El proyecto de Belgrano por la educación gratuita y obligatoria

Lunes 10 de Junio de 2019

En 1798 redactó el primer proyecto de enseñanza estatal. Decía que era imposible mejorar las costumbres sin educación. El “padre de la Bandera” fue un entusiasta precursor de la educación popular.

Las ideas innovadoras de Manuel Belgrano quedaron reflejadas en sus informes anuales del Consulado, a través de los cuales trataba de fomentar la industria y modificar el modelo de producción vigente.
Como señala en su Autobiografía, eran el recurso que le quedaba para difundir los cambios que entendía necesarios. Con esa finalidad, en su pedido al rey de España de agosto de 1796, Belgrano propuso que la lectura de esas Memorias, que abrían las sesiones anuales del Consulado, fuese pública, con el carácter de una conferencia abierta.
Belgrano venía asombrando y escandalizando, cuando cada año leía sus memorias, que marchaban en sentido contrario a las ideas de su auditorio, compuesto por el virrey de turno, burócratas coloniales y comerciantes.
En 1796, Belgrano señaló: “Nadie duda de que un Estado que posea con la mayor perfección el verdadero cultivo de su terreno; en el que las artes se hallan en manos de hombres industriosos con principios, y en el que el comercio se haga con frutos y géneros suyos es el verdadero país de la felicidad, pues en él se encontrará la verdadera riqueza, será bien poblado y tendrá los medios de subsistencia y aun otros que le servirán de pura comodidad […]. Qué más digno objeto de la atención del hombre que la felicidad de sus semejantes; que esta se adquiere en un país cuando se atiende a sus circunstancias y se examinan bien los medios de hacerlo prosperar, poniendo en ejecución las ideas más bien especuladas, nadie duda”. (1)
Dos años después, en 1798, redactó lo que podemos considerar el primer proyecto de enseñanza estatal, gratuita y obligatoria presentado en lo que hoy es la Argentina. En él planteaba que era imposible mejorar las costumbres y “ahuyentar los vicios” sin educación, y proponía que los cabildos creasen y mantuviesen con sus fondos escuelas “en todas las parroquias de sus respectivas jurisdicciones, y muy particularmente en la campaña”. Y al hacerlo sostenía que era “de justicia” retribuir de este modo la contribución que, con sus impuestos, hacía la población para el sostenimiento del Estado.
Años después, dos meses antes del inicio de la Revolución de Mayo, lo expresaba en estos términos: “¿Cómo se quiere que los hombres tengan amor al trabajo, que las costumbres sean arregladas, que haya copia de ciudadanos honrados, que las virtudes ahuyenten los vicios, y que el Gobierno reciba el fruto de sus cuidados, si no hay enseñanza, y si la ignorancia va pasando de generación en generación con mayores y más grandes aumentos?
Hubo un tiempo de desgracia para la humanidad en que se creía que debía mantenerse al Pueblo en la ignorancia, y por consiguiente en la pobreza, para conservarlo en el mayor grado de sujeción; pero esa máxima injuriosa al género humano se proscribió como una producción de la barbarie más cruel, y nuestra sabia legislación jamás, jamás la conoció [...].
Pónganse escuelas de primeras letras costeadas de los propios y arbitrios de las Ciudades y Villas, en todas las Parroquias de sus jurisdicciones, y particularmente en la Campaña, donde residen los principales contribuyentes a aquellos ramos y a quienes de justicia se les debe una retribución tan necesaria. Obliguen los Jueces a los Padres a que manden sus hijos a la escuela, por todos los medios que la prudencia es capaz de dictar”. (2)
Haríamos justicia recordándolo no solo como “el padre de la Bandera”, sino como un entusiasta precursor de la educación popular e impulsor de la industria y la economía nacional.

Citas: 1. En Manuel Belgrano, Escritos económicos, Hyspamérica, Bs.As., 1988, pág. 7 y 8. 2. En Correo de comercio, números 3 y 4, tomo I, 17 de marzo de 1810 y 24 de marzo de 1810.

Por: Felipe Pigna

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