va a clase

Miercoles 01 de Noviembre de 2017

La escuela viene llegando a los medios y cada vez menos, por cuestiones pedagógicas. Amenazas de bombas, paros, escuelas tomadas, docentes y chicos agredidos, etc. Pareciera que hay un código de la escuela que ha cambiado, ya no existe aquel tono contracultural en el que la maestra nos decía: “acá no hablamos así, en la cancha el domingo podés hacer lo que quieras, pero acá no hablamos así”.

Esa escuela contracultural, en la que había un lenguaje, un modo de vestirse, de cortarse el pelo, de vincularse con los adultos, nos indicaba los modos que el mundo adulto postulaba para vivir en sociedad. Hoy, la escuela se ha transformado en un mundo que se contagia con el exterior, que toma hábitos y prácticas de afuera, en las que los chicos dicen “pero en mi casa me dejan hacer esto”.
El paro mostró un comienzo de año con padres que iban a la justicia para pedir clases para sus hijos y otros que apoyaban el paro. Lo mismo ocurrió con las tomas, madres que llegaban con la vianda para sus hijos que se encontraban tomando la escuela, pero que manifestaban su oposición a la toma. Amenaza a las escuelas por supuestas bombas, hechas por chicos con celulares que les habían entregado sus padres, sin poder controlarlos.
La distancia es enorme, muy difícil de retornar, son diálogos entre mundos que no parecen tener un punto de encuentro, un sitio desde el que cada posición se acerque. Y los chicos quedaron en el medio de la grieta, entre el papá que les presta el celular con el que amenazan y el que condena la posición, el que bancó el paro y el que se opone, el que apoya la toma y el que le pide a la Justicia que terminen con ella.
¿Qué hay por arriba de estas posiciones? ¿Dónde se paran los chicos? ¿Dónde se plantea lo que todos debemos obedecer, lo que nos rige? ¿Qué es lo público, lo que está por arriba de todos? ¿Tenemos algunos acuerdos que superen la posición de cada uno? ¿Tenemos pautas que sean de la sociedad más allá de visiones personales? Cuesta encontrarlas, y en tal sentido, es más difícil bajárselas a los chicos, transmitirles acuerdos del mundo adulto, lo que la sociedad piensa de un determinado tema. ¿Qué es la transmisión, entonces? ¿Cuál es el mensaje a transmitir en una sociedad en la que no hay acuerdos?
Cuando todos hablamos de innovación, de escuela creativa, diferente, moderna, quizás debamos pensar si no hay algo en común que la escuela debe transmitir, que pueda parecer menos moderno pero que sea de todos, que nos ayude a vivir juntos, a ser una sociedad.
Para llegar a ser creativo, debe haber normas comunes que permitan innovaciones, espacios de cambio sobre lo establecido, sobre los acuerdos de todos. No nos sirve que mamá discuta a “morir” con papá, con la maestra, los dirigentes entre sí, los maestros con otros maestros.
Algunos acuerdos suman, ofrecen cosas en común a pesar de que no estemos totalmente de acuerdo, y son valiosos porque nos permiten vivir juntos, construir comunidad.
Hagamos un esfuerzo por reconstruir una alianza de los adultos. “La maestra no me deja ir sin uniforme”, dice Miguel; y bueno, se ve que en la escuela es así.

Por: Gustavo Iaies
 

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