La escuela como lugar de cuidado y prevención de las infancias

Lunes 06 de Noviembre de 2017

La importancia de construir proyectos educativos capaces de escuchar a los niños y a las niñas. No existe educación posible sin respeto por el otro en un sentido ético, de reconocimiento del semejante.

¿Cuál es el lugar de la institución educativa ante las infancias violentadas? Para este debate propongo partir de la idea de que uno de los grandes problemas de esta Argentina de hoy es la pérdida de enlace al semejante, es decir, del registro del otro y su sufrimiento. Me refiero a la pérdida del sentimiento de empatía por lo que al otro le ocurre. Y si pensamos a la escuela como lugar de recomposición subjetiva, entonces la escuela se nos presenta como la posibilidad de construir conocimientos que permitan un pensamiento crítico sustentado en el registro del semejante.
Pero debo aclarar que me refiero a la recomposición subjetiva no sólo para los niños y niñas sino para sus padres y madres así como para los mismos maestros/as. Debemos rescatar al sujeto social y ese rescate no lo van a producir los medios de comunicación ya que estos son corporativos, pero sí puede producirlo la escuela.
Se trata de volver a poner en valor la salud, la educación, el trabajo, pero sobre todo debemos recomponer el proyecto educativo. Un proyecto educativo donde los niños y las niñas sean escuchados y alojados en sus singularidades. Sin embargo, debemos preguntarnos con total honestidad: ¿qué proyecto queremos hoy?
Debemos decidir si queremos un proyecto de trasmisión de conocimientos que casi están perimidos al momento de trasmitirlos o un proyecto que enfatice la capacidad de pensar con el otro para construir un futuro posible.
Obviamente este proyecto puede parecer utópico y exige convocar y trabajar con los padres, madres y maestras, a pesar de las diferencias, metabolizando odios para construir solidaridad y respeto por el otro.

Respeto por el otro
No existe educación posible sin respeto por el otro y no me refiero al respeto en un sentido moralista sino en un sentido ético, de reconocimiento del semejante.
La idea del semejante está en el núcleo de todos los modos políticos del pensamiento y aunque parezca una banalidad (no lo es en los tiempos que corren) todo pensamiento es político desde su origen mismo.
La ética atraviesa el tiempo, está caracterizada por el impersonal: eso no se hace. En base a ella, se construyen los pactos intersubjetivos que posibilitan la permanencia de la humanidad Esto se muestra por ejemplo en la formulación de los mandamientos cuyos enunciados son "No matarás" prohibiendo una acción que tendría efectos terribles sobre el otro.
El concepto de culpa aparece así asociado a la transgresión del mandato e incluye al semejante en tanto registra un daño que le ocasiona como efecto de su accionar.
El problema es que en nuestros días y como efecto de las políticas neoliberales que proponen una carrera solitaria hacia el mayor consumo, competitividad, aislamiento y ausencia de solidaridad, el concepto de culpa parece haberse perdido en el imaginario social. Es decir, parece haberse instalado la idea de que cada uno puede hacer lo que le viene en ganas sin importar el efecto que esto tenga sobre el otro.
El odio por lo diferente que hoy impregna el campo social no permite la construcción del sujeto social y esto compromete severamente el futuro de las generaciones venideras. Es necesario, como Silvia Bleichmar lo señalara, establecer un reordenamiento psíquico en los niños y niñas de primaria y ubicar el nivel inicial en los términos en que debe estar: como semillero de sujetos sociales. Frente a esto cuestiones como la acomodación psicomotriz, pasan a un segundo plano.
Es importante recordar que la relación entre las y los adultos y los/as niños/as es una relación de asimetría simbólica y de capacidad de dominio del mundo. En ese sentido, en la escuela las y los adultos tienen responsabilidades como la instalación de las normas, pero también el cuidado de los niños y las niñas. Es por eso que cualquier situación de vulneración de derechos sufrida por un niño o una niña debe ser escuchada y denunciada por la escuela, poniendo a quien la sufre bajo las medidas de protección necesarias. Silenciarlo es complicidad.

Repensar los tiempos
La escuela tiene un lugar fundamental en el cuidado de las infancias, estas infancias tan vulneradas de nuestro tiempo. Muchas veces son las docentes las únicas a quienes niños y niñas se atreven a relatarles sus catástrofes privadas. Y un niño o una niña que sufre abuso y violencias no tiene posibilidad de construir un proyecto futuro, sólo intenta sobrevivir a una devastación permanente que marcará de forma indeleble toda su existencia.
Debemos sin lugar a dudas repensar los tiempos que nos toca vivir, los modos de sufrimientos que aquejan tanto a los adultos como a los niños y niñas en la profunda devastación que los seres humanos estamos sufriendo en este contexto. Y la escuela, como lugar de construcción de pensamiento y de lazos sociales tiene importancia y responsabilidad en esto.
Apostemos entonces desde la escuela a la reciudadanización de madres y padres, además de la contención para que puedan creer y sostener legalidades aplicables y no se siga destituyendo el valor de la palabra.

Por Bettina Calvi - Doctora en psicología
 

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