Ni Una Menos y la educación

Martes 13 de Marzo de 2018

Hoy se puede aprender mucho por internet pero no a convivir, esa es una oportunidad que brinda la escuela.
La violencia contra las mujeres y su expresión más violenta, el femicidio, se enraiza en la discriminación del sistema patriarcal —el más antiguo de los sistemas de opresión— que considera a las mujeres sujetos inferiores.
 

Este sistema ha sido sostenido a través del tiempo en el discurso jurídico, médico, filosófico y científico.
El patriarcado es una forma de organización social construida sobre la superioridad de los varones. Seguramente las mujeres no son el único colectivo sometido pero esta dominación ha estado naturalizada y sostenida por usos, costumbres, tradiciones, normas familiares y hábitos sociales, prejuicios, leyes que se transmiten de una generación a otra. Define los estereotipos de género, es decir qué se espera de un varón, qué se espera de una mujer. Y de esta manera sostiene, como del orden de la "naturaleza", construcciones que son absolutamente culturales y que, por lo tanto, pueden ser deconstruidas y transformadas.
Desnudar y denunciar el patriarcado ha sido el tremendo aporte del feminismo y de la teoría de género que los sectores fundamentalistas demonizan, precisamente porque viene a poner en cuestión un status quo que se resiste a cambiar.
La división sexual del trabajo —más allá que las mujeres hayan ingresado en número significativo al mundo laboral— resulta muy conveniente para los hombres y los Estados. En la medida que ellas se encargan de las tareas del hogar y de cuidado y estas obligaciones no son remuneradas, el soporte de las sociedades está garantizado. Eso sí, sobre el esfuerzo tremendo de doble carga laboral, sobre la salud y el desmerecimiento de una labor que no sabe de feriados, vacaciones, aguinaldos ni licencia alguna. No puedo evitar mencionar esa publicidad que dice "las madres no pueden enfermarse", entonces escondamos su malestar con una píldora que le permita seguir adelante, no importan las consecuencias.
¿Cómo se transforma este sistema? Con legislación igualitaria, con políticas públicas, con un sistema judicial que responda a los stándares internacionales de derechos humanos de las mujeres y, por supuesto, con educación.

La escuela es sexista
 Llamamos sexismo a todos aquellos procesos que limitan el desarrollo de las potencialidades integrales de cada persona por razón de su sexo. Es la discriminación relacionada con la pertenencia a un sexo determinado y se perpetúa al aceptarse patrones conductuales como naturales, lógicos y permanentes.
Gloria Bonder (psicóloga, máster en género y educación) dice que históricamente la escuela fue creada por y para varones y, en ese sentido, las mujeres fueron y siguen siendo un agregado.
Es interesante ver que el reclamo de la primera revista hecha por una mujer, "La Aljaba", que se supone era de Petrona Rosende de Sierra —y decimos se supone por cuanto hubiera sido muy audaz en los inicios del siglo XIX en estas tierras del Plata que una mujer editara una revista— el reclamo era por educación para las niñas, una educación que no se limitara a enseñar de bordar, coser y tejer.
Usted me dirá "las cosas cambiaron!!". Seguramente, pero no tanto si todavía tenemos hombres que matan a una mujer y la desechan en la basura, que la matan porque sí o porque "sos mía o de nadie", porque asesinan a los hijos e hijas para lastimarla, que pueden violar y luego escudarse en que la joven los provocó, ante una justicia que, en la mayoría de los casos, investiga más a la víctima que al victimario. (El mito de Eva, la pecadora que induce al ingenuo Adán es muy fuerte).
Es por ello que la Convención para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres (Convención de Belem do Para) establece en su artículo 8 que los Estados se comprometen a "modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, incluyendo el diseño de programa de educación formales y no formales apropiados a todo nivel del proceso educativo, para contrarrestar prejuicios y costumbres y todo tipo de prácticas, que se basen en la premisa de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los géneros o en los papeles estereotipados para el hombre y la mujer que legitiman o exacerban la violencia contra la mujer".
Por su parte, la Convención internacional para la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer solicita a los Estados "la eliminación de todo concepto estereotipado de los papeles masculinos y femeninos en todos los niveles y en todas las formas de enseñanza, en particular, mediante la modificación de los libros y programas escolares y la adaptación de los métodos de enseñanza".
Estos compromisos dan cuenta de la necesidad de erradicar estereotipos culturales para eliminar la discriminación que se traduce en violencia y, a su vez, la importancia que se le adjudica a la educación como polea de transmisión de estos estereotipos o su fenomenal posibilidad de transformarse en un punto de inflexión en la formación de sujetos diferentes.
El sexismo lo encontramos tanto en el currículo explícito como en el oculto. Hablamos de contenidos que omiten el lugar de las mujeres en la historia, en los descubrimientos científicos, en las artes, pero también hablamos del aprendizaje de valores, actitudes, significados, supuestos no intencionales que se dan en el contexto escolar.
Incorporar la perspectiva de género en la educación supone desarrollar definiciones conceptuales y estrategias educativas, revisar los diseños curriculares y la práctica docente. Preguntarse: ¿espero lo mismo de niños y niñas, en su rendimiento, en su comportamiento? ¿Estoy atenta a la violencia verbal, a la discriminación, a los apodos peyorativos, a las descalificaciones? Hoy se puede aprender mucho por internet, pero no a convivir, esa es una oportunidad que da la escuela.
No es fácil romper estructuras, no es sencillo que padres y madres comprendan que los juguetes sexistas acentúan las diferencias, pero esa también es una tarea docente. Existe una herramienta que es la educación sexual integral, el material aportado es muy apropiado para trabajar la igualdad, el respeto y para cuestionar los estereotipos de género.
Ni Una Menos es posible en la medida que construyamos una sociedad igualitaria, donde no haya machitos fuertes y niñitas sumisas. Es una tarea de todos y todas.

Por Viviana Della Siega
 

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