“Con entrenamiento el cerebro cambia, y los chicos podrían comprender mejor lo que leen”

Lunes 25 de Febrero de 2019

El neruocientífico español Manuel Carreiras afirma que el cerebro tiene músculos y se pueden ver cambios morfológicos y de estructuras con la adecuada intervención.

A esta altura nadie puede dudar de que la neurociencia es una disciplina que está de moda, en diversas áreas de la vida social. Y también en la educación, donde cada vez se escuchan más voces que afirman que puede ser útil para mejorar los aprendizajes. El neurocientífico español Manuel Carreiras tiene mucho para aportar al respecto. Investiga cómo aprendemos a leer y cómo se puede transformar al cerebro -naturalmente lingüístico- en un “cerebro lector”. Vino al país para participar en la conferencia “El cerebro y la lectura. Estrategias basadas en la ciencia para mejorar resultados escolares”, organizada por el grupo Intelexia junto a Ediciones Logos, Haskins Lab de Yale University y la Fundación INECO.

-¿Cuándo hay que enseñarle a leer a los chicos?
-No hay una edad definida. Pero es en torno a los 5 años en español, mientras que por ejemplo en Suiza empiezan como a los 7. Es que la tarea que tienen por delante los chicos para aprender en español es muy sencilla comparada con otras lenguas, donde la relación entre los sonidos y las letras, entre los grafemas y los fonemas es muy compleja. En inglés la letra “i” no suena igual en “thing” que en “pain”. Mientras que en nuestro caso siempre existe esa regularidad. Los 5 años es una etapa donde se observa que hay una madurez suficiente para poder empezar. Lo que hay que hacer es dejarlos tranquilos, si quieren y se entusiasman ayudarles, y si no esperar a que entren a la etapa escolar y van a tener tiempo para leer si se les enseña bien. Además, es importante no sólo que decodifiquen sino que amen la lectura, que entiendan lo que leen, que les guste.

-¿Qué consejos le puede dar a los maestros desde las neurociencias?
-Soy muy cauto. Siempre digo que la neurociencia es muy sexy, ahora le ponemos neuro adelante a cualquier cosa: neuropedagogía, neuro lo que sea y todo parece que ya cobró otro sentido. Y no es así. No hay hallazgos en la neurociencia que puedan trasladarse directamente a la educación, ni los neurocientíficos vamos a hacer proyectos educativos. Pero sí podemos aportar. Esto es como la relación entre el ingeniero y el arquitecto. El arquitecto diseña el puente y el ingeniero le dice “mirá, las cargas que estás poniendo no están bien, los cálculos hay que hacerlos de determinada forma”. Desde la neurociencia podemos saber cómo es la evolución del niño y eso tiene una incidencia en el proceso de aprendizaje.

-Pero lo pedagógico queda para el maestro...
-Sí. Es que todos llevamos un ministro de Educación dentro. Ahora, ¿qué sería mejor, que el ministro de Educación le pregunte al cuñado su intuición sobre cómo llevar a cabo las políticas educativas; o que estén basadas en hechos científicos?

-¿Cómo podría ayudar la neurociencia a una política educativa?
-En diseñar los instrumentos para medir el rendimiento de esas políticas. Cuando hay un cambio en una política educativa se plantean unos objetivos. Entonces habrá que crear instrumentos para evaluar de dónde partimos y a dónde llegamos.

-Ya hay instrumentos: las pruebas PISA, u otras pruebas estandarizadas.
-Bueno las pruebas PISA es uno, pero es manifiestamente mejorable. Debemos observar las diferentes individualidades de los alumnos en sus trayectorias de aprendizaje. Eso está completamente inexplorado.

-Llegar a algo así sería una inversión enorme….
-Sí, enorme. Pero la ignorancia es más cara.

-¿Qué efectos produce en el cerebro la lectura?
-En todo el viaje evolutivo, la lectura es muy reciente. Aparece hace 5 mil años, el lenguaje muchísimo antes. Nuestro cerebro está precableado para acomodar el lenguaje, no la lectura. ¿La lectura qué es? Es lenguaje y visión. Hoy conocemos sobre el circuito de la lectura que tiene en cuenta diversas áreas del cerebro.

-¿Por qué hay chicos que leen pero no comprenden lo que leen?
-La lectura de palabras es decodificación y llegar a la semántica, pero otra cosa es la comprensión de textos. Comprender supone que tienes que ensamblar las palabras y saber qué rol juegan. Inconcientemente, el cerebro toma en cuenta una serie de regularidades estadísticas que ha ido observando donde hay un sustantivo, un verbo, entonces los aglutina y a su vez aglutina la semántica inherente a cada una de esas palabras. Hay chicos que hacen un buen reconocimiento visual de palabras pero luego no dan el siguiente salto a la comprensión.

-¿Y se puede entrenar el cerebro en este sentido?
-Claro, el cerebro tiene músculos, se entrena: podemos ver cambios morfológicos, cambios de estructuras. Lo que pasa es que hay que saber cómo entrenarlo.

-¿Y cómo?
-No soy un experto en entrenamiento, pero se hicieron estudios que lo muestran posible. Por ejemplo, uno con los taxistas de Londres, que están entrenados en recordar calles. Los metieron en la resonancia y observaron que tenían un hipocampo mayor, en volumen y densidad, que el resto. El hipocampo es una estructura del cerebro implicada en el recuerdo y el conocimiento del espacio. Sabemos que el cerebro cambia cuando se lo entrena en una actividad y son áreas diferentes las que cambian según la actividad. En educación, el maestro deberá buscar la forma para que ese cerebro esté motivado y quiera leer y le guste la lectura. También los padres: tiene que haber muchos libros en la casa, y los chicos ver que allí se lee.

Señas particulares
Manuel Carreiras es actualmente el director científico del Basque Center on Cognition, Brain and Language-San Sebastián (BCBL), un centro internacional de investigación interdisciplinario para el estudio de la cognición, el cerebro y el lenguaje. Su investigación se centra en la lectura, el bilingüismo y el aprendizaje de segundas lenguas. Ha publicado más de 200 artículos en revistas especializadas.
Como formación, tiene un Master en Psicología por la Universidad de Santiago de Compostela y un Doctorado en Psicología de la Universidad de La Laguna, España.

Por: Ricardo Braginski

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