La escuela, en un cambio profundo hacia la integración con la comunidad

Lunes 25 de Junio de 2018

El objetivo es fomentar proyectos que solucionen problemas del entorno y atraigan a los chicos. 

Las escuelas aisladas, que solo se ocupan de enseñar a los chicos en el horario escolar y dentro de sus cuatro paredes, tienen los días contados. Sobre todo en el nivel secundario. 
Cada vez se impone más en el ámbito educativo la certeza de que, para cortar la hemorragia de alumnos que abandona la escuela media –un 10% cada año en la Argentina-, se necesita un cambio profundo, tanto de la forma como de los contenidos. Y uno de los puntos más importantes apunta a que los adolescentes le encuentren un sentido a esa institución del siglo XIX que es la escuela. ¿Cómo lograrlo?
Hay varias ideas en danza, pero una apunta a que la escuela “se integre a su comunidad” a través de proyectos institucionales que persigan la solución de algunos de sus problemas más urgentes. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si docentes y alumnos que viven cerca de un río que desborda y produce inundaciones, se pusieran a trabajar en sistemas de detección temprana del crecimiento del nivel del río? ¿Cómo podría contribuir una escuela en comunidades asentadas sobre tierras con altos niveles de contaminación? ¿Los estudiantes le encontrarían un sentido a la escuela si ésta propone proyectos que tengan que ver con su vida cotidiana? ¿Aprenderían así mejor contenidos como Matemática, Lectura, Historia y Geografía?
Expertos y funcionarios creen que sí, y por eso avanza en todo el país, una profunda reforma de la escuela secundaria, conocida como “Secundaria 2030” que apunta en esa dirección. Fue acordada por todos los ministros de educación de la Argentina, a través de una resolución firmada en diciembre del año pasado, y mediante la cual se comprometen a iniciar su implementación “total o parcial” en 2019. Deberá terminar de incorporarse a todas las escuelas en 2025. Algunos distritos ya empezaron. Por ejemplo, Río Negro que ya lo viene implementando desde hace años. O la Ciudad de Buenos Aires, que empezó en este ciclo lectivo con los primeros años de 19 escuelas.
La “Secundaria 2030” tiene como objetivo que los equipos docentes de cada colegio presenten un proyecto educativo que le dé sentido a la escuela y, de este modo, motive a sus estudiantes. Cada escuela, además, deberá planificar el año especificando cuáles son los indicadores de mejora que se plantea, de acuerdo a datos como el informe que entrega la prueba Aprender. Se buscará que ya no haya más “materias sueltas” sino que estén integradas dentro “áreas de conocimiento” que consoliden los aprendizajes y se integren mejor con aplicaciones prácticas.
Además, se busca que no haya más “profesores taxi” que trabajan pocas horas en muchas escuelas y tienen poco contacto con sus alumnos. En su lugar, los profesores deberían ser designados con cargo y jornada completa para una misma escuela, y así se espera que tengan más contacto con los alumnos. Y cambiaría la forma de acreditar los conocimientos: se piensa en flexibilizar la clásica repitencia, un sistema que demostró no tener éxito y provoca que muchos alumnos, especialmente de los sectores más vulnerables, terminen abandonado el colegio.
En rigor, hoy nadie sabe qué forma tendrá la escuela en el futuro, o acaso si existirá otra institución que garantice mejor los aprendizajes de las nuevas generaciones. Lo único que sí se sabe es que el actual formato ya cumplió su ciclo. Y que es urgente cambiar e integrarse a la comunidad.
Muchas escuelas ya lo están intentando. Como en otros ámbitos de la vida, el porvenir aún es incierto.

Por: Ricardo Braginski
 

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