Propuesta para Mejorar la Escuela Secundaria: La Escuela Colaborativa

Lunes 06 de Noviembre de 2017

El mejor proyecto que puedes implementar en tu escuela es aquel que provoque cambios de mejoras sustentables en la vida de los estudiantes. Si hablamos de la escuela secundaria, esas mejoras tienen que ver con ayudar a que más adolescentes terminen sus estudios en tiempo y forma – es decir, aprendiendo y aprobando las materias – y haciendo todo lo posible para que permanezcan en la escuela,  guiándolos para que desplieguen su potencial.
El proyecto “La Escuela Colaborativa” impulsa dos objetivos concretos:  a) que haya menos abandono y repitencia, y b) que más adolescentes egresen con título. Para eso propone 7 lineamientos que se apoyan en la inteligencia colectiva de grupos de afinidad de la comunidad (docentes, padres, alumnos, egresados, redes de apoyo) para que trabajen colaborativamente durante cada año lectivo, trimestre a trimestre, en pos de concretar esas metas.

Esos 7 lineamientos son:
1. Radiografiar la escuela
El primer paso consistirá en confeccionar las estadísticas claves de la escuela para conocer dos datos principales que muestren cómo es el desempeño en el colegio. Esas estadísticas son dos:
a) Cantidad de alumnos que ingresaron en primer año Vs. alumnos que egresaron del último. 
b) Cantidad de alumnos que llegaron al último año Vs. alumnos que egresaron con título. 
Esta información servirá para tener datos de la actualidad de la escuela con el fin de proponer objetivos de mejoras. Aunque los datos que arrojen esas estadísticas sean malos, serán muy útiles para que el equipo directivo y los docentes puedan trabajar en metas concretas para  mejorarlos.
Ejemplos: sobre datos que se observan en las escuelas secundarias podemos tener:
a) 100 / 30: Significa que, en un determinado año lectivo,  en la escuela ingresaron 100 alumnos a primer año y egresaron 30
b) 50 / 30: Significa que llegaron al último año 50, pero sólo 30 lograron egresar con todas las materias aprobadas.
Conocer estos datos y, fundamentalmente, compartirlos con toda la comunidad educativa resultará de gran ayuda para el equipo docente y directivo, para comprender la realidad de la escuela y buscar colaborativamente cambios de mejoras que produzcan más egresados. Siguiendo con el ejemplo nos podríamos plantear la siguiente meta:
a) 100 / 70: que por cada 100 alumnos que ingresaron a primer año,  la escuela genere 70 alumnos – egresados –  listos para comenzar con su vida laboral y/o continuar con su formación post-secundaria
Quisiera comentar un caso que marca la importancia de esa información cuando se quiere provocar cambios de mejoras en las escuelas. Hace unos años tuve la oportunidad de elaborar esas estadísticas para un colegio secundario de la Ciudad de Buenos Aires. Fue posible gracias al compromiso de su rectora en querer hacer visible esa información, con el convencimiento que sería positivo para la comunidad. Cuando presenté los gráficos (en ese caso eran 100 ingresos a primer año y sólo 30 egresos con título describiendo cuatro años tomados al azar) muchos docentes de esa misma escuela me preguntaron a qué institución correspondían esos datos; desconocían totalmente la realidad de su escuela. Meses después, una sus  docentes me comentó que haber tomado conocimiento de esas estadísticas había generado un gran impacto en muchos de los profesores y que eso impulsó un trabajo más colaborativo entre ellos para ver cómo podían revertir esas cifras.
Datos recopilados por el autor de esta nota a partir de la información aportada por la escuela. Nótese la baja tasa de egresados entendida como alumnos que ingresan a primer año Vs. alumnos que egresan con título. No es un caso aislado, sucede en todas las escuelas secundarias públicas del país.

2. Determinar el 20% de las materias que producen el 80% de los aplazos para cada uno de los años o niveles de estudio.
Conocer esta información nos ayudará a re-dirigir los esfuerzos de enseñanza y obtener apoyos para que se concentren en que haya más alumnos que aprueben esas materias, trimestre a trimestre. Una forma de conocer esa información es accediendo a datos estadísticos de la escuela, listando las materias que producen la mayor cantidad de aplazos.
El abandono empieza por darnos señales claras: jóvenes que se llevan varias materias y que a partir de segundo año – o tercero – la sumatoria de las previas provoca su abrupta salida del sistema. El desafío consiste en abordar el problema antes que esas señales surjan. Si podemos monitorear el desempeño de los alumnos desde el primer día de clase – por ejemplo, usando un sistema informático, App u otra herramienta TIC que sea colaborativa – podremos desplegar a tiempo los apoyos que esos jóvenes necesitarán para aprobar y continuar con sus estudios. Esos apoyos pueden surgir de equipos colaborativos que se conforman para ese fin concreto, tal como se explica en el punto 4. La participación del docente en este proceso será esencial, a partir de su diagnostico y recomendaciones para reforzar el desempeño de esos equipos.

3. Describir los sistemas de gestión de la escuela respecto de notas y clasificaciones, administración y mantenimiento y sistemas de comunicación con la comunidad educativa (profesores, padres, alumnos)
La forma y el momento en que se informan las notas de los estudiantes, como así también los sistemas que utiliza la escuela para registrarlos,  son muy importantes para poder articular los procesos de apoyo que se describieron en el punto anterior. Conocidas las materias más difíciles, contar a tiempo con las notas de las evaluaciones ayudará a la escuela a desplegar apoyos y acompañamiento para ir reduciendo durante el año el porcentaje de aplazos. Hoy existen varias Apps gratuitas que pueden utilizarse para ese fin, como las herramientas de Google (Docs y Formularios) que permiten generar datos y compartirlos en la Web de forma segura y confidencial.
También resulta importante saber si la escuela cuenta con esquemas o sistemas de comunicación  con padres y la comunidad educativa. Un sistema  eficiente, moderno y fluido con las familias generará a largo plazo una mayor empatía reduciendo los conflictos internos e impulsando el compromiso de esa comunidad para mejorar la escuela o, mejor dicho, el desempleo escolar de sus alumnos. Una página en Facebook podría ser una muy buena herramienta de comunicación. Ese sistema de comunicación – u otros que se elegían – será de mucha ayuda para la implementación del siguiente punto.

4. Identificar las “redes de apoyo” de la escuela (ex alumnos, ex docentes, ONGs, empresas, otras)
Toda institución necesita apoyos, no sólo de las autoridades educativas sino – fundamentalmente – de su comunidad. La idea de conocer cuáles son esas redes servirá para ayudar a la escuela en la concreción de sus objetivos. Por ejemplo, en relación con el punto 2, podemos buscar en familias, ONGs y empresas de la zona recursos que ayuden a asistir y acompañar a los alumnos para que puedan aprobar las materias más difíciles.
También será muy importante considerar a ex-alumnos para que formen parte de esas redes, invitándolos a dar clases de apoyo y tutorías a los estudiantes que lo necesiten.
En la comunidad hay muchas ganas de participar para ayudar a la escuela a mejorar, en colaborar  para crear un verdadero clima de participación. Si los padres, que sí están interesados en que sus hijos aprendan y terminen sus estudios, que viven la etapa del secundario con mucha preocupación y temores respecto del futuro de sus hijos,  tuvieran la oportunidad concreta de sumar sus esfuerzos para ayudarlos – y a sus compañeros –  se sumarán a esta iniciativa.
En el siguiente post describo una forma de implementar este punto: “La Escuela Colaborativa: Diseñando las Redes de Apoyo“
Sobre la escuela y el mundo del trabajo. Es necesario profundizar ese vínculo, especialmente para que la escuela esté integrada, informada y actualizada sobre los cambios que se van produciendo en el mundo del trabajo.  Esa relación ayudará a generar nuevas estrategias de enseñanza, a proveer nuevas fuentes de motivación para docentes y estudiantes, y para aunar esfuerzos en pos de un mismo objetivo: que más adolescentes terminen en tiempo y forma sus estudios. Sobre este punto  recomiendo la lectura del siguiente post “Conectando la Escuela con el Mundo del Trabajo”

5. Identificar fuentes de financiamiento de la escuela.
Nunca alcanzan los recursos para hacer todo lo que la escuela necesita hacer, esencialmente porque el Estado no envía los fondos para ello (o envía poco) .  Por eso es necesario identificar a qué otras fuentes de financiamiento puede acceder  la institución. La Cooperadora escolar, si está presente, es un canal para conseguir esos recursos. También existen sistemas de financiamiento colectivo en donde grupos de personas donan dinero para proyectos sociales. La escuela pueda participar en este tipo de financiamientos para obtener recursos adicionales.
Respecto de la Cooperadora, un comentario adicional: es necesario que los padres que formen parte busquen capacitarse en gestión de presupuestos, recaudación de fondos, gestión de proyectos, comunicación y contabilidad. Contar con un equipo formado y preparado será de gran ayuda e incentivo para la escuela. Saber que cada proyecto que se proponga puede concretarse en tiempo y forma – proyectos que son a favor del desarrollo de los alumnos –  será una potente motivación para el resto de la comunidad educativa.
 

6. Radiografiar el aprendizaje en el aula (herramientas que se emplean, estrategias que se utilizan, administración de los recursos, etc.)
Este punto se relaciona con lo que vimos en el 2. Siempre pensando en cómo podemos sumar apoyos para que más alumnos aprueben las materias que producen el 80% de los aplazos, necesitamos primero entender cómo es el proceso de aprendizaje de esas materias en el aula. Seguramente surgirían múltiples ideas para mejorarlo e inmediatamente se notará el faltante de recursos para ponerlas en marcha. Aquí entonces tenemos que volver al punto 4 y 5 para pensar cómo las redes de la escuela y la cooperadora pueden intervenir para proveer esos recursos faltantes. Ejemplos:
a) Si padres o madres de la escuela se especializan en matemática o contabilidad, materias que resultan de las más difíciles para los estudiantes, podemos pensar cómo nos pueden ayudar con clases de apoyo (la idea es reducir el 80% de aplazos que se mencionó en el punto 2).
b) Si podemos identificar empresas que estén cerca de la escuela, podemos pensar cómo le pedimos trabajo de voluntariado de sus empleados para que vengan a la escuela a asistir a alumnos  con dificultades en determinadas materias.
c) Si podemos identificar una asociación vecinal del barrio  también podemos ver con ellos de qué forma pueden apoyar a esos alumnos durante el aprendizaje de las materias difíciles.
d) Podemos convocar a ex alumnos de la escuela y ex docentes para que se sumen a acompañar a los estudiantes, para que logren aprobar las materias “filtro”.
Sobre las metodologías de enseñanza. El aprendizaje basado en proyectos es una estrategia distinta, original y que si es bien conducida puede revitalizar el interés por aprender. Sobre este punto recomiendo la lectura del siguiente post “Aprendizaje basado en proyectos. Cómo diseñar un mural usando Coggle” y también “Pares de Palabras” metodología para resolver en forma creativa los problemas de la escuela”

7. Definir los objetivos que se buscan alcanzar en el año
Transitar el camino que nos llevó ir del punto 1 al 6 nos dará un panorama más cierto y concreto de cómo está la escuela, cómo es el desempeño de los adolescentes y – fundamentalmente – cómo se desenvuelven los adultos alrededor de ello. A partir de allí podremos definir los objetivos que directores y docentes se propongan para el año. Los más importantes:  a) que haya menos abandono escolar y repitencia en la escuela, y b) que más alumnos egresen con título, metas que debemos ir concretando trimestre a trimestre.

Por Cristian Parodi
 

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