La educación les da una voz a las niñas marroquíes

Lunes 01 de Octubre de 2018

Un proyecto que  busca desatar una revolución discreta.

En una diminuta aldea marroquí en las afueras de Marrakech, docenas de chicas adolescentes concluyeron una sesión de actividades extracurriculares gritando afirmaciones motivacionales: “¡Soy fuerte! ¡Soy inteligente! ¡Soy capaz!”, clamaron. “¡Soy una líder! ¡Soy una feminista!”.
Una escena así es extraordinaria para este país de mayoría musulmana, sobre todo en Douar Laadam, una aldea pobre donde muchas adolescentes renuncian a la escuela más o menos en la pubertad para casarse e iniciar familias.
Maryam Montague —una extrabajadora humanitaria convertida en hotelera, diseñadora y autodenominada “emprendedora social”— tuvo la idea de dar a estas niñas una voz a través de un programa que creó: Project Soar (Proyecto Volar).
“Ningún país puede avanzar si deja atrás al 50 por ciento de su población”, afirmó Montague, una expatriada estadounidense cuya madre nació en Irán.
Project Soar ofrece a las niñas apoyo académico, empoderamiento, coaching, educación en salud, deportes y clases de arte. Es gratuito, pero para formar parte, las chicas deben prometer que permanecerán en la escuela.
Montague sufraga los gastos de la organización sin fines de lucro con las ganancias de un hotel boutique que construyeron ella y su esposo, así como con fondos de Estados Unidos. También recibirá financiamiento de la nueva línea de modas de Montague, Agent Girlpower, una pequeña colección que incluye ropa deportiva casual y joyería grabada con mensajes feministas en árabe e inglés.
Desde que inició el programa en 2013, Project Soar se ha extendido a 21 planteles, y han participado alrededor de 475 niñas.
Montague ha adaptado Project Soar para convertirlo en un modelo escalable y duplicable y dijo que ha hecho avances para iniciar la primera sede fuera de Marruecos, en Uganda.
La idea inicial de Project Soar era ofrecer a chicas adolescentes un incentivo para quedarse en la escuela de manera que pospusieran el matrimonio y la maternidad.
A cambio del compromiso de continuar con sus estudios, las niñas obtenían acceso a programas extracurriculares que de otro modo no existían allí.
Cuando Montague se enteró de que menos de la mitad de las niñas en la región aprobaba un examen al concluir la secundaria que se requiere para pasar a preparatoria, Project Soar añadió asesorías académicas al programa. Este apoyo ha incrementado la tasa de aprobación de las niñas en el proyecto al 73 por ciento, comparado con la tasa del 44 por ciento entre las niñas en la región de Marrakech.
La mayoría de las madres de las niñas eran adolescentes cuando se casaron, y ha habido algo de oposición al proyecto
“Esta labor es polémica”, expresó Montague. “La veo como una revolución discreta, pero una revolución al fin y al cabo”.
En Marruecos, al igual que en muchos países en desarrollo, las niñas dejan de asistir a la escuela más o menos en la pubertad porque no pueden costear artículos para su período menstrual.
Project Soar reparte kits para su período menstrual y les enseña a las niñas a manejar la menstruación.
El padre de Khadija Satour, de 15 años, le tenía prohibido unirse a Project Soar. Pero la chica volvió a preguntar un año después y él cedió, de acuerdo con Wafaa Afkir, una administradora del programa.
Cuando Khadija llegó por primera vez, tartamudeaba y nunca hablaba de sí misma, recordó Afkir. Ahora es comunicativa y está orgullosa de lo que ha logrado.
 

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