Género y pantallas en disputa

Lunes 12 de Noviembre de 2018

La educadora Beatriz Fainholc analiza el papel de la pedagogía -cruzado por las tecnologías y el lugar de la mujer- para la formación de las nuevas generaciones.
 

"Hoy la gente se forma en la interacción social y en la interactividad tecnológica. La existencia humana sólo podría ser entendida en un enfoque relacional e interdisciplinario. No pienso en las máquinas en sí mismas sino que las considero producto cultural en esa evolución, que debe ser entendida de otro modo para el cambio social”. Así comienza el diálogo con Beatriz Fainholc socióloga de la educación, docente universitaria, referente en el uso de las nuevas tecnologías y directora del Centro de Diseño, Producción y Evaluación de Recursos Multimediales para el Aprendizaje (CEDIPROE). La experta trabajó en Illinois con el destacado filósofo educativo, Nicholas Burbules: “Él fue mi orientador, mientras hice el postdoctorado, semanalmente teníamos una cita que era como un contrato de aprendizaje”.

- En su libro, Una pedagogía virtual en el marco de los estudios culturales plantea que el arte tiene relación con la pedagogía virtual, ¿cómo se lleva a la práctica?
-Sí, el arte es la expresión máxima de los pueblos por antonomasia, que toma diferentes dimensiones y además se relacionan con la tecnología porque se está continuamente con el diseño gráfico, el procesamiento de la información, el trabajo de la imagen. Entonces las artes visuales tienen un peso enorme: el arte puede tener desde las manifestaciones más tradicionales, títeres, danzas populares, historietas, hasta un sitio en internet.

-Ha sido una pionera y la primera docente de la Argentina en publicar un libro sobre la formación a distancia (Educación a distancia) y ya en su otro libro Hacia una Didáctica no sexista aborda el tema del sexismo en la educación. ¿En qué contexto lo escribió, cómo trabajaba entonces una mujer en el siglo pasado?
-Era medio invisible todo esto, ¿qué es eso, la mujer? Todavía faltan años luz para que sea reconocida en toda su capacidad e inscripta en los roles sociales. No por nada existe el techo de cristal todavía en las remuneraciones, en la toma de decisiones y respecto de la tecnología históricamente la mujer podía ser data entry, pero no diseñar software y hoy en día hay muchas diseñadoras gráficas, pero no tantas que estén trabajando en medios virtuales. Estamos en el comienzo, todavía hay muchísimas áreas donde la mayor parte la lleva como supremacía el hombre. La mujer en su cabeza tiene que tener una multiplicidad de esferas para atender que no son jerarquizadas, no están puestas y consideradas a la luz, son invisibles. Como también muchas tareas del docente, que hacemos mucho más de lo que podemos, que son invisibles.

-En algunos de sus trabajos menciona que hay problemas motivacionales para los estudiantes. ¿Cómo se aumenta dicha motivación?
-Acá hay que hacer una gran diferenciación, una cosa es un motivo interno de la persona y otra cosa es su incentivo externo. Si vos querés aprender porque algo te interesa, te gusta, si tiene que ser una situación placentera el aprendizaje es por motivos internos. Un incentivo se puede dar y se da con un buen docente, una buena interacción mitigada; pero no alienante, no oscurantista, no sesgada, no con prejuicios ni clichés. Se trata de enseñar: a preguntar, la pedagogía de la pregunta, a abrir las cabezas y los materiales, mucha reflexión y mucho espíritu crítico.

-¿Cuál considera que es la herramienta más poderosa en el mundo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs)?
-El teléfono celular. Es una pequeña computadora que llevás encima a todas partes y que subsume todos los lenguajes, produce las mediaciones pedagógicas virtuales que aparecen a través del celular: ahí tenés todo lo que quieras.

-¿Usted cree que los celulares tienen un potencial educativo alentador?
-Sí, si responden a buenos diseños. ¿Para qué los vamos a usar si no, qué actividades pueden desencadenar? Pero no solamente en la escuela, chiquitos de dos años están con el celular en la mano y a veces fomentado por los padres. Pero ¿para qué? Claro que es mucho más trabajoso ponerse a jugar, a crear, hacerle ver ruidos; todo toma su tiempo. Lo que está pasando ahora es que la educación se la adjudican al sistema formal, se trata de la formación de las personas y ¿dónde se forman las personas hoy? En Facebook, en la interacción -cara a cara y virtual-. Hay muchísimas variables que intervienen y la persona se forma en la esquina, en el subte, subiendo fotos a Instagram y no teniendo la conciencia crítica -que eso sí es una tarea de enseñanza- acerca de lo que es la concentración monopólica de la tecnología. Toda la gente va con un celular, ya están empachados; por eso la onda de la desconexión como para tomar distancia de las soluciones tecnológicas, de la hiperconectividad que significa también el monitoreo de tu persona, eso es control social y disciplinamiento cultural.

-¿Cómo se logra -en términos pedagógicos- concentración cuando hay tantas distracciones al alcance de la mano, es decir, del celular?
-Los jóvenes tienen tantas distracciones, los fenómenos de no atención, de poca concentración que además se exacerban por los profesionales. Sí es cuestión de controlar, de poner límites -en un uso desmedido y sinsentido de la tecnología- por parte de los padres, los maestros (profesores universitarios aún más), los amigos mayores. Y de tomar conciencia de lo que significa un celular, ver cómo podemos hacer esa mediación lo más creativa o recreadora posible; sería lindo que se formen de una manera más orgánica, investigadora, porque la ciencia se vería más crecida y fomentada. Evidentemente la tecnología está a la vanguardia, aunque galopan con la ciencia.

-¿Qué hacen o deberían hacer los adultos mayores para acercarse, e incluso -en ciertos casos- combatir la dificultad o aprensión, hacia las nuevas tecnologías?
-Mayores no son por los números del documento, si no en la cabeza. Es un tema voluntario, ‘la libertad es libre’ decía Jean Paul Sartre. Si creo que tiene que ver con despertar sus motivos, respetarlos y en lo posible fomentar. Pero también hay un cliché de que los adultos mayores se sienten avasallados por la tecnología, que los jóvenes (los centennial) saben mucho más que el abuelo, que los varones saben más que las mujeres. ¿Qué recomendación? Organizar clubes, abrir las escuelas. Cuando fui becada a formarme en Canadá aprendí que una escuela funciona de domingo a domingo, es un centro comunitario y el papel del abuelo es fundamental.

-¿Cuál es la principal utilidad del método de lectura crítica en la web?
-Yo ideé este método -fue producto de una investigación que hicimos en la facultad con un equipo de trabajo-, mediante el cual evaluamos los sitios y mensajes (con nuestros instrumentos de evaluación). Sirve para la desmitificación de los mensajes, de las mediaciones, las interacciones; para que no se crean todo eso como real y para abolir la burla hacia el público. Yo me coloco en una situación contracultural porque lo que busco es el desarrollo de la capacidad de agencia, del empoderamiento y eso es contracultural. Es una alternativa.

-En varios de sus libros, ya desde los títulos, el género y rol de la mujer en la educación tienen un lugar preponderante. Con todos los cambios que se produjeron, ¿qué balance puede hacer al respecto? ¿Qué continúa pendiente de mejorar y cómo sería concretable?
-La problemática del género es una transversalidad, no puede ser concebida como parte de la persona y cada vez más en un contexto de respeto y de libertad. Es una tarea educativa fundamentalmente, si no hay educación sexual en las escuelas representa un estancamiento; si no hay discusión respecto de la libertad, es muy difícil poder superar situaciones que aprisionan y encorsetan. Aunque si yo comparo mi vida con la de mi mamá y la de mi abuela sin dudas hubo una evolución histórico-social muy importante, pero es muchísimo lo que hay que hacer por delante. Es una tarea obligada y obligatoria, que no está siendo visualizada. Acá la educación es fundamental, la concientización, la socialización con otras realidades genéricas. Es una tarea de discernimiento, de educación; es tarea de los padres y de los medios. Todo esto está sesgado por el sexismo, las mediaciones tecnológicas son mínimas al lado del avasallamiento producido por el varón en una sociedad que todavía es ancestral, machista.

-Se cumplieron 28 años de la creación del CEDIPROE (Centro de Diseño, Producción y Evaluación de Recursos Multimediales para el Aprendizaje). ¿Fue una creación suya? ¿Cómo logra, en la práctica, cumplir con el objetivo de fortalecer la difusión del conocimiento científico-tecnológico educativo?
-Sí y por eso he ganado algunas menciones del Gobierno de Canadá. Surgió como un delirio (se ríe), fruto del razonamiento, y de pensar ¿cómo puede ser que nadie se dé cuenta de que estábamos interactuando con la tecnología y la educación siempre se quedaba atrás? En estos momentos el CEDIPROE es una organización de asistencia técnica y de investigación en el área de tecnología educativa, de tecnologías de la información y la comunicación, en el ámbito virtual. Es una célula de investigación, desarrollo, y en la actualidad brindamos cursos breves -virtuales- como por ejemplo el de lectura crítica en internet.

Por: GISELA DAUS

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