Más de la mitad de los alumnos de primaria ya tiene un celular propio

Martes 06 de Marzo de 2018

Según un sondeo, los padres se los dan por seguridad, pero también para evitar aislarlos de sus amigos que ya usan los aparatos.

Fabián Dimau dice que el Día del Niño y la Navidad ya no son lo que eran. Es vendedor en un local de electrodomésticos de Belgrano y allí ya no hay fechas especiales para que madres y padres compren celulares para sus hijos. "Los adultos compran teléfonos nuevos para ellos y les dan el viejo a los chicos, o compran para los chicos a lo largo de todo el año. Ya no es tanto un regalo especial sino algo que aparece como una necesidad también para los pibes", cuenta. Según un estudio de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), el 55% de los chicos que van a la primaria es dueño de su propio celular. Y el 24,4% de los padres de esos chicos piensan en comprarles un teléfono en el corto plazo.
Entre los 600 padres de la Ciudad y el Gran Buenos Aires que fueron consultados por la UAI, más de la mitad dijeron que la entrega de un teléfono a sus hijos fue "por seguridad", mientras que el 12,6% respondió que "para estar conectados con amigos" y el 11,7% aseguró que "porque todos los chicos tienen uno".
"Compré el primer teléfono para mi hijo más grande cuando empezó a volver solo de la escuela, para saber dónde estaba. Y con Nehuén, el segundo, hice lo mismo: va y viene solo en tren y quiero saber dónde está y que se pueda comunicar", explica Carol Ponce. Nehuén está en sexto grado y viaja desde Vicente López a Belgrano todos los días. Agustín, su hijo mayor, va a la escuela secundaria a Núñez. "Los chicos saben que cuando estamos en familia el teléfono no se usa, soy partidiaria de que jueguen y hagan otras cosas. Nehuén y Ciro -tiene dos años- lo usan sobre todo para ver videos: Nenu con el suyo y el más chiquito con el mío. El más grande lo usa para conectarse con sus amigos también. Pero yo superviso todo", sostiene Carol.
Según el estudio de la UAI, el 74,5% de los padres de alumnos de primaria controla el uso que los chicos hacen de su teléfono, cifra que cae al 65,2% en los de secundaria. El 72,1% de los padres cree que el uso de tecnología afecta negativamente a adolescentes y niños, aunque una proporción muy similar -el 74,5%- les advierte sobre la importancia de no estar pendientes del teléfono, la computadora o una consola de videojuegos. Y el 68,2% habla con frecuencia con sus hijos sobre los riesgos que pueden encontrar en las redes sociales.
"Cuando yo era chico y me autorizaron a ir caminando a la escuela, mis papás me sentaron y me dieron indicaciones: sabían era bueno para mi crecimiento, pero que había riesgos, entonces me dijeron que no hablara con desconocidos, que no compartiera las llaves con nadie. A veces a los chicos les tiramos la tecnología por la cabeza y vemos si más adelante les explicamos cuáles son los riesgos", dice Sebastián Bortnik, miembro fundador de Argentina Cibersegura. "A la edad que le des acceso a la tecnología, es el momento de tener la charla, para que el chico incorpore esos cuidados desde el principio, y a los 12 o 13 años, los chicos ya tienen que tener herramientas para cuidarse en Internet", agrega.
Lorena tiene dos hijos: Bautista empieza 1° grado este año, Tobías pasó a 2° año de la secundaria. "El mayor aprendió tanto de tecnología que creo que es una buena experiencia que el segundo tenga también su teléfono: va recibiendo los que nosotros vamos dejando. Se lo damos cuando cada uno de nosotros está enganchado con algo en su teléfono, y le gusta mandar audios con su abuela y su primita, pero yo siempre estoy al lado de él cuando lo usa, que es muy poquito tiempo por día", cuenta. Todos los días, Lorena revisa el celular de su hijo mayor: tiene las claves de sus cuentas en redes sociales. "Al más chiquito se lo doy a veces para que se quede un rato quieto y preste atención a una misma cosa, porque se distrae. Estoy logrando que se enganche con videos", sostiene Lorena.
"No hay nada malo en el uso de celulares. Pero los padres y los maestros son los que deben lograr que ese uso sea un medio y no un fin en sí mismo. Si se usa como fin, la tecnología puede deshumanizar a los chicos. Pero si se usa como medio, sirve para adquirir conocimientos de forma mucho más rápida que antes y para conocer cosas que antes estaban muy alejadas", reflexiona Edgardo De Vincenzi, rector emérito de la UAI.
 “Aún se desconocen cuáles pueden ser las consecuencias a largo plazo de que los chicos usen celular desde edades tempranas y de forma excesiva”. Lo dice el médico Sergio Snieg, del comité de Pediatría Ambulatoria de la Sociedad Argentina de Pediatría. Pero aunque ese uso sea un fenómeno reciente, en su consultorio -y en el de sus colegas- ya se empiezan a notar algunos efectos colaterales.
“La vista está preparada para la mediana y la corta distancia cuando leemos, pero no todo el día, entonces si se acostumbra mucho a esas distancias, después al músculo le puede costar más ver de lejos. A la vez, el uso excesivo del teléfono alimenta el sedentarismo, y eso puede provocar sobrepeso y obesidad”, explica el pediatra. Argentina es el país latinoamericano con mayor índice de sobrepeso y obesidad infantil.
A su consultorio llegan chicos con dolores de cabeza y una de las primeras preguntas que hace Snieg es cuántas horas está delante de una pantalla. También observa dolores de cuello. “La pantalla por sí sola no está mal, pero hay que limitar su uso: que no ocupe el tiempo que pueden ocupar otras actividades, como hacer deporte, andar en bici o aburrirse un rato en el buen sentido para desarrollar la creatividad”, explica el médico. “Hay que evitar darles el teléfono como ‘chupete electrónico’, para que ‘no molesten'. Y en ese sentido, los padres tampoco deberían hacer un uso excesivo, porque los chicos copian lo que ven. No usarlo en la mesa, por ejemplo, es una buena manera de mostrar ese límite”, sostiene.
Laura Jurkowski es psicóloga y directora de Reconectarse, un centro especializado en recuperar a quienes sientan adicción por las nuevas tecnologías. “Los chicos usan el teléfono cada vez más tempranamente. En general es para jugar y para conectarse con otros. El problema surge cuando el celular se vuelve la única herramienta para entretenerse, para calmar su ansiedad o para desarrollar sus aprendizajes”, sostiene.
Según la especialista, para que esos efectos negativos no se produzcan, “los padres deben desarrollar estrategias distintas a apelar siempre al teléfono, y para eso deben limitar el tiempo que los chicos tienen con el aparato, pero también saber qué uso hacen del mismo”. Para Jurkowski, es clave determinar si estar pendientes del celular hace que los chicos se distraigan de otras tareas.
“Muchas de las cosas que los chicos pueden ver a través de Internet son cosas para las que no están preparados, que pueden asustarlos o angustiarlos. Por eso es importante supervisar el uso que hacen, y hablarles de esos riesgos. A la vez, es ideal que los padres no caigan en la facilidad de darles siempre el teléfono para que jueguen y se calmen: hay que buscar otros recursos”, remata.


Julieta Roffo
 

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