La vida por una imagen

Lunes 17 de Junio de 2019

Los fotógrafos Erica Voget y Bernardo Greco crearon el proyecto “Memoria Escolar” y en 2018 empezaron a viajar por distintas provincias. Ponen plata de su bolsillo y van al encuentro de alumnos y docentes que nunca vieron una foto en papel.

Los fotógrafos platenses Erica Voget y Bernardo Greco recorren el país con el proyecto “Memoria Escolar”, una idea que crearon para llevar la fotografía en forma gratuita a los alumnos y maestros de escuelas públicas rurales
Los fotógrafos platenses Erica Voget y Bernardo Greco recorren el país con el proyecto “Memoria Escolar”, una idea que crearon para llevar la fotografía en forma gratuita a los alumnos y maestros de escuelas públicas rurales
Llueve y en el pueblo se interrumpe la señal telefónica. Entonces un hombre, que necesita mandar un mensaje porque en la comunidad además se cortó el suministro de agua, agarra un celular y lo mete dentro de una botella cortada. Luego la iza como una bandera por el mástil de la escuela, apuntando a la antena de una comisaría. Es una tarde de agosto de 2018 en el paraje Punta del Agua, en Formosa, ubicado a unos 400 kilómetros al noroeste de la capital. Un paraje que, según especialistas, podría desaparecer en cualquier momento bajo el agua si las inundaciones de la zona rompen un anillo de tierra que actúa de defensa.
Punta del Agua fue el primer viaje que hicieron Erica Voget y Bernardo Greco, dos fotógrafos de La Plata que empezaron a recorrer provincias del país bajo el proyecto Memoria Escolar, una idea que crearon para llevar la fotografía en forma gratuita a los alumnos y maestros de escuelas públicas rurales de América Latina. Convencidos que en esos lugares el acceso a la fotografía profesional es limitado o nulo, la pareja busca "visibilizar" a través de la imagen las características sociales e individuales propias de cada espacio educativo "como así también dejar en los alumnos una impronta de su vida escolar".
Así lo piensa Erica Voget, calígrafa y fotógrafa de 38 años, que dice que la idea nació cuando terminó una diplomatura en fotografía documental. Allí sintió que era el momento de hacer lo que siempre había querido: viajar con un proyecto propio. Y encontró el compañero perfecto. "Con Bernardo salimos hace más de un año, y nos dimos cuenta que estábamos en sintonía porque somos freelance, no tenemos un trabajo de dependencia y por suerte nuestras familias nos ayudan a cuidar nuestros hijos cuando salimos de viaje. Con Memoria Escolar reunimos un conjunto de cosas que amamos: romper con la rutina, viajar por el país, trabajar con la infancia y priorizar la meta social por encima de la individual", dice, mientras es una noche fría de otoño y desde su casa de La Plata cuenta que están organizando el próximo viaje: a fines de junio saldrán en su auto hacia Entre Ríos, donde quieren visitar una escuela flotante. Hasta el momento, llevan recorridas siete provincias: Formosa, Tucumán, Jujuy, San Luis, Neuquén, Río Negro y Misiones.
El proyecto, aclara, busca contar la diversidad cultural enfocado en la vida rural. "Es la primera vez que iremos en auto, habíamos viajado en avión y en micro. En algunos casos conseguimos pasajes a través de diputados o de ayudas de cooperativas, pero varias veces pusimos de nuestro bolsillo y vamos recuperando por donaciones particulares", dice Bernardo Greco, de 42 años, diseñador gráfico y fotógrafo, a la vez que explica que en la página web del proyecto hay un botón para realizar las donaciones. También aparecen en las redes sociales Facebook e Instagram como Memoria Escolar. Erica y Bernardo conviven como familia ensamblada con los hijos que tuvieron con anteriores parejas: Ameli y Dante de 11, Lautaro de 9, y Nina de 8.
Los fotógrafos suelen salir de viaje todos los meses, y permanecen en la provincia que visitan cerca de una semana. Y además de sus cámaras de fotos y útiles que recogen de donaciones, llevan consigo un verdadero tesoro: una impresora fotográfica que les obsequió una cooperativa. Con ella imprimen las fotos en papel. "A los chicos les explicamos el proceso de impresión, con los papeles que trabajamos, y cómo editamos la imagen hasta el armado de la carpeta final. Y les encanta", cuenta Erica, que asume que les llevará al menos dos años andar por las 23 provincias argentinas. Una vez que terminen esa aventura, explican, piensan viajar luego por Latinoamérica.
Si bien Memoria Escolar empezó enfocado en los niños y niñas, lo extendieron prontamente a los adultos. "Nos dimos cuenta del valor que tienen los maestros y las maestras en esas escuelas rurales, hay algunas que son escuelas albergues, los maestros viven lejos, dejan a sus familias y están semanas con los chicos –reflexiona Erica Voget. El maestro tiene varios roles, porque hace de psicólogo, de trabajador social, hasta de pariente. Y también retratamos a los auxiliares, que son sostenes fundamentales. Ellos nos reciben con las manos abiertas. Ir a su encuentro para nosotros es una especie de acto de vocación de servicio, el sacrificio queda a un costado".
Además de sus cámaras de fotos y útiles que recogen de donaciones, a cada viaje llevan un verdadero tesoro: una impresora fotográfica que les obsequió una cooperativa. Con ella imprimen las fotos en papel que les regalan a las personas retratadas.
Además de sus cámaras de fotos y útiles que recogen de donaciones, a cada viaje llevan un verdadero tesoro: una impresora fotográfica que les obsequió una cooperativa. Con ella imprimen las fotos en papel que les regalan a las personas retratadas
Dicen que aún no lograron ninguna beca ni consiguieron ningún subsidio y que el límite que tienen, en efecto, es el económico. La logística es otro tema. Tardan menos en llegar a una provincia que trasladarse hasta las remotas escuelas, donde suelen vivir odiseas de entre seis y ocho horas. "Dependemos de alguien que nos vaya a buscar, porque lógicamente nos sentimos perdidos. Y ahí aparece la recepción gigante de los maestros, que por cuenta propia nos buscan. Una vez llegamos a una terminal de micros a la medianoche, a la dos de la mañana estábamos durmiendo en la casa de un maestro, y a la seis ya arrancamos para la escuela", explica Bernardo Greco. Otras veces duermen en escuelas o se hospedan en casas de familias.
La selección de los colegios rurales corre exclusivamente por su cuenta. Hacen una investigación previa, según cada provincia, de dos o tres escuelas que reúnen las características que les interesa: escuelas pequeñas, rurales, de no más de 30 alumnos. Y no llenan formularios burocráticos ni se dirigen a los ministerios de Educación. Privilegian el contacto directo con los maestros, que suelen responder a sus mensajes tres días después cuando pueden conseguir buena señal telefónica. Hasta ahora, dicen, no tuvieron jamás un conflicto sino todo lo contrario: las escuelas los reciben con globos, con carteles, con mate y pan casero.
"Por ahora vamos armando el cronograma según cada mes, pero queremos planificar de otro modo así llegamos mejor con las tintas y los papeles, y para eso necesitamos más apoyo económico. Otra cosa que incorporamos fue viajar con útiles, y antes de la primera fotografía les entregamos una bolsa a manera de reciprocidad. Lamentablemente las últimas veces fueron flojas las donaciones y no pudimos llevar para todos. Y además en el avión nos cobran sobre equipaje y no tenemos presupuesto", aclara Erica y en sus palabras se escucha cierta preocupación. "Somos de clase media y si no conseguimos más financiamiento, se nos cae".
A Bernardo le parece importante dejar en claro la transparencia del proyecto. "De entrada, a los maestros y a las maestras les mandamos una carpeta y les enviamos una autorización por mail para que todos los padres firmen las fotos que vamos a hacer. Buscamos ser directos y respetuosos". Erica agrega: "No tenemos una bajada de línea editorial, ni de una marca comercial ni una bandera política. Lo hacemos desde el corazón, con alegría, autonomía, nos gusta el trabajo con los nenes, la conexión con la naturaleza y la fotografía como documento social. Y lo principal es revalorizar la educación pública, que es la base de cualquier ser humano en la etapa fundamental de la escuela, que es donde formamos vínculos que son para toda la vida".
“No tenemos una bajada de línea editorial, ni de una marca comercial ni una bandera política. Lo hacemos desde el corazón, con alegría, autonomía, nos gusta el trabajo con los nenes, la conexión con la naturaleza y la fotografía como documento social”, asegura Bernardo
“No tenemos una bajada de línea editorial, ni de una marca comercial ni una bandera política. Lo hacemos desde el corazón, con alegría, autonomía, nos gusta el trabajo con los nenes, la conexión con la naturaleza y la fotografía como documento social”, asegura Bernardo
Ahora -dicen con orgullo- son las maestras las que escriben a sus redes sociales invitándolos a sus provincias. Reconocen que nunca antes habían trabajado con las escuelas pero sí les interesaba la imagen documental relacionada con la infancia. Cuando viajan, no llevan flashes ni luces adicionales: sólo emplean la luz natural. En los parajes rurales escasea la electricidad y predominan los paneles solares. "En una escuela de Misiones ni siquiera tenían los paneles y nos llevaron a otra para que hagamos el trabajo con los chicos", cuenta Bernardo.
Allí, en la tierra colorada, vivieron unas semanas dentro de la comunidad guaraní, a 40 kilómetros de la ruta. En otras provincias se habían contactado con pueblos originarios, como los Quilmes y Mapuches, pero nunca habían tenido una experiencia tan intensa. "Ellos viven de la caza y de la pesca, en la selva, con sus costumbres ancestrales –relata Bernardo-. Muchos chicos no conocen lo que es la fotografía en papel, más allá que todos tienen celular. Pero ese efecto que produce la impresión de la foto en vivo y en directo es inmenso. Se vuelven locos, hace un rato estaban sentados en un pupitre y de repente se ven sus caras en el papel. Se vive como una ceremonia".
Cierta tarde, en la comunidad guaraní de Misiones, un maestro terminó de dar una clase y se sacó el guardapolvo. Minutos después se puso un abrigo y tomó un rifle. En la otra mano, tenía un machete. "Voy al monte, a buscar algo para comer", les dijo. Bernardo y Erica creyeron que se trataba de otro hombre.
En su casa de La Plata, Bernardo muestra el diseño de una carpeta individual, de las que entregan a los chicos. Bajo el nombre de Memoria Escolar, en la contratapa dice: "Nunca voy a perder mis sueños, que es el único tesoro que tengo". Adentro van dos fotos: una individual y otra grupal. El poder de la fotografía, eso que parece un simple papel, se convierte para ellos en un ícono de memoria social que trasciende el presente inmediato. Erica dice que los nenes se enganchan y los terminan invitando a sus casas. "Y es hermoso cuando los padres nos reciben con un mate y hacen pan casero. Ahí se expande otro tipo de intimidad, que profundiza las relaciones y permite incluso que las fotos tengan otra calidad fotográfica".
La pareja fotográfica es consciente de que, aún con las mejores intenciones, desde la mirada occidental predomina una idealización del "buen salvaje". Además, cierta visión progresista cae en el lugar común de concebirlos como los pobres marginales que son las peores víctimas del capitalismo. Ellos asumen que muchas veces llegan acelerados, ansiosos por trabajar, y las comunidades les marcan otro tiempo.
"No decimos que son mejores ni peores que nadie, pero vemos a los chicos de estas comunidades como más respetuosos, alegres y a la vez tímidos, en sintonía con su medio. Pasan horas en la contemplación, en el silencio. Las comunidades tienen otro uso del tiempo, se sientan a escuchar, no se invaden, parecen tener otra calma con lo que los rodea. A nosotros nos reciben con generosidad, sin conocernos previamente, con buen ánimo. E intentamos poner en debate el concepto de pobreza y de dignidad. Esta idea que aún predomina de vivir en el campo, en relación directa con la naturaleza, donde no necesitan mucho del sistema. ¿Cuál es la pobreza? Son una especie de outsiders, viven de la cría de los animales, hacen pequeñas compras en los pueblos pero también tienen sus huertas, cuidan la ecología. Es algo para profundizar", piensa Bernardo.
Lo que sí se expande como una emoción colectiva es la sonrisa de los niños y las niñas cuando se encuentran con las fotos impresas. Suelen hacerse bromas y les agarra cierta vergüenza. "Es algo fenomenal, porque el verse reflejados en sus escuelas, en sus territorios, los cautiva, nos dan un abrazo, nos preguntan cuándo vamos a volver. Con el paso del tiempo, van a crecer y esas fotos cobrarán otro sentido en su comunidad", acota Erica.
Bernardo dice que, antes de despedirse de las comunidades, las familias les exhiben cómo colgaron las fotos en las paredes de sus casas. Algunos hasta les han ofrecido pagarles.
"Y eso que existe una suma de privaciones enorme, hemos visto chicas caminar cuatro horas hasta un pueblo para buscar una donación. Las ayudas que vimos son de las iglesias o de extranjeros filántropos. Hay una ausencia marcada del Estado, faltan políticas de desarrollo –concluye el fotógrafo-. Incentivar desde la formación, desde el estudio, para que las comunidades creen sus propias herramientas. Hay un déficit en el incentivo educativo, ojalá que a través de nuestras imágenes se pueda visibilizar la ruralidad desde una mirada auténtica y que se piense en la transformación social".

https://www.infobae.com/sociedad/2019/06/09/la-vida-por-una-imagen-el-proyecto-de-dos-artistas-que-viajan-por-las-escuelas-rurales-del-pais-para-difundir-la-fotografia/

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