"A los chicos les importa cada vez menos llevarse materias"

Martes 05 de Diciembre de 2017

El profesor Fernando Avendaño dice que esto pasa porque no encuentran interés en lo aprenden en la escuela. Cuando el examen es un control de cuántos datos han acumulado los estudiantes no aporta a los aprendizajes.

"A los chicos cada vez les importa menos llevarse materias", dice el profesor Fernando Avendaño sobre cómo se toman los estudiantes secundarios el momento de los exámenes recuperatorios de diciembre o marzo. Más que una mirada crítica sobre los adolescentes, el educador invita a pensar por qué viven como algo natural irse a rendir y cómo ofrecer instancias de evaluación superadoras.
   El gran matemático Beppo Levi prefería las preguntas a las repeticiones de memoria de sus alumnos universitarios. Por eso cuando llegaba el momento de los exámenes dejaba el tradicional bolillero de lado y los invitaba a desarrollar el tema con el que se sintieran más cómodos, a plantear los interrogantes necesarios.
   Si bien en las escuelas secundarias se reconocen experiencias pedagógicas que de alguna manera replican esa idea de Levi, el profesor Avendaño dice que aún prevalece la repetición de datos y de información cuando se trata de aprobar una materia.
   "En general, no siempre, el examen se convierte en un control de información, cuánta información acumuló el alumno. Así planteado, no me parece que sea una instancia de aprendizaje, como debiera serlo", opina quien dirige el doctorado en educación en la Facultad de Humanidades y Artes de Universidad Nacional de Rosario (UNR), y es supervisor del nivel secundario en la Provincia.
   Miradas de esa manera, estas pruebas no son instancias que les sirvan a los chicos para comprender el trayecto escolar transitado: "No las invitan a que reflexionen acerca de sus procesos de aprendizaje, de lo valioso que aprendieron, cuán ligado están a sus intereses esos aprendizajes. No están invitados a dar cuenta de eso sino de una cantidad de datos que retuvieron y nada más".
   El especialista señala que esta manera de pensar la evaluación tiene su correlato "en que a los chicos cada vez les importa menos llevarse materias". "Cuando yo iba a la escuela —continúa— irse a rendir era una situación por lo menos complicada. Ahora no, los chicos con absoluta naturalidad se llevan materias porque, en general, saben que estudiando dos o tres días zafan; si tienen buena memoria sortean el obstáculo. Creo que lo hay que revisar profundamente es esa situación del examen".
   La opinión de Avendaño no tiene una mirada condenatoria hacia los estudiantes, más bien de propuesta a pensar qué pasa con estos exámenes: "Si el sistema educativo les ofreciera cuestiones importantes, desafiantes, potentes los chicos no se llevarían materias. Esta situación la viven como algo natural porque no les interesa lo que pasa en la escuela. Y en realidad no es interesante lo que pasa. Para ellos hay otras maneras de aprender más productivas, rápidas e inteligentes. En ese sentido, la institución escolar compitiendo con otras agencias culturales ha quedado rezagada".

Experiencias pedagógicas
Avendaño cita a modo de ejemplos de exámenes diferentes a los más conocidos, experiencias donde se trabaja con los alumnos la lectura compresiva de determinados documentos o se les pregunta cómo han hecho para reflexionar lo que han argumentado. O bien, el ejemplo de un profesor que les pide que lleven los apuntes que han tomado en clase, los libros que han subrayado y que expliquen por qué lo hicieron; por qué esas anotaciones y no otras. También aquellos docentes que los invitan a ponerse en el lugar del profesor y hacer las preguntas que harían desde ese lugar en un examen. "Son todas ideas muy valiosas, que proponen un trabajo de metacognición bastante interesante, que lleva a los chicos a reflexionar sobre el porqué del aprendizaje", destaca Avendaño.
   En su mirada, cuando lo que pesan son los datos y la información, el examen se vuelve "un obstáculo a sortear, del que hay que zafar de cualquier manera; y por eso hay una sobreabundancia de maestros particulares. Si la escuela cumpliera su función —dice— los maestros particulares no serían necesarios".
   El tiempo de exámenes de diciembre y marzo es también una oportunidad para pensar en el trabajo de enseñanza y cómo transcurren los aprendizajes en el año.
   "Sabemos que hay un currículum oculto, y lo primero que se aprende en la escuela es cómo sobrevivir. Al estudiante no le queda otra —ante esta realidad y por el momento— que adaptarse a las reglas de juego y aprobar. Yo invitaría a los profesores a reflexionar primero sobre la situación de enseñanza y segundo de la situación de examen, que debería ser, como dicen los pedagogos, una situación iluminativa, de poner luz en algunas zonas oscuras, que el chico se vea en situación de aprendiente. Pero eso debe darse en todo el proceso de enseñanza. Si el chico lo único que tiene que hacer es dar respuesta en el examen será igual".

La oportunidad de pensar el aprendizaje
El profesor Fernando Avendaño es también autor de numerosos libros y publicaciones de educación, en particular de los procesos de alfabetización. Considera que los exámenes son una oportunidad para pensar, resignificar los aprendizajes escolares dados en el año. Por eso insiste en que deben tomarse como parte de ese transcurrir de la enseñanza y no la mera superación de un obstáculo.

Por: Marcela Isaías
 

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