Por qué mirar a Singapur para resucitar la educación argentina

Lunes 09 de Julio de 2018

Pronto Mendoza hará una prueba piloto con el exitoso modelo educativo de Singapur. Lejos de trasplantar un sistema foráneo, el objetivo es revitalizar la educación pública a través de un cambio genuino. Y que la Argentina no pierda el tren de la revolución pedagógica mundial. 

La educación pública corre, en la Argentina, un serio peligro: si no se adapta a la revolución pedagógica que vive el mundo, se hundirá. Dejará la calidad educativa en manos de la iniciativa privada, y perderá su capacidad de proveer, a los sectores de ingresos bajos y medios, la misma formación que a los más encumbrados.
En verdad, ese proceso ya ha comenzado. Pero tiende a agravarse por la resistencia al cambio.
Los chicos de Singapur son, en el mundo, primeros en matemáticas y primeros en ciencias. Es lo que refleja el último índice PISA, resultado de exámenes y estadísticas utilizados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que evaluó a 540.000 alumnos en 72 países.
Pero no sólo son primeros en el PISA.También en el último TIMMS, un índice distinto, elaborado por la Asociación Internacional para la Evaluación del Rendimiento Educativo (IEA), que midió el conocimiento de 600.000 alumnos en 49 países.
No son mediciones aisladas. La OCDE e IEA las hacen periódicamente desde hace muchos años, con Singapur siempre en la vanguardia. Y no sólo eso. Quienes les pisan los talones a los chicos de Singapur son los de Hong Kong, Macao, Taiwán, Japón, China (Shanghai) y Corea del Sur. Todos, países con métodos pedagógicos similares.
Europa -hasta hace unos años, faro de la educación mundial- ha sido desplazada por Oriente. En el último PISA, los chicos franceses quedaron en el puesto 26º. En el TIMMS, en el 35º.
Pero Francia no se demora en descalificar los índices, sugerir que el método Singapur es un negocio u oponerse a la adopción de modelos “extranjerizantes”.
El Ministro de Educación francés, Jean-Michel Blanquer, ha puesto en marcha 21 medidas para que Francia vuelva a ser ejemplo de calidad educativa. En los grados inferiores, está ensayando con el método Singapur, atraído por la filosofía de “la manipulación de objetos, la experimentación y el juego antes de entrar en las abstracciones”.
Los progresos argentinos no pueden medirse ya que, hace un tiempo, el país fue excluido del PISA por adulterar cifras. Ahora debe innovar y poner sus innovaciones a prueba.
En 2017, el gobernador Alfredo Cornejo anunció que Mendoza pondría en marcha, en 2019, una experiencia piloto con el método Singapur. El ex ministro nacional de Educación, Esteban Bullrich, avaló el proyecto.
Fue el primer resultado de una iniciativa que lanzamos en mayo de 2016 desde la Delegación Permanente de la Argentina ante la UNESCO.
Nuestro propósito era crear conciencia, en la Argentina, sobre la importancia de ese método. No trasplantar el sistema sino estimular un cambio en la enseñanza de matemáticas, teniendo en cuenta ese método, que induce a los chicos a descubrir el “por qué” antes que a memorizar el “qué”.
Diseñamos un plan para publicar los textos del método en español rioplatense, y con la modificaciones necesarias.
Trabajamos con la idea de una versión online. Discutimos el papel del estado provincial en la distribución gratuita de los útiles pedagógicos que requiere el método: objetos de distintas cantidades, pesos y medidas. Contactamos a otras dos provincias, que se abstuvieron de hacer un ensayo por temor a las reacciones sindicales.
Ponerse de acuerdo con los sindicatos docentes es, aparte de ineludible, posible. Todo depende de la capacidad de diálogo, la convicción, la información que se provea, el esfuerzo de persuasión, la transparencia y el pluralismo con que se encaren las negociaciones. 
El aumento de la calidad educativa favorecerá la retención de alumnos en la escuela pública, cumplirá con una de las reivindicaciones del progresismo, elevará el estatus social de los maestros, aumentará su productividad y empujará sus remuneraciones hacia arriba.
Tomar el método Singapur como referencia es algo que ahora ha alcanzado nivel nacional, con el Ministerio de Educación impulsando un “consenso federal” para la adopción de nuevas formas de enseñar matemáticas, sin copiar el modelo Singapur pero inspirándose en él.
La decisión tuvo origen en el seminario “Historias de éxito”, que nuestra Delegación organizó en París con expertos de Singapur, China, Japón, Corea del Sur y, de los dos países europeos que, después de los asiáticos, tienen los mejores índices: Finlandia y Estonia.
De Singapur viajó a París, especialmente, Lee Ngan Hoe: una autoridad en pedagogía matemática y autor de numerosos libros sobre el tema (su intervención puede verse en Youtube).

Antes de eso, el índice Aprender 2017 (una suerte de PISA argentino, resultado de la evaluación de 963.470 alumnos en 31.000 escuelas del país) había conmovido al ministro de Educación Alejandro Finocchiaro: 70,2% de los alumnos de quinto y sexto año de la secundaria no pueden resolver problemas matemáticos sencillos.
El ministro fue a París a escuchar, durante dos días, los pro y los contra de los distintos sistemas educativos, y mantener reuniones con distintos expertos. Su mayor interés estaba centrado en las matemáticas y, por los mismo, en Ngan Hoe Lee, a quien invitó a visitar la Argentina.
Dos meses después, con la presencia del experto singapurense, se amplió en Buenos Aires una parte del seminario de París. Fue en el encuentro “Singapur: Sistema Educativo y Modelo Matemático”, dirigido por la Secretaria de Innovación y Calidad Educativa, Mercedes Miguel.
La educación es un abanico que comprende desde las ciencias sociales hasta las artes. También la moral y los derechos humanos. Pero las matemáticas y las ciencias introducen en las sociedades el principio de causalidad, el razonamiento lógico, la necesidad de experimentar y el hábito de las verificaciones. No hay desarrollo económico ni social a falta de esas enseñanzas.
La Argentina, que durante décadas brilló en esa educación, no puede ahora quedarse atrás.

Por: Rodolfo Terragno - político y diplomático
 

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