“El sistema de educación superior naturalizó la discriminación”

Lunes 10 de Junio de 2019

Daniel Mato, investigador del Conicet y director adjunto del Centro Interdisciplinario de la Universidad de Tres de Febrero, promueve erradicar todas las formas de racismo y discriminación en la educación superior, algo que se toma como algo natural frente a determinadas personas o comunidades

Los descendientes de indígenas y de africanos en la Argentina, que representan el 2,5% de la población total del país según el censo del 2010, tienen “escasas o nulas posibilidades” de graduarse en una universidad porque “el sistema de educación superior naturalizó la discriminación hacia esos pueblos”, dijo Daniel Mato, investigador del Conicet y director adjunto el Centro Interdisciplinario de la Universidad de Tres de Febrero.
“Existen formas en la educación superior invisibles y visibles de discriminación. Dentro de las primeras está el hecho de que ninguna facultad, salvo dos o tres cátedras, enseña el conocimiento de las culturas de esos pueblos”, dijo Mato.
Investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), Mato fue seleccionado por Unesco para recibir apoyo a través de su Programa de Participación.
La iniciativa promueve la erradicación de todas las formas de racismo y discriminación racial en la educación superior, con énfasis en aquellas que afectan especialmente a las personas y comunidades indígenas y afrodescendientes.
Para Mato, “tampoco la facultad de Farmacia enseña sobre el valor de las plantas medicinales, estudiadas por esos pueblos y que luego las grandes corporaciones se apropian de ese conocimiento, los patentan y es lo que tomamos como medicación”.
Destacó además que en Derecho “no se enseña cómo administrar justicia para los pueblos indígenas” y destacó que dentro de las formas de racismo visibles esta lo sucedido en la Universidad de Salta, “cuando a una mujer coya no la dejaron ejercer como docente por su color de piel”.
En Argentina, el último censo nacional (2010) incluyó por primera vez una pregunta que permitió a los ciudadanos autoidentificarse voluntariamente como indígenas o afrodescendientes.
El resultado indicó que 955.032 personas se reconocieron como indígenas, cifra que representa un 2,5 % de la población nacional.
Las comunidades mostraron presencia en todas las provincias del país y el pueblo mapuche figura como el más numeroso, con el 21% de los indígenas argentinos.
La población que se reconoció como afrodescendiente fue de 149.493 personas, un 0,4 % del total y sólo un 8 % de ese total nació en el extranjero.
“Pero lejos estamos de que haya un 2,5% de estudiantes en las aulas de las instituciones educativas”, destacó Mato, quien durante la última Conferencia Regional de Educación Superior efectuada en Córdoba dirigió un panel denominado “Educación superior, diversidad cultural e interculturalidad”.

“Descendemos de europeos”
Los profesionales que se forman en la universidad, continuó, “tienen una formación deficiente en este aspecto y la dirigencia política se gradúa en esas universidades, por lo que no es extraño escucharlos decir que los argentinos sólo descendemos de europeos”.
“Pero el racismo es un problema difícil de atacar desde las universidades porque es un elemento constitutivo y estructuralmente vigente en la sociedad y este problema, originado en el período colonial, continúa vigente”, explicó.
Indicó que el problema ya viene desde la escuela secundaria cuando el descendiente de indígenas se encuentra en un ámbito en donde no se habla su lengua original.

Programa desfinanciado
“El programa intercultural y bilingüe se ha desfinanciado y si un chico va a una escuela donde no entiende nada es lógico que no tenga un buen rendimiento escolar”, explicó.
“Entonces lo más probable es que no llegue porque no se va a poder expresar con la misma fluidez que la de un chico blanquito y quizás tenga los mismos conocimientos pero el graduado universitario que lo evalúe seguramente va a ponerle menos nota”, refirió.
Mato detalló que “esto es así porque se ha “naturalizado” que estas personas y comunidades deban enfrentar comentarios y miradas humillantes, o prejuicios que afectan sus posibilidades de acceder en pie de igualdad a oportunidades laborales”.
Y completó: “Nos horrorizamos cuando violan a una niña wichí o golpean a un rabino, pero cuando un estudiante blanco le dice a un descendiente de indígenas «vos tendrías que vender cestos en una plaza» lo tomamos como algo natural”.

Fuente: Télam