Chicos conectados todo el tiempo

Lunes 12 de Noviembre de 2018

No culpes al celular (en el aula). El experto en educación Nicholas Burbules, de paso por la Argentina, y habló sobre cómo integrar la tecnología al proceso educativo de forma productiva.

Cuáles son los desafíos que plantea la tecnología a la educación?¿Cómo incorporarla para potenciar el conocimiento en las aulas? ¿De qué manera pueden aportar los jóvenes a esta nueva forma de enseñar y aprender? El especialista Nicholas Burbules, doctor en Filosofía de la Educación de la Universidad de Stanford, invitado para el ciclo Ideas que organizó la Secretaría de Cultura de la Nación analizó esas cuestiones.

–¿Por qué en general se le tiene miedo al celular dentro del aula?
–Es un problema real porque es una fuente de posible distracción y fuente de trampa en los exámenes. Eso es real. Pero la prohibición no es una buena estrategia, no es un buen enfoque. Tengo como regla nunca decirle a la gente lo que debe hacer. Hay diferentes formas de utilizar el celular de forma educativa y productiva. En el aula nos permite traer el conocimiento que adquirimos fuera del aula dentro de la clase y lo que aprendemos en el aula poder llevarlo hacia afuera. El celular se puede usar educativa y productivamente parte del día y como parte de la currícula, no permanentemente. La prohibición total no es buena estrategia porque estamos perdiendo una gran oportunidad educativa. Si lo usamos correctamente en términos educativos no es una distracción. Pero como les digo a mis alumnos y profesores con los que trabajo: la tecnología más importante se produce cuando uno está desconectado, cuando se está alejado de la fuente tecnológica. Con el tiempo, estas tecnologías van a ser parte de la vestimenta de las personas, como los anteojos o los relojes: más que prohibirlo hay que integrarlo al proceso de aprendizaje.

–Usted recomienda que los docentes retomen el uso y los saberes que los chicos de primaria y secundaria hacen del celular, de los blogs, de los contenidos que publican en internet.
–Es una gran oportunidad para que los profesores puedan aprender de los alumnos. Pero es un tipo de relación diferente la que se promueve y algunos profesores no se sienten muy cómodos con esto, pero me parece que estaríamos perdiéndonos una gran oportunidad de hacer de esto una experiencia más exploratoria y experimental de manera conjunta entre alumnos y profesores.

–¿Hay experiencias de otros países que combinen el conocimiento de los docentes con el conocimiento de los alumnos sobre tecnologías?
–Nosotros somos los expertos en un campo determinado pero los alumnos son los expertos en temas de tecnología y conocen sus propios intereses. Es una oportunidad para cambiar el modo en que enseñamos, para tener una mayor capacidad de respuesta a cuestiones que les interesan a nuestros alumnos. Me gusta hablar de los alumnos como objetos en movimiento; y se mueven bastante rápido. Hay que estar a la altura para poder alcanzarlos. El maestro es el experto, pero ellos nos pueden ayudar a ver nuevas formas de poder enseñarles, poder responder a sus intereses y conectar con quienes ellos son. Hay un gran filósofo y pedagogo estadounidense, John Dewey, que hace cien años indicaba que los profesores, por lo general, intentan ver cómo hacer atractivo a los alumnos lo que quieren enseñar y que, en realidad, lo que debería hacerse es al revés, ver cuál es el foco o interés de los alumnos y cómo utilizar eso en beneficio de lo que se quiere enseñar. Ir a donde están los alumnos. Creo que si esto se aplicara sería muy valioso. Es verdad que los alumnos tienen mucho conocimiento de la tecnología, les interesan las redes sociales, los blogs, Twitter, Snapchat y ellos nos pueden ayudar a ver cómo presentar la materia de manera tal que quieran involucrase con los conocimientos que uno trata de impartir. Esto nos permitiría poder lograr los objetivos como profesores y hacerlo aún mejor, porque un gran problema es cómo motivar a los alumnos y no es que los alumnos no están motivados porque tienen sus motivaciones. El tema es cómo ir al encuentro de esas motivaciones.

–¿Y cómo se lograría esto en países donde el acceso a la tecnología es muy desigual?
–Es un problema el de las inequidades y porque así como reconocemos que la posibilidad de acceso a la tecnología es una ventaja competitiva, la brecha se hace más amplia entre aquellos que no tengan acceso en ciertas zonas más remotas donde no hay Internet, y aquellos que sí lo tienen. Las inequidades se van a ir ampliando. Existe también la posibilidad de hacer un mal uso de los recursos aun teniéndolos. Hace no mucho visité un colegio de acá, de la Argentina donde el gobierno le había dado una laptop a cada chico. Y noté que los routers estaban desconectados, le pregunté a los profesores y a la directora por qué y me contestaron que era porque no querían que los chicos accedieran a Internet, con lo cual alguien había gastado un montón de dinero en equipamiento de última tecnología que no se usaba: no es solo una cuestión de tener acceso y posibilidades, sino que es una cuestión también de calidad, del tipo de acceso. No sirve uno sin el otro.

–Hoy los chicos –nosotros también– usamos cada vez menos las computadoras y muchos más los celulares.
–Mi hijo, que tiene 18 años, escribe sus papers en el celular. No entiendo cómo lo hace, pero la realidad es que el soporte importa cada vez menos porque lo que importa es el acceso a la nube, a Internet. El soporte es un medio para algo más importante. Yo hablo sobre el aprendizaje ubicuo, es decir, la portabilidad (la posibilidad de llevarlo de un lado a otro): un joven tiene más posibilidades de salir de su casa sin los pantalones que sin su celular. La relación, el vínculo con el dispositivo no es como el vínculo con la computadora. A ellos lo que le interesa del dispositivo es que les permite acceder a sus áreas de interés, sus aplicaciones, sitios, redes de comunicación. No les importa el formato porque de hecho esto está mutando, cada vez estarán más integrados en lo que tenemos puesto. La característica importante de la tecnología es que es móvil, que nos permite llevarla a todas partes y está integrada de maneras cada vez más impensadas en nuestra vida cotidiana.

–¿Qué opina de que chicos chiquitos tengan celular propio, a los 8 años por ejemplo?
– Se van a sorprender, pero tengo un pensamiento bastante conservador al respecto porque con los chicos más chiquitos puede haber problemas de desarrollo por el uso excesivo de la tecnología. Mi hijo tuvo acceso a la tecnología más de grande, pero tengo una sobrina de 2 ó 3 años y ya está con el celular de sus padres jugando permanentemente conectada. Creo que la exploración de la tecnología está bien pero no hay que generar esta extremada dependencia en el dispositivo en chicos tan chiquitos porque hay cosas que tienen que aprender que no son parte de la tecnología, como escribir de puño y letra, leer un libro de verdad. Los adolescentes son un terreno más difícil porque ya están haciendo sus elecciones pero en mi opinión hay que reducir lo más posible la interacción con la tecnología, inclusive para nosotros, para todos. Hay que tratar de estar desconectados más seguido.

–En relación al ciberbullying ¿cuál es su opinión?
–El bullying existió siempre, desde antes de la tecnología. Es parte del universo del colegio, es parte de la vida, no es algo nuevo. Muchos padres tienen esta preocupación legítima pero la realidad es que no hay que prohibir el acceso a esos entornos, sino brindarles las estrategias correctas para saber cómo lidiar con esas potenciales amenazas porque no protegemos a una persona bloqueando el acceso a esos ámbitos. Mi hijo también lo sufrió pero adquirió una estrategia bastante sofisticada en cuanto a la protección de su identidad en las redes, más sofisticada que las mías. Tiene mayores recaudos que los que puedo llegar a tener yo. Para mí se trata de eso, del aprendizaje de estrategias, tanto para adultos como para jóvenes, porque el bullying existe en todos los ámbitos: en el ámbito laboral, en el académico. Yo trabajo en la universidad y allí también sucede; es mejor ayudarlos a desarrollar estrategias para protegerse.

Por: INES HAYES

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