"Nos encanta etiquetar, pero educar no es matemático"

Lunes 21 de Mayo de 2018

Catherine L´Ecuyer posee una mirada que revela una personalidad especial. Sus ojos, siempre alertas, transmiten una curiosidad constante; una mezcla de inquietudes que se balancean entre la contrariedad y la esperanza. 

Catherine L´Ecuyer es autora de dos best sellers sobre educación, dueña de dos másteres, conferencista, creadora de un blog con más de 1 millón de visitas, protagonista de un video que se hizo viral en Argentina con más de 7 millones de visualizaciones en pocos días y madre de 4 hijos, tiene una rutina diaria que le representa un desafío. Desde las 9:30 hasta las 16, dedica el tiempo a su profesión casi sin pausa, para luego disfrutar al máximo de la tarde con sus hijos.
"Siempre que podemos, vamos a pescar, de camping, a conciertos de música... No vemos televisión abierta, aunque sí muchas películas en familia ", cuenta Catherine, "Con 4 niños es agitado y siempre digo que no soy un modelo a seguir. Hay tantos estilos educativos como familias. Soy una madre imperfecta, con 4 hijos imperfectos casada con un marido "casi" perfecto", continúa divertida.
Modelo o no a seguir, lo cierto es que su tesis, devenida en un libro - Educar en el asombro-, se transformó en una de las teorías de aprendizaje más populares alrededor del mundo.
Como autora, ella es consciente de que las librerías llevan décadas inundadas de diversos métodos a seguir: la crianza con apego, la neurociencia para los niños, la crítica a la hiperpaternidad y tanto más, que llevan a generar confusión y una mezcla de conceptos en los padres, que suelen terminar en reduccionismos equivocados y con la idea de que existen dos bandos: el de los permisivos y el de aquellos que ejercen la educación con autoridad.
"Nos encanta etiquetar a los padres", dice Catherine al respecto, "Y así andamos, con paradigmas simplistas como "permisivo", "autoritario", "padres helicópteros". Esos estilos de crianza son caricaturas que nos ayudan a entender por qué algunos extremos pueden hacer daño a los niños. Pero pueden crear confusión, ya que no contemplan las distintas etapas evolutivas. Por ejemplo, la investigación nos indica que los niños necesitan apegarse a lo largo de la primera infancia. Apego seguro, que se consolida a base de atender a tiempo las necesidades básicas del bebé. En ese sentido, sería un error asociar la lactancia con la sobreprotección. Es increíble, pero hasta ha sucedido que, aprovechando la ola de rechazo al apego asociado a la sobreprotección, alguna empresa de leche en polvo intentó, a partir de allí, hacer su campaña de marketing".
De esta forma, en la visión de Catherine, no es lo mismo traer al colegio el bocadillo al "pobrecito" de 15 años que se lo olvidó en casa, que dejar a un bebé de 3 meses llorando "para que aprenda a dormirse solo".
"Impedir que un hijo temerario se suba a un árbol de 60 metros no nos convierte necesariamente en padres sobreprotectores; ni que jueguen sin supervisión, en permisivos. Lo que quiero decir es que educar no es algo matemático, por eso la industria del consejo empaquetado está haciendo tanto daño", continúa, "Las librerías están llenas de escritos de supuestos expertos que se ven a sí mismos con la autoridad de decirnos lo que hemos de hacer y lo que no para que nuestros hijos obedezcan, coman, duerman y, sobre todo, que utilicen la tecnología de forma perfectamente responsable. Los padres no pueden abdicar de su responsabilidad y dejarla en manos de expertos que ni siquiera conocen a sus hijos. La crianza no se realiza siguiendo las pautas de un manual rígido cerrado a la libertad del educado; educar requiere, entre otras muchas cosas, una gran sensibilidad y una buena dosis de sentido común".

La frontera entre la niñez y la edad adulta
Catherine, ferviente luchadora por retrasar al máximo el uso de dispositivos electrónicos en la infancia, recibe no pocas críticas por parte de educadores que consideran que si los adultos usamos la tecnología, no podemos ser hipócritas y, por coherencia, debemos dejar que los niños también la usen.
"Con esa regla de tres, deberíamos dejarles beber vino o conducir, o al revés, deberíamos irnos nosotros a dormir a las 8 cada día", acota Catherine. "Es curioso cómo se está borrando la frontera entre la niñez y la edad adulta, como si no existiera una diferencia entre un cerebro infantil y uno adulto. Obviamente, no niego que existan adicciones tecnológicas en la adultez; muchos padres debemos aprender a poner al Smartphone en `modo avión´ cuando estamos en el hogar con nuestros hijos; les estamos robando muchas horas de cariño por tener la mirada constantemente pegada a la pantalla. Sin embargo, deberíamos saber que el efecto que tiene la tecnología en un cerebro adulto o infantil, no es el mismo. Las principales asociaciones pediátricas recomiendan que los niños de menos de 2 años no vean la pantalla y que los de 2 a 5 no la vean más de 1 hora al día. No son recomendaciones educativas, sino de sanidad pública. Según la Asociación Canadiense de Pediatría, no hay investigaciones que justifiquen la introducción de la tecnología en la infancia".
Ante el argumento de la necesidad de integrar a los infantes a los tiempos modernos, ella matiza: "somos hijos de nuestros tiempos, pero no esclavos de nuestros tiempos".
 Mientras el niño está ante la pantalla, se están perdiendo otras actividades que son mucho más importantes para su buen desarrollo, como, por ejemplo, el juego desestructurado, las relaciones interpersonales, las experiencias sensoriales, o el tiempo en la naturaleza. Mientras el niño está ante la pantalla, se están perdiendo otras actividades que son mucho más importantes para su buen desarrollo, como, por ejemplo, el juego desestructurado, las relaciones interpersonales, las experiencias sensoriales, o el tiempo en la naturaleza.
Los niños tienen derecho a una infancia libre de fanatismos
Otro dilema en el ámbito de la educación refiere a la tendencia a imponer discursos políticos e ideologías desde una temprana edad. En un mundo donde de por sí se nace con identidad otorgada y el individuo no elige su nombre, dónde vivir, a qué escuela asistir ni, en un comienzo al menos, su religión, muchos padres y escuelas tienden a imponer también, y por sobre lo anterior, sus propias tendencias ideológicas, coartando el desarrollo de una identidad propia e individual.
Al respecto, Catherine dice que la neutralidad no existe. "Tenemos el reciente ejemplo de una herramienta que siempre se ha proclamado `neutra´: Facebook. Mark Zuckerberg reconoció recientemente ante el Congreso de los EEUU que necesitaba asegurarse de que las herramientas que construyen `sean usadas para el bien´. ¿No es paradójico que una plataforma que nació definiéndose `neutra´ acabe siendo la que emite el `nihil obstat´ de lo que pueden o no ver sus usuarios? No existe un criterio `neutro´; si es un criterio, no es neutro por definición. Por lo tanto, si pretendemos educar en la neutralidad, lo haremos con las dos manos atadas. Sin criterio, no se puede educar", afirma.
"Ahora bien, no es lo mismo educar, que adoctrinar políticamente, o dejar que los niños vean las noticias cada día. Los niños tienen derecho a una infancia libre de fanatismo, de odio, de violencia y de adoctrinamiento político. Y tienen derecho a una educación basada en las evidencias, no en las ideologías políticas. La ciencia escapa a las ideologías, porque ella no obedece a consideraciones económicas, de hecho, la ciencia es políticamente incorrecta en extremo", concluye al respecto.
Cuando me levanté y vi la persona que está a mi lado, ¿me asombré?
Las obras de Catherine L´Ecuyer, Educar en el asombro y Educar en la realidad (Plataforma), resaltan la importancia del contacto del niño con su entorno real, en especial con la naturaleza. Contrariados, muchos padres sostienen que carecen de tiempo suficiente como para estar con sus hijos, ya que deben trabajar largas horas para mantener el hogar y/o que viven en la ciudad, alejados de un hábitat natural, lo que dificulta ese educar en el asombro tan ideal.
"La naturaleza es la primera ventana de asombro. Ante ella, nos rendimos a lo irresistible de su belleza y su grandeza", reafirma Catherine, "Es un antídoto al narcisismo, que nos ubica a nosotros mismos como el centro del mundo. Pero para asombrarse, no es preciso vivir aislado del mundo, o pasarse todo el día haciendo excursiones en las montañas. Asombrarse es no dar el mundo por supuesto; ver todo como un regalo; mirar todo lo que nos rodea como si existiera por primera -o por última vez-. ¿Somos personas asombradas? Preguntémonos: esta mañana, cuando me levanté y vi la persona que está a mi lado, ¿me asombré? Tendemos a dar a las personas queridas por supuesto, y eso es una verdadera lástima. Hemos de asombrarnos no solamente porque existen, pero también porque siguen allí, a nuestro lado. El agradecimiento es una consecuencia del asombro. Si queremos hijos agradecidos, hemos de educarles en el asombro".
 Preguntémonos: esta mañana, cuando me levanté y vi la persona que está a mi lado, ¿me asombré? Tendemos a dar a las personas queridas por supuesto, y eso es una verdadera lástima. Preguntémonos: esta mañana, cuando me levanté y vi la persona que está a mi lado, ¿me asombré? Tendemos a dar a las personas queridas por supuesto, y eso es una verdadera lástima.
Aun así, para muchos padres lo más sencillo es rendirse al lugar común de "enchufarlos" frente al televisor o con una tablet. Pero, en ese sentido, ella sostiene que la cuestión no se reduce a si la tecnología en la infancia "es buena o mala".
"Hay otra cuestión mucho más importante y que los estudios en pediatría llaman `el efecto desplazamiento´", afirma. " Es decir, mientras el niño está ante la pantalla, se están perdiendo otras actividades que son mucho más importantes para su buen desarrollo, como, por ejemplo, el juego desestructurado, las relaciones interpersonales, las experiencias sensoriales, o el tiempo en la naturaleza. La idea no es prohibir por prohibir, es dar a nuestros hijos alternativas excelentes".
Los niños no han cambiado, es el entorno en el que se encuentran lo que ha cambiado
Catherine coincide con la Academia Americana de Pediatría: "los niños pequeños aprenden de las interacciones con humanos, no de las pantallas".
"Por ello, encontrarse con una mirada y conectar con ella, esperar el turno para tener la palabra en una conversación, escuchar y guardar el secreto de un amigo, planificar la construcción de un castillo de cartón... Todas esas actividades desarrollan la fortaleza, la templanza, la capacidad de atención, de inhibición, esas cualidades que permitirán eventualmente a ese niño usar la tecnología de forma responsable", continúa.
"Los niños no han cambiado, sino que es el entorno en el que se encuentran lo que ha cambiado. Ellos viven en un mundo con más pantallas que ventanas. Cuando confundimos fascinación pasiva con atención sostenida acabamos educando de una forma tal, que los niños se tornan cada vez más inadaptados a la realidad. Entre otras cosas, porque están expuestos a contenidos audiovisuales que son cada vez más rápidos. Luego, los niños vuelven al mundo real y como la realidad es lenta y exigente, todo les impacienta y les aburre. Debemos redescubrir la realidad cotidiana como un lugar de aprendizaje.
Hay que volver a entornos sobrios y a las actividades lentas que requieren mucha paciencia, como la lectura, la búsqueda de insectos en el bosque con una lupa, la pesca, o cosas tan sencillas como atarse los zapatos. En el colegio trabajan la motricidad fina, pero el problema es que luego usan zapatos con velcro . Los niños nacen con el deseo innato de descubrir, se pasan toda la infancia haciendo preguntas. El niño se pregunta por qué el humo sube arriba, pero la lluvia cae abajo. Se pregunta por qué no consigue tocar la luna cuando acerca su mano hacia ella... Pero el ruido y el ritmo frenético acallan esas preguntas e interrumpen el aprendizaje lento que ocurre cuando un niño entra en contacto con la realidad y se asombra ante ella", finaliza Catherine, con esa mirada tan propia; con ojos tal vez algo preocupados, pero, aun así, llenos de esperanza.

Por: Carina Durn
 

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