“El 'drama' de repetir y la angustia familiar”

Lunes 11 de Marzo de 2019

Si bien se veía venir, las bajas notas obtenidas durante el año preanunciaban un final poco feliz, el choque con la realidad se da siempre en el mes de febrero. 

Un hijo repite, un drama parece abatirse sobre el núcleo familiar. El fracaso golpea a todo el entorno con epicentro en el principal afectado. Un drama que no es drama, un fracaso que es oportunidad.
Hace ya algunos años que el denominado fracaso escolar se ha constituido en un problema de orden público, en especial por la amplia difusión de estadísticas sobre la interrupción, sobre la repetición y el abandono de la escolaridad por parte de los adolescentes. La repetición en sí misma es lo suficientemente traumática y no debería agregarse nada más, aunque se entiende el enojo de los padres y la intención de castigar. Pero la angustia de los mismos y del propio alumno no termina en febrero, cuando dan la última materia mal y se confirman los presagios familiares; debe repetir.
Ya que esto ocurre próximo al inicio de un nuevo ciclo escolar y con la decisión de muchas instituciones: el que repite debe partir. Y ahora a buscar una nueva escuela. A veces el derrotero es extenso, “repetidores no tomamos”, “esta escuela no toma chicos que repiten”, “no hay vacantes”. Léase el sello, es un repetidor.
Las preguntas que quedan flotando son: ¿y si nadie lo toma?, ¿si ningún colegio lo aloja?, ¿no finaliza la escolaridad secundaria?, ¿cómo se resuelve si el nivel medio es obligatorio?, ¿repetidor y al margen de la ley?
Es muy extensa la lista de alumnos que fracasaron en algún momento de su escolaridad. Algunos con una o dos repeticiones. Qué habría sido de ellos si ninguna institución les brindaba la posibilidad de continuar (además, ningún fracaso escolar define el futuro de un adolescente).
Por eso resulta imprescindible convencer a los padres que un hijo que repite merece una nueva oportunidad y la función paterna/materna es sostenerlo en el dolor y alentarlo a continuar.
Por otra parte un homenaje, un sentido homenaje a aquella instituciones, muchas veces estigmatizadas, que han albergado y le han hecho tanto bien a tantos adolescentes. También un merecido homenaje para aquellos docentes que con fervor, entusiasmo y compromiso luchan para llevar adelante a aquellos alumnos que atraviesan un momento difícil de su escolaridad y de su vida. Y, para aquellos chicos que fracasen en esta instancia de febrero/marzo, les ofrece una nueva oportunidad para reanudar el camino.

Por: Ricardo Delgado

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