Universidades preocupadas por la educación internacional

Lunes 02 de Abril de 2018

La internacionalización de la educación crece año a año. Pero algunos creen que el auge de los nacionalismos generará trabas.

Desde la creación del Espacio Europeo de Educación Superior en 1999, que unificó el formato de la currícula universitaria para todos los países de la zona e implementó el programa de becas Erasmus para la movilidad estudiantil, la internacionalización de la educación superior cobró un impulso impensado.
No solo son cada vez más los estudiantes que viajan para hacer parte de sus estudios en un país extranjero, sino que las propias universidades, a través de sucursales o franquicias, acuerdos de doble titulación y programas a distancia, cruzaron sus propias fronteras.
Para el año 2025, la demanda de educación internacional aumentará a 7,2 millones de estudiantes, según datos publicados por la UNESCO. En el año 2000, era de 1,2 millones. Demás está decir que, además de enriquecer el proceso de aprendizaje, la movilidad de estudiantes es también un lucrativo negocio.
Durante la IX Conferencia “Reinventando la educación superior”, organizada por el Instituo de Empresa de Madrid, una treintena de expertos de África, Asia, Europa y Estados Unidos —gestores y académicos— se reunieron para discutir “La educación superior en tiempo de antiglobalización”. Por América Latina participaron David Garza, rector del Tecnológico de Monterrey (Tec), y Federico Valdés, rector de la Universidad del Desarrollo de Chile.
Allí se alzaron algunas voces de alarma ante lo que podría ser un cambio en la tendencia. La visión predominante fue que con el auge de los nacionalismos y del proteccionismo a nivel global, se pueden poner en marcha “políticas educativas que, en algunos casos, suponen una barrera al libre movimiento del talento”.
Para 2025, habrá 7,2 millones de estudiantes internacionales. En el año 2000, eran 1,2 millones, según datos de la UNESCO.
La discusión es compleja, ya que los procesos de internacionalización de la educación se produjeron según los estándares del modelo universitario anglosajón y los procesos de acreditación internacionalizados suponen un ajuste de las políticas locales a esos modelos.
En debate Durante el encuentro, se expresó un acuerdo general de que los procesos de movilidad redundan en “estudiantes con una visión global y una educación multicultural, lo que lleva a una mayor tolerancia”, como observó AbdelhafidDebbarh, asesor del presidente de la UniversitéInternationale de Rabat (Marruecos). Allí esperan “recibir estudiantes internacionales para que conozcan la cultura real y destruir los estereotipos”.
“Para las universidades no hay muros que no puedan saltarse”, enfatizó David Garza, apuntando a Trump. En el Tec de Monterrey, la internacionalización se promovió como una forma de que sus estudiantes aprendieran inglés. “Hoy la entendemos como una experiencia de transformación para los alumnos. El 60% de los estudiantes se gradúa con una experiencia internacional y queremos llegar a que eso sea un requerimiento para graduarse”, aseguró el rector.
Aunque FadloKhuri, presidente de la Universidad Americana de Beirut, señaló la necesidad de ser una institución “que supere el miedo al otro” y que “la internacionalización puede contribuir a contener el conflicto”, también advirtió que “todos los estándares son estadounidenses o europeos. Pero hay conocimiento que no puede ser traducido al inglés. El desafío es que todos los conocimientos sean valorados”.
AssylbekKozhakhmetov, presidente y fundador de Almaty Management University, Kazajistán, fue un poco más allá. Aseguró que la globalización “implica estandarización y limita a las universidades: es la macdonalización de las universidades”. Por eso, aseguró que era necesaria una visión antiglobalización “para promover una globalización diversificada, no monopolizada”.
Por su parte, Ahmad Hasnah, presidente de la Universidad HamadBinKhalifa, de Qatar, consideró que “colaborar no es cambiar a tu socio. Se puede colaborar sin necesidad de cambiar los sistemas: no se trata de unificar”. El punto sería que las universidades pudieran colaborar “en relaciones simétricas”, según Vanessa Scherrer, VP del Instituto de Estudios Políticos de París.

Por: Gabriela Samela
 

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