Al colegio, en jeans

Lunes 26 de Agosto de 2019

 Hacia un uniforme sin género en las escuelas

Cada vez son más las escuelas que optan por ropa que no distinga entre géneros. Así, muchos le dicen adiós a las polleras, las corbatas y los clásicos blazers para agrupar al alumnado completo en prendas sin diferencias.

Un uniforme único para chicas y varones -o para jóvenes con la identidad sexual que cada cual autoperciba- parecía algo difícil hace algunos años atrás. Sin embargo, es un fenómeno que gana terreno entre colegios privados de diferentes regiones del país. En la Ciudad y el GBA, cada vez son más las escuelas que optan por ropa que no distinga entre géneros. Así, muchos le dicen adiós a las polleras, las corbatas y los clásicos blazers para agrupar al alumnado completo en prendas como jeans, chombas o joggins para todos y todas.
En tanto, un nuevo debate surge de la mano misma de los estudiantes, que plantean si esta medida es en pos de la equidad o si, en realidad, se adelanta a la posibilidad de que, por ejemplo, no sean sólo las chicas quienes luzcan una falda.
Este paso, pequeño pero importante hacia la igualdad de género en el ámbito educativo, es valioso también en el contexto de una crisis. En las familias donde hay más de un hijo, los hermanos pueden heredar la ropa del colegio sin importar si se trata de ellas o ellos.
Al fin y al cabo, el origen del uniforme en Argentina se dio con el guardapolvo en 1915 con el fin de evitar desigualdades. “En la escuela porteña Cornelia Pizarro del barrio de Recoleta, la maestra Matilde Filgueira de Díaz reunió a los padres para explicarles que la ropa de los estudiantes ponía muy de manifiesto la condición social y generaba divisiones. No se equivocaba: un simple vistazo permitía diferenciar a las chicas de buena posición de aquellas que provenían de hogares más humildes”, rememoró el periodista e historiador Daniel Balmaceda en Qué tenían puesto. La moda en la historia argentina (Editorial Sudamericana).
Vicki Freire, socióloga, feminista y coordinadora del Observatorio de Géneros y Políticas Públicas, cuestionó el uniforme completo en sí mismo, exceptuando el guardapolvo. “El uniforme que dictamina desde el color del zapato hasta el tipo de chomba no tiene la función de igualar a les estudiantes, sino de distinguirlos por ser de un colegio o tal otro”, aseguró. Sin embargo, destacó que le resulta “positivo que se estén discutiendo uniformes sin distinción de género. Sería realmente innovador que cada cual pudiera elegir las partes que quiera, por ejemplo: ¿podría en este esquema un chico que así lo quisiera ir en pollera a la escuela?, ¿una chica en short?, ¿un chique puede ir eligiendo cada día uno distinto?” Para ella, “la nueva generación de pibes y pibas está cuestionando todos los mandatos que heredaron, las formas de querer, de sentir y dar placer, de relacionarse, de cuidarse, y en eso entra también la vestimenta. En muchas escuelas se lograron reformular los códigos de vestimenta porque reproducen estereotipos para pibes y pibas. Es realmente impresionante la revolución que están haciendo a partir del despliegue del movimiento feminista en nuestro país”.
Ahora bien, ¿cómo se generan estos cambios? El profesor Christian Suárez, director del Nivel Secundario de la EAO (Escuela Argentina del Oeste), de Ramos Mejía, relató que cada año las autoridades se reúnen con los representantes de los cursos “para analizar cambios en las reglas institucionales” (esto incluye uniforme, uso de piercings y maquillaje, por ejemplo). “Creemos que todos nuestros jóvenes deben estar cómodos en la jornada escolar sin responder a un estereotipo social agotado en estos tiempos”, dijo el docente que destacó que el uso de un uniforme unisex se decidió desde los inicios del colegio, en 1990, cuando la idea aún parecía “innovadora”. Para Suarez, “en general, las escuelas recibieron con mucha responsabilidad los avances sociales referidos a la igualdad de género”; mientras que en el caso particular de la EAO, los profesores “buscan el contacto con los jóvenes, siendo estos últimos los protagonistas de los avances en tal sentido”.
Si bien el uniforme no es el punto central por el que madres y padres eligen el colegio de sus hijos, sí es una cuestión que los adultos destacan entre las características positivas o negativas de cada colegio. Sabina es mamá de dos nenas, de 3 y 5 años. Ambas acuden al Nuevo Guido Spano, en Recoleta, que tras ser recuperado se convirtió en una cooperativa de trabajo. “Van todes con el mismo uniforme en los tres niveles”, resaltó orgullosa la madre de Josefa y Antonia. La mujer hizo hincapié en la importancia de “dejar de poner la mirada en el rosa para nenas o el celeste para nenes; o las polleras para ellas y los pantalones para los varones”. En la escuela, además, implementaron dentro de las actividades físicas el fútbol femenino, además del masculino. “Tuvimos por primera vez la posibilidad de elegir qué deporte hacer de la oferta que nos brindan”, mencionó. Aunque las niñas aún son pequeñas y todavía no advierten ciertas diferencias con otras escuelas, “sí consideran que todos los sujetos tienen los mismos derechos, tanto de vestir como más te guste como de practicar el deporte que prefieras, independientemente de que seas varón o mujer”, dijo Sabina.

Antonia y Josefa.
Ileana, psicoanalista y madre de dos alumnas secundarias del Colegio Claret, en La Paternal, comentó que este año se decidió que todos los alumnos usaran jean y chomba. “Creo que el cambio respondió al pedido de los alumnos, por una cuestión de gustos y comodidad. La escuela hizo lugar al pedido y se aggiornó, eligiendo una prenda como el jean, que es universal y propiamente adolescente. Se eligió una prenda que reconoce la identidad adolescente pero que uniformiza, borrando las diferencias entre géneros. Ni varones ni mujeres, sólo un género”, sostuvo.
La psicóloga explicó que ahora, “un tema a debatir es cómo se expresan las diversidades de género en el ámbito escolar en lo que se denomina código de vestimenta, tanto en aquellas que utilizan uniforme como en las que no”. “No es lo mismo igualdad de género que uniformidad de género, queda silenciada la diferencia, no hay una expresión de género”, añadió.
Julieta, de 13 años, es la hija menor de Ileana. La chica consideró que el cambio de uniforme no contribuye a la igualdad de género: “Para mí, si una mujer quiere usar pollera porque se siente cómoda con eso, que la use; y si se siente cómoda usando jean, lo mismo”. Su hermana Agustina, de 16, opinó contrariamente: “Ayuda, ya que no divide ni establece que sólo las chicas usen pollera y sólo los varones usen pantalón, sino que todos podamos usar una misma prenda. Las chicas también podemos usar pantalón y seguimos siendo chicas (y los chicos también pueden usar pollera)”.
Melina, mamá de Magdalena y de Zoe (2 y 6 años, respectivamente), tuvo en cuenta el tema de la vestimenta a la hora de anotar a las niñas en el Instituto Ángel D'Elia, de San Miguel. Allí todos van con un mismo equipo de gimnasia, lo cual tanto a Melina como a su esposo les pareció “mucho más cómodo, dado que son chicos y les facilita la movilidad”. Para ella, sumó mucho que no obliguen a las nenas “a la vieja costumbre de polleras y vestidos, ni las priven de jugar o correr por miedo a que se les vea la ropa interior”.
Rocío, de 15 años, es alumna del Colegio de la Ciudad, en el barrio de Belgrano, donde directamente no se usa uniforme. La joven es contundentemente crítica de este tipo de vestimenta, ya que para ella, “el uniforme suele tratarse, casi sin excepción, de ropa absolutamente sexista y heteronormativa. Las nenas con pollera, los nenes con pantalón, el rosa y el azul, la dulzura y la fuerza que se convierte en sumisión, que se convierte en violencia, que refleja una división de género. Ahí es donde comienza el patriarcado, en donde aprendemos lo que está bien, lo que está mal y cómo tengo que ser: en la educación”. Rocío concluyó que es la eliminación de los uniformes lo que realmente contribuiría a la igualdad de género: “Empiezan por decirte cómo ir al colegio y terminan culpando a la ropa que tenías puesta si algo te pasa, porque los estereotipos de género que luego terminan provocando todo aquello contra lo que luchamos comienzan ahí, en la educación, porque una vez más, no nos dejan decidir”.

El caso de México
Los niños, pollera y las nenas, pantalón (si así lo quisieran). Así redobló la apuesta la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, hace unas semanas, cuando anunció la implementación del “uniforme neutro”, independientemente del género de los estudiantes; es para escuelas públicas y privadas en toda la educación básica (preescolar, primaria y secundaria) y tiene como objetivo alcanzar la equidad y la igualdad. La medida no ahorró polémicas: días después del anuncio, el secretario de Educación federal, Esteban Moctezuma, aseguró que la norma solo regía para las niñas.
Uno de los puntos que tuvieron en cuenta las autoridades mexicanas al resolver esta disposición fueron tanto la comodidad como al clima. “La falda no será exclusiva para las niñas ni el pantalón para los niños. Acciones sencillas para promover igualdad de derechos”, sostuvo Sheinbaum. En la misma línea, destacó: “Una mujer puede usar pantalón desde principios del siglo XX y eso no había llegado a las escuelas. Era importante terminar con esto de que las mujeres tenían que ir con falda a la escuela, aunque hiciera frío”.

Por: Guadalupe Rivero

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