"La resistencia a la nueva secundaria es política, se va a implementar igual"

Lunes 06 de Noviembre de 2017

Así se refirió al posicionamiento de los gremios y los docentes, el ministro de Educación Alejandro Finocchiaro. También sostuvo que  "Esta generación que hoy gobierna en el país tiene la obligación moral de crear el futuro para la Argentina”.

-¿Para ser ministro de Educación hoy hay que ser un experto en negociación con los gremios docentes?
-No. Hay que tener un proyecto educativo, hay que saber cuál es la realidad, dónde estamos parados y llevar adelante el proyecto. Hace 34 años que estoy en política y soy profesor universitario hace 21. En mí se conjugan la política y la academia. Pero la provincia es un distrito muy conflictivo y la verdad es que algunos gremios docentes hoy no entienden que debemos cambiar para crear el futuro. Y que eso va a ser a partir de la escuela. Esta generación que gobierna tiene la obligación moral de crear el futuro en la Argentina.

-¿Y será a través de educación?
-Desde este ministerio lo hacemos a partir de la educación, pero todo el Gobierno tiene esa obligación moral. Acá hubo una gran escuela, que es la que pensó Sarmiento, la de la Ley 1.420. Esa escuela laica, pública y gratuita nos igualó, nos puso un guardapolvo blanco, uniformó nuestros saberes, nos hizo cantar el Himno, nos hizo honrar la Bandera y nos hizo argentinos. La Argentina nació en la escuela.

- Pero esa escuela entró en crisis ¿Cómo es la escuela que proyectan para el futuro?
-Necesitamos que el docente cambie su forma de enseñar. Necesitamos un docente que planifique, estructure, guíe, tutoree a los alumnos. Hoy los alumnos pueden producir información porque el conocimiento fluye continuamente por todos los lados. Necesitamos una escuela donde se trabaje en forma colaborativa, en equipo. Pero fundamentalmente que se trabaje por proyectos. Si por ejemplo viene una profesora de economía del secundario y les pide a los chicos que memoricen qué es el concepto PBI, en dos semanas se olvidaron. Que pasaría si se junta con la profesora de matemática, geografía e historia y deciden hacer un proyecto sobre la Unión Europea, donde se dan todos los contenidos mínimos de esas materias, pero se enseñe que el PBI de Alemania es igual al de unos cuantos países juntos, o las razones de la deuda griega, o por qué el intento separatista de Cataluña. O les hablen de porqué Francia produce vinos y los ingleses no.

-¿A cuánto estamos de que eso sea así en todas las escuelas argentinas?
-A no mucho. En el Consejo Federal estamos trabajando en este sentido.

-Pareciera que trabajan mucho los ministros y que se reúnen. Pero después cuando las ideas bajan a las escuelas, como pasó en la Ciudad, aparecen las resistencias y no se las puede materializarse de manera fluida…
-La resistencia es política y no tiene absolutamente nada que ver con la secundaria, que se va a implementar de todos modos. Son pequeñas batallas culturales que tenemos que ir dando y es lo que tenemos que hacer. Tenemos un gobierno que dialoga, con todos los sectores de la comunidad educativa, alumnos, padres, docentes, gremios. Pero que también pondera en su justa medida cada una de las opiniones. Los chicos pueden tener ideas magníficas y nosotros podemos tomar algunas o todas. Ahora, un alumno no puede decidir qué va a estudiar porque no está capacitado para hacerlo. Nosotros podemos escuchar ideas de los gremios, pero ellos también tienen intereses. Sólo es el Estado el que puede dictar medidas educativas, porque representa a toda la sociedad.

-¿No habrá problemas de comunicación? A veces parece que tienen tiene muy buenas ideas para aplicar en Finlandia, pero que en la Argentina requieren de otro tipo de manejo político…
-Nosotros tenemos los pies bien sobre la tierra. Tanto es así que estamos dando las batallas culturales donde las tenemos que dar. La nueva secundaria va a terminar aplicándose en cada una de las provincias de nuestro país, con los modos, los tiempos y las características de cada provincia de acuerdo a sus distintas idiosincrasias.

-Tenían planeado implementarla a partir del año que viene en todo el país. ¿Cambió algo de esos planes tras el conflicto en Capital?
-No. Los ministros plantearon algunas objeciones técnicas que estamos analizando. Yo tengo fe de poder sacarla antes de fin de año desde el Consejo Federal. Y si no se puede, haremos convenios bilaterales con aquellas provincias que quieran implementarla.

-¿Cómo tiene que ser el quinto año de la secundaria?
-Un año donde los alumnos comiencen a vivir como es el mundo real. Por eso las prácticas educativas, que pueden ser en empresas, en fundaciones, en el Estado. Tenemos que acercar a los chicos al mundo real.

-Pasaron casi dos años de Gobierno, ya tenemos las pruebas Aprender, que nos dan el diagnóstico de que estamos mal. ¿Cuándo empezamos a mejorar?
-En educación los cambios son muchos más lentos que en la obra pública, por ejemplo. Uno construye un puente y posiblemente lo vea al fin de su mandato. Pero yo creo que en 3 o 4 años nosotros tenemos que empezar a ver que mejoran los índices de retención escolar, que los chicos salen más capacitados para entrar el mundo del trabajo y también a la universidad.

-¿Qué esperan del resultado de las pruebas Aprender que se van a tomar este año?
-Algo muy parecido al año pasado. Puede haber algunos índices de mejora, pero no creo que sean significativos. Si se diera una mejora sustancial es porque algo ha fallado.

-En la campaña habían hablado de construir 3.000 jardines, que luego se convirtieron en 10.000 aulas. ¿Subestimaron la propuesta o fue una promesa de campaña?
-El plan de 3.000 jardines estaba muy bien diseñado, lo que pasó es que en muchos lugares no hay terrenos de la magnitud y las características que necesitamos, o los terrenos salían más caros que el jardín. La plata está y seguimos construyendo. Si algún intendente o gobernador nos dice que necesita una sala de tres, nosotros ampliamos los jardines que existen con nuevas aulas y baterías de baños.

-Quedó también detenida la ley de sala de 3 universal, que fue impulsada por Macri...
-Está en el Senado y entiendo que lo que le ha pasado es que este es un año electoral y no se sancionaron muchas leyes. Pero estoy absolutamente seguro que esa ley va a salir el año que viene. Es muy difícil que alguien esté en contra de llevar al recinto y votar la universalidad de la sala de 3 cuando además el Gobierno nacional se hace cargo económicamente de la infraestructura.

-¿Es así? Algunas provincias tenían temor de no tener los recursos para afrontarlo.
-No, los recursos están. Y es una prioridad del Presidente.

-La Corte está discutiendo la educación religiosa en las escuelas públicas de Salta. ¿No atrasa un poco esa discusión?
-Yo creo que esa discusión quedó saldada en 1884 y que en la genética educativa de la República Argentina se encuentra el laicismo. Esa escuela que fue la que construyó la Argentina lo hizo porque era, es y debe seguir siendo la escuela de todos.

-¿Los chicos de Santa Cruz pasarán de año?
-Hemos intervenido acercando las partes y poniendo dinero para dar aumento salarial que seguramente no es el que los maestros esperan ni merecen, pero es lo que podíamos hacer desde la nación en una provincia que está quebrada como es Santa Cruz. Hace seis semanas hay clases en esa provincia. Y nosotros desde la secretaría de Innovación Educativa estamos trabajando con las autoridades de Santa Cruz con contenidos digitales para que los chicos puedan pasar de año. También se ha alargado el ciclo lectivo. Pero cada uno debe hacerse cargo de sus responsabilidades. Nosotros como nación estamos yendo a trabajar y dar lo mejor de nosotros en una provincia que ha tenido este problema. Estamos haciendo el mayor esfuerzo para que los chicos puedan pasar de año, también es verdad que 100 días sin clases es un daño tremendo. Tenemos que ir evaluándolo.

-Usted afirma que la gratuidad de la universidad es una discusión de hace más de 50 años, pero muchos creen que no es así, que es un debate a plantear hoy.
-Siempre hay gente que atrasa. Para mí los cursos de nivelación de conocimientos que establecieron muchas universidades son muy buenos. Como educador siempre vamos a querer más dinero para educar. Lo que tenemos que ver es cómo invertimos ese dinero, ver si está bien invertido. Tenemos que empezar a hablar de las eficiencias en el sistema educativo. Esta semana fuimos a la escuela de la Tupac en Jujuy, donde había 500 alumnos y 100 auxiliares de portería. Es decir, un auxiliar cada 5 alumnos. En el mejor hotel del mundo no hay un empleado cada 5 pasajeros. Esto es malinvertir la plata para la educación. La ministra de Jujuy empezó a redistribuir el dinero en las escuelas que faltaban. Si empezamos a ver las ineficiencias del sistema, el ausentismo docente, ver cómo lo podemos pagar más a los que más se capacitan. No pagarles menos a los que están.

-¿Quiere ser intendente de La Matanza en 2019?
-Quiero que La Matanza ingrese al siglo XXI. En Cambiemos somos un equipo y yo estoy trabajando para que Cambiemos gane en el 2019. Yo soy matancero, viví más de la mitad de mi vida en La Matanza. Y sé que los matanceros merecen más que pedir por cloacas. Eso es indigno a esta altura del siglo XXI. La Matanza es el distrito que más tierras tiene en el Conurbano: podemos desarrollar parques industriales, podemos atraer capitales para que vayan, se establezcan y den trabajo. La Matanza es pobre porque los que los que la gobiernan desde hace 34 años consideraron que la pobreza es el mejor negocio para ellos. La pobreza y la ignorancia es lo que hace que sigan ganando.

-¿Qué es lo que va a estar en juego en 2019 en ese distrito de tanta influencia en la Provincia y en la Nación?
-Es importante que nosotros ganemos. Si me preguntás si quiero ser, sí. Quiero ser intendente. Pero eso lo va a decidir nuestro espacio. Yo quiero ver a La Matanza liberada.

Un “bostero” que de chico supo lo que es la pobreza
Hubo un momento en la larga charla que mantuvo con Clarín en la que el ministro Finocchiaro se quebró y de sus ojos asomaron algunas lágrimas. Fue cuando recordó los malos momentos que vivió su familia cuando él tenía 10 años y su padre se quedó sin trabajo. “Vivíamos en una casa que no tenía el baño adentro y no había agua caliente, nos bañábamos calentando agua en un fuentón de metal”, recuerda de esos tiempos en Villa Constructora, en La Matanza, donde los Finocchiaro fueron a vivir después de que “el viejo” -como llama a su padre- probara suerte en Chivilcoy con un almacén que terminó de mala manera. “Fue una época muy dura. Pienso lo que debe haber sentido mi viejo cada vez que tenía que salir de casa sin saber si podía traer algo a su vuelta”, dice.
La madre, maestra normal nacional, es la otra protagonista de esta historia. Y para Finocchiaro, el principal motor de su futura trayectoria. “Me acuerdo que en esos peores momentos me leía todas las noches antes de dormir. En mi casa nunca se dudó de que yo iba a ir a la universidad, y todo eso fue obra de mi mamá. Quizás no sea casualidad que haya terminado como ministro de Educación. Yo he visto lo que puede producir la educación en una vida”, afirma.
Finocchiaro hoy tiene 50 años y es uno de los tantos de su generación que ingresó a la política con el aluvión de la primavera democrática del 83. Pero a diferencias de la mayoría que militaba en el radicalismo de Alfonsín o en el peronismo, Finocchiaro se sumó a la UCeDé, que por entonces dirigía Alvaro Alsogaray. “Empecé en el 83, pero mi gran militancia se da con Upau en la facultad de Derecho. En el 87 le ganamos a Franja Morada, pero hay una mala imagen de Upau: el 80% éramos jóvenes idealistas que creíamos en la libertad, el respeto a la constitución y los derechos individuales”, dice. La otra gran pasión del ministro de Educación tiene los colores azul y oro. Y hasta se permite una distinción lingüística, una seña de identidad: él no es hincha de Boca, él es “bostero”. Lo explica así: “Es una categoría superior. Para los bosteros lo único importante es ganar: juega bien el equipo que gana”. Cuando se le pregunta si hay alguna manera de “ganar a lo bostero” no duda. “Sí. Con mucha transpiración, dejando el alma en la cancha, y con la pasión de saber que el minuto 90 aunque estemos reventados lo jugamos igual que el primero”. Seguramente tendrá que transpirar a lo bostero para lograr los objetivos que se trazó, tanto en la transformación educativa como en sus aspiraciones políticas. Tendrá que correr hasta el minuto noventa.

Por: Ricardo Braginsky
 

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