Trastornos del lenguaje: algo de lo que debemos hablar

Martes 20 de Febrero de 2018

En la patología de la comunicación infantil existen diversos tipos de déficits. Algunos simples de resolución relativamente rápida como los retrasos simples del lenguaje, y otros con mayor complejidad y cronicidad que requieren la realización de tratamientos prolongados.  La dificultad también en aspectos relacionados con la conducta, el procesamiento sensorial y el aprendizaje,  ya que las limitaciones en la comprensión y en la expresión suelen invadir otros terrenos del desarrollo.

En los últimos 25 a 30 años se han incrementado las patologías de la comunicación y del lenguaje en la población infantil, y de manera inversamente proporcional ha decrecido la cantidad de fonoaudiólogos, únicos profesionales habilitados para el abordaje de estos niños.
Hoy por hoy, existe una enorme demanda profesional orientada a la atención de estos pacientes y en lugares como el Gran Buenos Aires hay niños que suelen esperar hasta un año o más para acceder a la intervención fonoaudiológica requerida.
Paradójicamente, el interés de los estudiantes por ingresar a esta carrera es, aproximadamente, tres veces menor que hace 30 años. Cada año en las Universidades Nacionales se reciben entre 200 y 300 fonoaudiólogos, para una población aproximada de 42 millones de habitantes. En contraste, en Chile egresan anualmente alrededor de 1000 profesionales para una población levemente superior a 17 millones.
La necesidad de fonoaudiólogos es muy evidente en sitios con mayor concentración poblacional como el Gran Buenos Aires, pero existen muchas ciudades en el interior del país donde la densidad poblacional es menor y la carencia se presenta de igual modo.
En la patología de la comunicación y del lenguaje infantil existen diversos tipos de déficits, algunos simples de resolución relativamente rápida como los retrasos simples del lenguaje, y otros con mayor complejidad y cronicidad que requieren la realización de tratamientos prolongados, no sólo en el área de la comunicación, sino también en aspectos relacionados con la conducta, el procesamiento sensorial y el aprendizaje, entre otros, ya que las limitaciones en la comprensión y en la expresión del lenguaje suelen invadir otros terrenos del desarrollo.
Estadísticas internacionales estiman que aproximadamente el 20% de los niños entre 2 y 3 años pueden tener retraso en la adquisición del lenguaje, esto significa que no aprenden a hablar a tiempo (sin que exista otro tipo de problema). Más de la mitad de ellos evolucionan favorablemente -en algunos casos de modo espontáneo y en otros con ayuda profesional-, pero alrededor del 7% continúa con problemas lingüísticos que se pueden sostener en el tiempo alterando no sólo la comunicación, sino también el aprendizaje y las relaciones sociales. Estos pequeños componen la población de Trastorno Específico del Lenguaje.
Existen, además, otros cuadros en donde el lenguaje se ve secundariamente afectado como ocurre en el Autismo, cuya tasa de frecuencia oscila entre 1 /66 a 1/120, la Discapacidad Intelectual con una frecuencia estimada entre 2 y 3%, y la hipoacusia, que afortunadamente puede atenderse desde muy temprano gracias a los programas obligatorios de detección precoz y a la intervención temprana.
En todos los casos mencionados es requerida la intervención del fonoaudiólogo, tanto en dificultades transitorias del lenguaje como en alteraciones complejas. Sin embargo, más allá de la realización del tratamiento fonoaudiológico, es fundamental la capacitación a los padres ya que son quienes conviven con los niños y quienes deben resolver situaciones comunicativas fallidas de modo continuo.

Por: Verónica Maggio - Doctora en Fonoaudiología y directora de la Diplomatura en Trastornos del Lenguaje Infantil 
 

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