La dislexia, una dificultad poco comprendida dentro del aula

Martes 05 de Diciembre de 2017

Es una de las primeras causas de fracaso escolar. Pero pocos docentes conocen sobre el tema. El Ministerio de Educación publicó una capacitación online en la que ya se inscribieron casi 10.000 personas, el 74% docentes.

Martín está en segundo grado, y recientemente fue diagnosticado con dislexia. Su primer grado no fue sencillo, no iba al ritmo de los demás. A medida que avanzaba el año escolar, la brecha era cada vez mayor. Para fin de año, su autoestima estaba por el piso, decía que él era “tonto” y que no podía aprender. Ahora, en nueva escuela, y ya con un diagnóstico, tanto institución, psicopedagoga, familia y niño están en plena etapa de adaptación, para que pueda acceder a los contenidos de la forma que a él le resulten más fácil. Su caso, es uno entre tantos. Esta dificultad de aprendizaje tiene una incidencia estimada de 10%.
Pero ¿qué es la dislexia? Es una Dificultad Específica de Aprendizaje (DEA) que afecta el proceso de lectura y escritura. Es una condición o característica de origen neurobiológico que acompañará a la persona durante toda su vida. No se cura, pero se puede compensar. Especialmente si es detectada a tiempo. En ello, el rol de la escuela es fundamental. Es el ámbito natural en que la dislexia se manifiesta y es el lugar donde deben ofrecerse las herramientas para que pueda ser encaminada y así poder explotar todo el potencial de esa persona. Porque, una de las características de los disléxicos es que su dificultad no proviene de un déficit intelectual. Tienen coeficiente intelectual normal, o incluso elevado.
Con una prevalencia estimada de 10% y teniendo en cuenta que es una de las primeras causas de fracaso escolar, debería ser un tema sumamente difundido entre los docentes. Sin embargo, esto todavía no es así. “Es la pata que nos está faltando para ayudar a los chicos y familias que padecen esta situación. La realidad es que desde la formación docente (el profesorado) no tenemos una asignatura que conecte el conocimiento de las materias con la dislexia”, reflexiona la profesora Paola Gioseffi, coordinadora general del curso de ingreso del Colegio Nacional Buenos Aires. “Hoy hay una mirada sesgada sobre las DEA. Todavía no se conoce la ley 27.306 (aprobada el año pasado) por lo que los docentes aún no se sienten interpelados”, añade.
Aunque la reglamentación aún está pendiente –faltaría muy poco para que su publicación-, la ley está plenamente vigente, dicen los especialistas. “Para que un docente pueda ayudar a un chico con dislexia, necesita además de ponerle onda, tener conocimientos sobre el tema. En eso la capacitación es fundamental”, afirma el presidente de Disfam Argentina (Dislexia y Familia), el pediatra Gustavo Abichacra. “El problema más grande que tenemos es el desconocimiento. Sólo el 15% de los docentes sabe qué es la dislexia. Pero deben entender que hacer las adecuaciones no es una sobreprotección o darle una ventaja. No hacer las adecuaciones sería como negarle los anteojos a un chico que no ve bien”, ejemplifica. No se trata de etiquetar, si no de comprender y brindar las herramientas que necesita cada alumno. 
Precisamente, en septiembre el Ministerio de Educación de la Nación publicó en su muro oficial de Facebook un curso online gratuito sobre dislexia en el que ya se inscribieron 9.597 personas. De ese total, el 74% son docentes. “El curso está teniendo muy buena respuesta de parte de los docentes y del público en general. Es importante, porque muchas veces el docente es quien tiene ese primer signo de alerta y puede orientar a los padres”, explica a Clarín Cristina Lovaris, coordinadora Nacional de Educación Inclusiva. Este curso virtual, denominado “Herramientas para una educación inclusiva. Dislexia, desde el aula al mundo del trabajo” (disponible en www.dislexiacampus.com.ar) fue desarrollado en el marco del convenio que firmó el Ministerio con Samsung para la campaña Dislexia Dytective, que incluye una app para detectar el riesgo de dislexia (no es un diagnóstico).
“El objetivo del curso es poder explicar en forma rápida y masivamente qué es y qué no es la dislexia y qué se hace en caso de tener un alumno o familiar con dislexia”, explica la psicóloga y psicoterapeuta Ruth Rozensztejn, autora del curso junto a la psicopedagoga Liliana Fonseca. “Buscamos presentar el desarrollo de casos, con aplicaciones prácticas. En toda persona con dislexia hay fortalezas y debilidades que se deben tener en cuenta para pensar la adecuación en la escuela”, añade Rozensztejn.
¿Cuáles son las adecuaciones que suelen necesitar los alumnos con dislexia? Los chicos con dislexia no necesitan una modificación de los contenidos, el problema suele ser el acceso a ellos, que no pueden hacerlo de la misma manera que los demás. Entonces, entre las adecuaciones más frecuentes que suelen recomendar los especialistas están: sentarlo cerca de la maestra, simplificar las consignas y dividirlas en pasos claros, darles más tiempo para las evaluaciones, si no pueden hacerlas por escrito, evaluarlos en forma oral para que puedan demostrar todo lo que saben sin caer en la limitación de su lectura y escritura, no tomar en cuenta los errores de ortografía, dentro de las posibilidades, entregarles las consignas por escrito.
“Cada chico necesitará una adaptación particular, según sus características”, añade Gioseffi. Y esas adecuaciones también van cambiando a medida que va a avanzando el alumno en cada etapa escolar. Universidades prestigiosas como Oxford o Stanford tienen pautadas posibles adaptaciones según el tipo de DEA. Porque, el problema de la dislexia no es de capacidad, si no, basta mirar al último Premio Nobel de Química, Jacques Dubochet, que tras recibir la noticia del premio, una de las primeras cosas que recordó fue cuánto sufrió en su infancia por su dislexia y cómo eso lo ayudó a comprender a las personas que padecen dificultades.

Por: Rosario Medina
 

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