El GPS de la educación: lo que no se mide, no se mejora

Lunes 11 de Febrero de 2019

En Argentina contamos con distintas fuentes de información que pueden ayudarnos a ser estratégicos en la mejora de nuestro sistema educativo. 
 

A nivel nacional, dos de las más importantes son el Relevamiento Anual, un censo educativo que desde 1996 releva información sobre estudiantes, cargos docentes e instituciones educativas; y las pruebas Aprender, que evalúan el nivel de desempeño de los alumnos.
En distintos ámbitos se dice que lo que no se mide, no se mejora. Esto también es válido para el sistema educativo: medir es una condición necesaria, aunque no suficiente, para mejorar. Contar con información precisa, relevante y oportuna es vital para monitorear el estado y la evolución del sistema educativo.
Esto es importante en distintos ámbitos y niveles: para la gestión de las escuelas; para la planificación, ejecución y evaluación de políticas públicas en el nivel nacional y provincial; para la investigación académica; y también para enriquecer el debate público. En otras palabras, maximizar el uso de los sistemas de información y mejorarlos continuamente es fundamental para debatir y definir el rumbo de la educación argentina.
Los sistemas de información educativa cumplen (o pueden cumplir) una función similar a la de las aplicaciones asistidas con GPS. Primero, estas aplicaciones nos permiten saber nuestra ubicación. Segundo, nos dicen qué tan lejos estamos de nuestro destino. Y tercero, nos permiten evaluar el mejor camino para llegar según distintos criterios (distancia, tiempo, tráfico, entre otros). Su virtud está en que simplifican la complejidad: procesan grandes volúmenes de información y proponen alternativas sencillas.
De la misma forma, los datos pueden ayudarnos a superar desafíos educativos concretos. A partir de la Ley Nacional de Educación (2006) la escuela secundaria es obligatoria. Es decir, que un objetivo debería ser una tasa de graduación cercana al 100%.
Con la información actual se puede saber, aunque sólo de forma estimativa, que estamos muy lejos: el abandono ronda el 40%.
A su vez, el análisis de los datos permitiría saber, en cada provincia, en qué escuelas, departamentos y contextos sociales se concentran quienes quedan excluidos. Este conocimiento es fundamental para focalizar esfuerzos en prevenir y contrarrestar el abandono. Por supuesto, sistemas más avanzados habilitarían mayores posibilidades para evaluar los mejores caminos para hacerlo.
A fines del año pasado, el Congreso Nacional dispuso la creación de una Cédula Escolar Nacional, un programa que permitiría seguir la trayectoria de cada estudiante del país. Esta ley reflotó el desafío de contar con un sistema que permita consolidar y analizar datos individualizados por estudiante a nivel nacional.
A pesar de que su creación bajo el marco del Sistema Integral de Información Digital Educativa (SInIDE) es un proyecto desde 2012, y de distintos esfuerzos que se han realizado a nivel nacional y provincial, nuestro país todavía no cuenta con un sistema de estas características. Implementarlo sería un gran logro. 

Por: Ignacio Ibarzábal - Director ejecutivo del Observatorio Argentinos por la Educación.

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