La vieja y la nueva educación privada

Miercoles 29 de Noviembre de 2017

En un encuentro internacional se discutió sobre privatizaciones y políticas educativas en la Argentina.

En el marco del seminario “Viejas y nuevas formas de mercantilización de la educación”, investigadores, gremialistas y activistas locales y extranjeros, que trabajan sobre las diferentes formas de privatización de la educación, conformaron, en la ciudad de Buenos Aires, un espacio de discusión y reflexión sobre las representaciones y los efectos de la globalización capitalista en esta área de desarrollo. Lo crearon con el objetivo de producir conocimiento y pensamiento en torno a las políticas educativas y a las deudas que dificultan la igualdad y la justicia formativa. El encuentro fue organizado por la Universidad Pedagógica Nacional (UNIPE), el Centro de Estudios Interdisciplinarios en Educación, Cultura y Sociedad (CEIECS) de la Escuela de Humanidades de la Universidad Nacional de San Martín, el Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Educación (IICE) de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, el GT de Educación Superior y GT Políticas Educativas y Derecho a la educación del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (CCC) y CTERA.
En este contexto, el pedagogo y profesor de la Universidad de Nueva York Gary Anderson señaló que la privatización en la educación ocurre de una forma un poco diferente a la que se da en la industria: “Por eso se llama mercantilización, porque la educación pública representa para algunos un mercado potencial y son muchas las compañías que venden productos, sobre todo tecnológicos, en todo el mundo”. Las llaman edu-business, “negocios de la educación”. Es que los especialistas están empezando a estudiar “cuantiosas formas de privatización” y hay muchas organizaciones, think tanks, “que promueven la privatización por fines de lucro o porque creen que la enseñanza privada es más eficaz que la pública”.
También expuso allí el doctor Jorge Gorostiaga, profesor de la UNSAM y del posgrado Di Tella en el área educación e investigador del CONICET. Sostuvo que la privatización y la mercantilización son tendencias o fenómenos con cierta preponderancia en las últimas décadas y “temas de preocupación académica y también política en términos de la administración y la organización de los sistemas educativos”. Aclaró que se suele identificar a los 90 con una visión más neoliberal, o más proclive a dar un espacio importante a la educación privada, y que lo que vemos, paradójicamente, es que en un momento en que cambió el discurso y muchas de las políticas, “el sector privado siguió creciendo en casi todos los niveles educativos del caso argentino”. También entiende que hay un discurso y tendencias a nivel global que se manifiestan de manera distinta en cada país.
Anderson coincide en que la privatización de la educación es parte de una tendencia más grande: “Las fuerzas privatizadoras son bastante sofisticadas, primero porque tienen mucho dinero de las corporaciones detrás, entonces forman parte de una ideología de mercado mucho más general, una especie de gerencialismo, de transferir conceptos del sector privado al sector público”, algo que se denomina “la nueva gestión pública”. En cuanto a la situación en la Argentina, sostiene que la privatización se dio con los subsidios a las escuelas privadas, que “no tiene nada que ver con la política neoliberal, sino que viene de la iglesia católica y otra política anterior”.
Para la licenciada Myriam Feldfeber, profesora e investigadora del IICE-UBA y Máster en Ciencias Sociales con orientación en Educación de FLACSO, primero hay que pensar cómo definimos lo público y lo privado. “Es importante la diferenciación de escuelas privadas o proceso de privatización histórica que en nuestro país y en otros tienen que ver sobre todo con la iglesia católica, que justamente se definen en un poder que va mucho más allá de la educación”. Sin embargo, dice que lo que más le preocupa es otro poder, “el avance de esta mercantilización”, porque no se trata sólo de privatización, sino de una “lógica mercantil en la que la educación es una mercancía”. Ella habla de “maravillosas ONGs que llegan para salvarnos de la ‘mala educación’: se instaló la idea de que lo privado daría respuestas a la crisis del formato de la escuela moderna, en términos de cómo está organizada. Yo revisaría el supuesto de que la escuela privada no responde a esos mismos cánones”. Según la licenciada, lo privado valorizado como respuesta a los problemas hay que leerlo en clave de demandas individuales y de que las familias buscan la socialización entre iguales.
Por su parte, Gorostiaga plantea la pérdida de un sentido común de la educación: “cómo se diluyen los objetivos originales de integración social y de socialización alrededor de valores comunes, y cómo la dinámica de los sistemas educativos, no sólo por los procesos de privatización sino también por los procesos de segmentación dentro del sistema público, generan nichos de educación que responden a sectores sociales (o grupos) particulares”. Plantea que con esta dinámica los sectores de menores recursos parecen ser los grandes perdedores, “porque no acceden a una educación que les dé todas las posibilidades que el sistema educativo tradicional prometía en términos de movilidad social y de cierta igualación de condiciones para la entrada al mercado de trabajo o para seguir estudios superiores”.
Teniendo en cuenta que los consensos en educación son difíciles y que, como dice Gorostiaga, “tenemos dificultad para generar mecanismos de debate público sobre qué tipo de educación queremos, para qué modelo de desarrollo y para qué ciudadano”, hay algo en lo que todos están de acuerdo: si perdemos lo público, perdemos la democracia. Gorostiaga insiste en que en alguna medida el sistema educativo debería tratar de recuperar ese carácter de deliberación y de preparación para la vida democrática. “La posibilidad de una democracia auténtica radica en la posibilidad de una sociedad con ciertos niveles de igualdad y, tradicionalmente, la promesa de la educación pública fue la de lograr ciertos niveles de equidad”.
Feldfeber sostiene que algo que se vincula con la democracia –y que se perdió en estos debates– es la soberanía popular. “Lo público no debe pensarse sólo en términos de libre acceso y financiamiento –condiciones necesarias pero no suficientes–, sino en cómo se discute lo que acontece en términos de construcción o no democrática y de soberanía popular en las escuelas públicas”. Cree que es algo que se fue perdiendo, en el caso de la Argentina, “ya en los 80, 90, con una lógica más tecnocrática, y hoy de la mano de los CEOs y la ceocracia actual. Son temas que han desaparecido del debate público y cuando los traemos aparecen como propios de nostálgicos de la educación”.

Por: Bibiana Ruiz
 

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