¿Sobreproteger es desproteger?

Lunes 02 de Septiembre de 2019

El exceso de cuidado que debilita a los niños. Las inseguridades y miedos de los padres y sus consecuencias. ¿Cómo acompañar el desarrollo y la autoregulación de nuestros hijos sin descuidarlos? Recopilamos historias y opiniones de expertas.

Proteger de más. Cuidar demasiado y a destiempo. Temer y mirar lo que hacen los niños continuamente. Limitar, medir, coartar. No permitir explorar, ni probar, ni equivocar el camino. Responder por ellos. Prevenir  con miedo. Ante la pregunta, ¿qué es "sobreproteger"? aparecen múltiples asociaciones.
"Me parece interesante pensar qué entendemos, en tanto sociedad, por 'sobreprotección'. En mi opinión se da cuando los cuidados que son acordes una edad se recrean y potencian a lo largo de otras etapas en la vida del niñe, y de esta manera se impide un desarrollo y crecimiento (tanto en lo cognitivo como en la construcción de la personalidad y autoestima)", dice Paula T, mamá de Feli y de Leila. 
Pongamos algunos ejemplos que nuestra sociedad nombraría como sobreprotección:
- No permitirle a un niño caminar o moverse demasiado por miedo a que se lastime y golpee. 
- Hacerle toda la tarea para que no falle en la escuela.
- No dejarlo ir a un cumpleaños por miedo a que algo suceda.
- No permitirle caminar solo, ni trepar, correr y saltar cuando el niño lo demanda, ni comer por sí mismo, ni bañarse solo, cuando tienen edad para hacerlo.

El valiente testimonio de Carla L da cuenta de las consecuencias de este tipo de conductas: "Mi marido y yo sobreprotegíamos a nuestro primer hijo. Interferimos en su libre movimiento desde siempre, le poníamos almohadas para que no role 'por las dudas', siempre monitoreándolo de cerca en los juegos, siempre diciéndole 'cuidado que te podes caer o golpear', le mixeábamos la comida como hasta el año de edad por miedo a que se ahogue. Gracias a mucho trabajo cambiamos estas conductas con él, pero hemos marcado su personalidad. Es un poco miedoso e inseguro con todo lo que tenga que ver con las actividades físicas. Lamento mucho haber hecho eso e intentamos con todas las fuerzas no volver a repetir estas malas conductas con nuestros hijos. Ahora mi hija de 7 meses hace BLW (baby led weaning) y practicamos movimiento libre, y mi peque mayor va superando los miedos de a poquito con nuestra compañía pero sin interferir."
Desde los métodos tradicionales de tratar a los bebés y niños, los aportes de la crianza respetuosa podrían ser vistos como "sobreprotección", por eso hay que contextuar. ¿Lactancia hasta los 3 años? ¿Porteo de continuo? ¿Alzar al bebé de inmediato cuando llora? ​Ahora más bien aparecen como conductas que responden a una necesidad. El problema aparece cuando las conductas no responden a ninguna necesidad de los niños, sino a los miedos e inseguridades de los (ma)padres. 
"Cuando sobreprotegemos -comenta Fernanda P, mamá de una niña- es que no estamos mirando a nuestro hijo, ni sus necesidades. Estamos queriendo tal vez satisfacer nuestras propias exigencias de 'ser buena madre', 'dar lo que no recibimos'. Cada niñe es diferente y requiere algo diferente de nosotras. La sobreprotección puede ser a veces una violencia pasiva."
Según Melina Bronfman, especialista en desarrollo infantil, crianza respetuosa y fisiológica: "la sobreprotección no permite descubrir ni desarrollar el propio potencial porque es una interrupción sistemática de las acciones de la persona pequeña. El mensaje adulto es "no podés hacer nada porque no eres capaz de hacerlo ni de aprender".
Otro caso que contó Claudia S: "Yo lo veo desde afuera, en el caso de mi hermana. Ella tiene mellizos de 5 años, y considero que su sobreprotección no los ha dejado desarrollarse adecuadamente tanto en lo motriz como en otros aspectos. Son chicos que no saben caminar por la vereda porque la mamá los lleva siempre de la mano, no los suelta por nada (incluso cuando ellos piden a gritos que los suelten)."

De padres inseguros, niños controlados
Al parecer el miedo es el gran auspiciante de estas conductas por parte de los padres y las madres. Su propio lugar de cuidadores eficaces se pone en cuestión a cada momento, y no es raro que se despierte un instinto feroz de proteger a los hijos toda costa: que nadie lo toque, que no se caiga, que no lo molesten, que no le den de comer algo extraño. La burbuja de cristal uterina dura un tiempo, si dura demasiado, asfixia. 
Laura Lewin, consultora de instituciones educativas en Argentina y en el exterior, capacitadora internacional de Cambridge University Press y oradora TEDx, reflexiona sobre este tema: "Ningún padre quiere que su hijo sufra. El problema es que, cuando el adulto se preocupa excesivamente por él, le saca la posibilidad de desarrollar herramientas esenciales para poder hacerle frente a la realidad que le toque en el futuro. Cuando creemos que ellos no pueden por sí mismos, los despojamos del poder de decidir, de utilizar su razonamiento, de poder tomar decisiones. En vez de ayudarlos a crecer, los hacemos más chiquitos, y los niños terminan con más inseguridades, miedos, angustias, e incapaces de avanzar por sí solos. Y no solo eso: el padre y la madre también terminan agotados. No solamente viven su vida, sino también la vida de su hijo."
Muchas carencias afectivas propias de los (ma)padres se depositan en los niños, quienes se vuelven objeto de control, y se les quita su propio ritmo y potencia.
"Debemos brindarles a nuestros hijos las herramientas socio-emocionales que los ayudarán en su vida adulta: la resiliencia, la flexibilidad, el poder adaptarse, entre otras", continúa Lewin. "Los niños nacen con una motivación natural para explorar y aprender. Practiquemos el no estar pendientes de ellos en exceso, dejarlos explorar y equivocarse."
Ninguna madre mamífera en la naturaleza está más tiempo del necesario al lado de su cría. De otro modo, interferiría en el proceso de educación: el pequeño debe aprender a cazar por sí mismo, a esconderse de un predador, a comer alimentos adecuados. De lo contrario, ¡correría riesgo la especie! 

En su artículo "¿Los niños pueden autorregularse solos?", la especialista, tallerista y comunicadora en crianza consciente Yvonne Laborda, escribe: "La autorregulación es innata al ser humano. Pero en una sociedad tan programada y dirigida nos costará más conectar con nuestras verdaderas necesidades. En algunas familias hay mucho control, autoridad, limites, normas y rigidez. En estos ambientes la autorregulación va alterándose. El niño entonces tiene que ir adaptándose a unos ritmos que van muy en contra o están muy distanciados de su propio reloj biológico."
Pero, ¡no está todo perdido! Para que un niño se encuentre con su propia capacidad de autorregulación "tiene que estar absolutamente conectado con su ser esencial, con su alma y con su vivencia interior infantil. Los niños ya nacen seguros de sí mismos y conectados." No interferir en los procesos, es también una decisión. 

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