Educar la razonabilidad y las emociones: Filosofía con niños, niñas y jóvenes

Lunes 06 de Agosto de 2018

¿Qué es ser razonable? Para Matthew Lipman, significa desarrollar habilidades que permitan hacer juicios sólidos, fiables y adecuados a las circunstancias. ¿También se pueden educar las emociones?

Hacer filosofía en las aulas, pone en marcha una serie de disposiciones que estimulan el desarrollo y crecimiento de los estudiantes en tanto que alumnos y en tanto que personas, es decir, en el aula y en la vida.
Racionales somos por nacimiento, tenemos la capacidad de utilizar la razón, nuestro cerebro está diseñado para ver y sentir, para establecer relaciones, etcétera. Pero debemos llegar a ser razonables, para lo cual debemos cultivarnos, debemos aprender y será solo con el trato con los otros que iremos moldeando la propia personalidad intelectual. Atención pues, no hay que confundir aquello que es racional con lo que es razonable. La razón es una de las pocas características que diferencian al ser humano del resto de seres vivos. La razón se opone, por tanto, al instinto, a aquello compulsivo y no-reflejo.
El término “razonable” es un adjetivo calificativo que se puede aplicar a personas, a situaciones o a actos particulares. Ser razonable implica el uso de la razón y es por eso que una persona o un acto razonable serán aquellos que se lleven a cabo de forma lógica. Muchas veces la postura de racionalidad, es decir, del uso de la racionalidad extrema, deja de lado la emocionalidad o el conjunto de sentimientos que uno puede sentir en circunstancias específicas. A veces el término razonable se utiliza en situaciones en las cuales una persona actúa adecuadamente de acuerdo con los parámetros sociales y, en este caso, es sinónimo de conformismo.
Razonabilidad, por tanto, no es pura y simplemente el producto de la actividad lógica de alguien, sino que se construye ladrillo a ladrillo, con los esfuerzos de una persona por ser reflexiva, considerada, para buscar compromisos que preserven la integridad, para ser abierta a los puntos de vista y a los argumentos de los otros, para buscar medios apropiados para los fines que uno se propone, de la misma manera que para buscar fines apropiados para los medios que uno tiene a su disposición, y para buscar soluciones que tengan en cuenta todos los intereses (Lipman, 1992).
La razonabilidad comporta el uso de la razón, es decir, el uso de la inteligencia, de la memoria, de los sentidos, de la imaginación y procura una actitud que tiene como características básicas:
- El orden. Implica unidad y coherencia que se imponga al caos y al desorden mental. Supone sistematización, jerarquización, etcétera.
- La clarificación. Evita el pensamiento confuso, el pensamiento desorganizado. En palabras de Descartes, requerimos un pensamiento claro y distinto.
- La universalización. Tendencia a la generalización y a la objetivación superando la subjetividad. Ser razonable es utilizar la razón, superar el espacio de las sensaciones para tratar de comprender de forma abstracta aquello que sucede.

EDUCACIÓN SENTIMENTAL
En el año 1980, mucho antes de la explosión bibliográfica sobre inteligencia emocional, Lipman escribía:
Con frecuencia se parte del supuesto de que la inteligencia del niño es educable, no así sus emociones. Se supone que las emociones humanas son primitivas e irracionales; uno puede domarlas y domesticarlas, pero no cultivarlas y refinarlas, mucho menos utilizarlas en proyectos intelectuales. Las emociones son simplemente fuerzas brutas y debemos utilizar todos los ardides y estratagemas de nuestro intelecto a fin de disciplinarlas y controlarlas. Esta es una extraña perspectiva de las emociones humanas. Si nuestros deseos y sentimientos no fuesen educables, no desearíamos una mejor comida, mejores amigos, mejor arte y literatura o mejores comunidades. La teoría de la ineducabilidad de los sentimientos humanos se estrella en el hecho de que las personas realmente aprenden a desear de manera más consciente y razonable.
Las emociones y los sentimientos son componentes básicos de la conducta humana. Gracias a ellos nos vinculamos con el mundo y con los otros. Configuran nuestra identidad y son una dimensión esencial de nuestra personalidad. Los grandes filósofos se dieron cuenta de su potencia y las éticas clásicas subrayaron la idea de felicidad (eudaimonia) y la importancia de la educación en la virtud (Aristóteles) o el autodominio de las pasiones (Epicuro, Séneca…). En filosofía clásicamente se dio prioridad a la razón, al intelecto, a la argumentación, pero los filósofos, refiriéndose a la ética, nunca olvidaron el papel de las pasiones y los sentimientos.

Por: Irene de Puig
 

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